Pálpitos con fundamento

01.02.2016 | 00:36

Los ciudadanos estamos aprendiendo que la corrupción es un sistema de funcionamiento económico, político y social fuera de la ley, de la ética y de la moral y que, de suyo, tiende a dominar y produce una enorme desigualdad social, pobreza, dolor e incluso muerte en un creciente número de individuos y familias, con lo que daña gravemente y tiende a destruir nuestro sistema de vida y de convivencia en democracia, aun cuando se conserven formas democráticas aparentes. De hecho la crisis es el fruto de esa corrupción global que anida, sobre todo, en los mercados financieros que dominan el mundo de la economía y tratan de subyugar a los Estados y a los pueblos, es decir, a la política. Por eso la crisis afectó a los distintos países en la medida en que la corrupción estaba instalada en ellos. España es todo un ejemplo y todo el mundo reconoce que aquí los efectos de la crisis fueron mayores y más perversos que en otros países, justo porque la corrupción estaba mejor instalada especialmente en el llamado mundo del ladrillo, basado en las concesiones de obra pública y en los pelotazos urbanísticos, debidamente auspiciados por la normativa sobre el suelo, a su vez corrompida y promulgada desde la corrupción. Eufemísticamente se dijo que era el modelo productivo el causante de nuestro diferencial negativo en la crisis, pero la realidad es que de modelo nada tenía y de productivo menos. Era simplemente corrupción pura que, ¡atención!, de una u otra forma, nos alcanzó a todos porque, con las migajas de los grandes pelotazos que nos tocaban y en los primeros momentos vividos como si fueran de vacas gordas, ni siquiera la veíamos y por eso abiertamente se decía que en España el electorado no castigaba a los corruptos, dando la impresión de que aquí todos habíamos puesto las manos en ella, en la corrupción. Fueron los efectos desbastadores de la crisis, sobre nuestras propias vidas, los que nos abrieron los ojos. Es decir, que la crisis vino a ser como el fuego purificador de nuestra conciencia colectiva y el acicate que movilizó a lo que queda de sano en nuestras instituciones contra la corrupción . En fin, pueden ser hipótesis o solo pálpitos, pero quizá con mucho fundamento in re.

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