Santiago Posteguillo Escritor

"Los valores de Trajano podrían enseñar mucho a nuestros políticos"

"No puedes exigir austeridad si no das ejemplo" - "No hay novelas largas o cortas sino entretenidas o aburridas"

02.04.2016 | 02:51
Santiago Posteguillo.

Auténtico superventas de la novela histórica, el escritor Santiago Posteguillo publica La legión perdida (Planeta), con la que cierra su exitosa Trilogía de Trajano.

-Con las más de mil páginas de La legión perdida, la Trilogía de Trajano supera las 3.000 ¿Por qué siempre libros tan extensos?

-Es congruente con lo que intento hacer, un fresco de todo el reinado de Trajano. Pero una novela extensa no tiene por qué ser una novela pesada. No hay novelas largas o cortas, las hay entretenidas o aburridas. Y yo lo que pretendo a través de una constante variedad de relatos es hacer fresca la narrativa en su conjunto. Hay lectores que me dicen que ojalá mis libros tuvieran más páginas.

-El libro juega con dos líneas temporales (la de Trajano y la de Craso). Es una apuesta muy ambiciosa.

-Siempre juego con las estructuras narrativas en mis novelas. Aquí he usado un relato en dos planos temporales por necesidad dramática. No puedes decirle simplemente al lector que las tropas de Trajano tenían miedo a cruzar el Éufrates por el fracaso de Craso en Carrhae siglo y medio antes. Así no hay impacto narrativo. Había que contarlo para ver cómo Trajano aprende del pasado para corregir los errores que cometió Craso. Y sí, es una novela ambiciosa: hablo de Partia, de la Ruta de la Seda y se dan pinceladas del imperio chino y del imperio kushan. Ha sido un gran desafío narrativo y documental.

-La pérdida de siete legiones en la campaña de Craso contra los partos se produjo a mitad del siglo I a. C. ¿Tan marcado estaba ese fracaso en la mente de los romanos siglo y medio después?

-Le doy un dato objetivo: si 2.000 años después pervive en nuestra cultura la expresión "craso error", imagine en Roma solo 150 años después de los hechos y en el marco de su propia civilización. Para Roma era un síndrome, algo así como su Vietnam.

-Se le conoce por su rigor histórico, ¿cuánto de ficción hay en sus novelas?

-En la clase de novela histórica que yo hago (no digo que sea la mejor), los personajes principales y la ambientación son históricos, tomados de las fuentes clásicas. Luego hay partes privadas de las que sólo se conocen apuntes y es tarea del autor recrearlas. También hay vacíos donde los historiadores barajan distintas posibilidades, como el destino final de la legión perdida. Yo me decido por una (la más fascinante, que dice que pudo acabar en China) y la novelo. Puede ser ficción o no. Eso lo dirán quizás las investigaciones futuras.

-También le gusta crear personajes de las clases populares.

-Esta no es una novela social, pero sí tengo preocupación por reflejar no sólo a las clases sociales más elevadas, que son las que más influyen. Por eso introduzco como personajes a legionarios de combate, a un gladiador y a su familia, a un comerciante... Todo eso te hacer ver cómo el enfrentamiento entre las grandes familias imperiales afectaba al ciudadano de a pie.

-Sus libros presentan a Trajano como un gran emperador. ¿El mejor que tuvo Roma?

-Digo lo que el Senado romano comenzó a decir a cada nuevo emperador después de la muerte de Trajano: "Que seas tan afortunado como Augusto y tan bueno como Trajano". Ellos sabrán por qué lo hacían. Es claramente un reflejo de que su gobierno fue muy bueno.

-¿Y consiguió todo lo que se propuso?

-Su sueño era conquistar Partia y parte de la Ruta de la Seda. Eso lo consigue pero le fallan las fuerzas y le sobreviene la enfermedad sin poder resolver el tema de la sucesión. Ve cómo Adriano va tomando el poder y deshaciendo sus sueños. Es un final dramático pero es el que hubo.

-¿Habría cambiado la Historia si su legado hubiera perdurado?

-Es el eterno debate. Si Trajano hubiera conseguido que le sucediera Lucio Quieto, como era su deseo, quizá Roma habría conservado más tiempo esas provincias y esa parte del mundo hubiera evolucionado más tiempo a la par de Europa. Hablo de una ucronía, pero podría ser otro mundo. Lo importante es que Trajano tenía un plan para la posguerra, algo que 2.000 años después los norteamericanos no tuvieron, por ejemplo, en la Guerra del Golfo. No puedes llegar a un territorio, ponerlo todo patas arriba y luego irte.

-¿Tendría algo que enseñarnos hoy día Trajano como gobernante?

-Muchísimas cosas. Que no puedes exigir sacrificios o austeridad si tú mismo no das ejemplo, que no puedes llenarte la boca diciendo que vas a luchar contra la corrupción si no obligas a los corruptos a devolver el dinero... Trajano lo hacía y eso que no era una democracia sino un Imperio. Y aunque tenía un poder autocrático, no se saltaba al Senado y pactaba las decisiones de poder exterior. También pactaba incluso con sus enemigos para evitar guerras. Me duele dejar a este personaje, con el que he estado siete años de mi vida, y encontrarme con una casta de políticos que están cobrando sus sueldos sin hacer su trabajo. Llevamos 100 días sin Gobierno y el espectáculo es para llorar. Yo haría una ley para que los políticos no cobraran mientras no hubiera Gobierno. Sin duda alguna, los valores de Trajano podrían enseñar mucho a nuestros políticos.

-Por contra, caracteriza a su sucesor, Adriano, como un intrigante, muy distinto al que nos legó Marguerite Yourcenar en sus Memorias de Adriano.

-Yourcenar dejó una gran novela. De un personaje tan complejo como Adriano se pueden hacer muchas representaciones pero la suya era muy parcial. Adriano ordenó matar al arquitecto Apolodoro de Damasco solo por reírse de unos planos, maltrataba a su mujer, ejecutó a senadores y era tan caprichoso que llegó a sacarle los ojos a un sirviente. Gastó el dinero público no en edificios públicos, como hizo Trajano, sino en palacios para él. Luego era inteligente, astuto y culto. Dio un golpe de Estado y le salió bien.

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