Carlos Magdalena Conservador del Kew Gardens en Londres

"Ser jardinero en Gran Bretaña te da un alto estatus; en España, ninguno"

De padre gallego, este rescatador de numerosas especies en extinción es internacionalmente conocido como el 'Mesías de las plantas'

13.05.2016 | 02:34
Carlos Magdalena, con nenúfares que recolectó en Australia.

A Carlos Magdalena no le agrada mucho que le llamen el Mesías de las plantas. Sin embargo, este gijonés de padre gallego, que trabaja como conservador en los Jardines Reales (Royal Botanic Gardens) de Kew, en Londres, se ha ganado a pulso un prestigio internacional tras rescatar diversas variedades de plantas de la extinción, sobre todo nenúfares, que son su especialidad.

-El nenúfar enano ugandés fue su primer tesoro rescatado, ¿cómo sucedió?

-A mí las cosas fáciles no me atraen, así que cuando me hablaron de un nenúfar que no se podía reproducir, me volqué en él. Probé cientos de cosas y la mayoría no funcionaron. En Kew Gardens me miraban como si estuviera loco... Pero al final lo conseguí. El nenúfar enano ugandés crecía hasta hace unos años en estado silvestre en Mashyuza, en el suroeste de Ruanda. Su descubridor, Fischer, logró preservarlo en el jardín botánico de Bonn, y gracias a un intercambio de plantas llegó hasta los invernaderos tropicales del Kew. Llevaban más de veinte años intentando en Alemania su propagación, pero no lo conseguían.

-¿Y cuál fue su secreto?

-Fui a visitar la zona natural donde crecen y vi que no era un estanque sino una manantial en el que los niveles de agua subían y bajaban constantemente. Ahí estaba la clave. Normalmente, los nenúfares se cultivan en el fondo del agua, pero en este caso la planta germinaba pero luego se debilitaba y no llegaba a florecer. Me di cuenta de que no lograba retener el dióxido de carbono y se me ocurrió que necesitaba una mayor exposición al aire, manteniendo siempre una parte sumergida para conservar la humedad. Así fue cómo floreció en cuestión de dos o tres meses. Lo curioso del caso es que, cuando lo conseguí, nos dijeron que había desaparecido de la zona de Ruanda de donde procedía, por lo que nuestros ejemplares eran únicos.

-Debe de ser una enorme satisfacción.

-La verdad es que cuando el proceso es largo y al final consigues lo que buscas es muy emocionante, un subidón tremendo. Sientes una especie de responsabilidad, parecida a la de tener un hijo.

-No hay mucha gente, al menos en España, que se emocione tanto con las plantas...

-No, y es un gran error porque son lo más importante que tenemos. Proteger a las plantas es proteger al resto de las especies y debería preocuparnos tanto su conservación como el cambio climático.

-Ser jardinero en Londres no tiene mucho que ver con serlo en España...

-Nada que ver. En España es como ser peón, cuando aquí, en Gran Bretaña, tiene un elevado estatus y hasta al príncipe Carlos o a la Reina les gusta salir en los medios plantando plantas o, incluso, patatas. En lo que sí se parecen el norte de España y Gran Bretaña es en el clima, que en ningún momento del año es extremo y no suele haber problemas de agua, por lo que ambas zonas son muy buenas para el cultivo de plantas.

-¿Y cómo llegó usted al prestigioso botánico de Kew Gardens, uno de los más fascinantes del mundo?

-En España estudié hasta COU y no encontré ninguna carrera que se ajustase a mi gusto por la biodiversidad de las plantas, ni siquiera Biología. Llegué a Londres a los 28 años por una serie de acontecimientos que se precipitaron: mi padre murió, mi novia me dejó y yo quería aprender inglés y me dije 'si no lo hago ahora no lo hago nunca'. Me vine a Londres en 2001 y me puse a trabajar en hoteles. Un día me acerqué a Kew Gardens y me dije: yo tengo que trabajar aquí como sea. Empecé como voluntario y, poco a poco, fueron valorando mi labor y me ofrecieron un trabajo, que compaginé con los estudios de Botánica.

-¿En qué momento descubrió su pasión por las plantas?

-Desde niño siempre me cabreaba muchísimo cuando escuchaba que una planta o un animal estaban en peligro de extinción o ya había desaparecido. Me miraban un poco como a un bicho raro, pero es que yo crecí entre plantas porque mi madre tenía una floristería y mi padre unos centros de jardinería y sentía que era mi verdadera vocación.

-La recuperación de la especie 'Café Marrón' reforzó su fama de explorador botánico. ¿Cómo fue este caso?

-Quedaba solo una planta y llevaba como treinta años sin producir semillas; podía propagar esquejes, pero genéticamente siempre era la misma planta. La llamaban el muerto viviente y en Kew Gardens ya la habían dado por perdida. Estaba en uno de los viveros en los que yo trabajaba y me empeñé en conseguirlo.... y finalmente, tras muchas pruebas, logré sacar las semillas.

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