Rody Aragón Payaso, humorista y presentador

"Los niños tienen hoy una agilidad mental que nos obliga a trabajar a otro ritmo"

"Sabes que eres el hijo de Fofó y el sobrino de Gaby y Miliki, así que cuando salgo a escena me digo que estoy obligado a hacerlo muy bien y seguir todos sus consejos"

23.07.2016 | 01:05
Rody Aragón, vestido igual que su padre, Fofó.

Heredero de una larga y fecunda tradición circense que custodia desde el respeto, Rodolfo Aragón Sac (La Habana, 1958), conocido popularmente como Rody Aragón, dejó un día de pilotar aviones comerciales y les dijo a los suyos (a su padre Fofó, y a sus tíos Gaby y Miliki) que lo suyo también era hacer reír. Lleva en su ADN la pista de circo: siete generaciones de payasos, una tras otra. Se puso por primera vez delante de una cámara al cumplir los diez años. Y en 1981, cuando su primo Emilio Aragón dejó el programa El gran circo de TVE, pasó a hacer El loco mundo de los payasos. Y ahí ha estado desde entonces. Ha sido también presentador de televisión. Mantiene viva la llama de los Aragón, una de las familias más populares y queridas de España. Su última aventura está en el musical Los payasos de la tele. Dice que tuvo a los mejores maestros.

-Empiezo con una variante de la pregunta que repetían los legendarios payasos de la tele: ¿Cómo está usted?

-Muy bien. Lo que hago ahora en este espectáculo es buscar la participación de toda la familia: niños y padres salen conmigo a la pista, cantan y concursan. Así que estoy muy feliz. Influye que los padres de ahora son los que veían a Gaby, Fofó y Miliki cuando eran niños. Así que van con sus pequeños a recordar aquellas tardes de televisión.

-¿Qué supone ser payaso de circo en 2016?

-A veces voy en el coche y lo pienso. Con los cambios que hemos vivido, la verdad es que suena extraño decir que eres payaso. Pero yo siento mucho orgullo. La gran satisfacción de esta profesión, que es muy dura, está en hacer felices a los demás. Viajas mucho y estás sin ver a la familia; ahora bien, cuando acaba el espectáculo y ves que los niños te abrazan, la satisfacción es tan grande que merece la pena continuar esta tradición. Mi hermano, mi primo (Emilio Aragón) y yo hacemos la séptima generación de payasos. En realidad, yo soy piloto comercial, pero lo dejé por seguir esta tradición familiar.

-¿Cómo pesa el pertenecer a una familia que todos identificamos con esa gran tradición del circo? ¿Una responsabilidad?

-Efectivamente. Sabes que eres el hijo de Fofó y sobrino de Gaby y Miliki, así que cuando sales a un escenario estás obligado a hacerlo muy bien y a seguir todos los consejos que te dieron. Es una presión, pero buena, porque hace que quieras superarte. Y hay un lado humano, el de la calle, donde percibes mucho cariño. Te dicen que perteneces a una familia entrañable que los ha hecho felices. Todo eso es muy bonito. Hay siempre una persona que se te acerca para expresarte ese cariño. 'Sois historia viva de este país', me han llegado decir. Me siento orgulloso de todo eso.

-¿Los niños ríen de manera distinta de una generación a otra?

-Las canciones siguen sonando igual de bien, pero hay cosas de la comedia que hemos tenido que variar o anular directamente porque son de hace cuarenta años. Otras aún funcionan perfectamente, tal cual como lo hacían nuestros padres. Lo que sí hemos tenido que cambiar, y mucho, es el ritmo de la actuación. Veo los programas de la tele que hacían mi padre y mis tíos y me digo que trabajaban muy tranquilos. Eso hoy es imposible. Los niños de ahora tienen una agilidad mental que nos exige trabajar a otro ritmo. Son muy rápidos, así que nos hemos adaptado.

-Un cambio importante...

-Sí, lo notamos, pero es normal. Lo hemos comentado muchas veces en la familia: te obliga a superarte.

-¿Qué quería ser de niño?

-Tenía un camino, que era el de concertista de guitarra. Me gustaba mucho. Lo dejé para dedicarme al espectáculo. Estuve diez años como presentador en televisión, fuera del mundo de la familia. Y durante siete años fui piloto comercial. Lo dejé todo por continuar una tradición familiar que me llena y gusta. Nunca me he arrepentido, y eso que la profesión de piloto es muy bonita. Si te cuidas es tranquila, una cosa segura.

-¿Es más seguro ser piloto comercial de una línea aérea que payaso de circo?

-Sin duda. Tengo amigos que son aún pilotos y lo hablamos cuando quedamos para comer o cenar. Siempre me hacen la misma pregunta: '¿Y ahora qué vas a hacer?'. Es una pregunta que yo no les puedo hacer, porque ellos van a seguir volando. En lo mío tienes que estar pensando continuamente en lo que te vas a inventar o cómo te irá la gira de tu espectáculo. Hablo de estabilidad vital.

-¿Se están perdiendo las grandes tradiciones circenses?

-Hay una transformación muy importante del mundo del circo, y cada vez más. En España son cada vez más las ciudades que no quieren circos con animales. Es un complicación, claro. Hubo siempre personas que han rechazado los circos con animales, pero ahora esa sensibilidad se ha agudizado con las redes sociales. En cuanto hay quejas, todo se multiplica. El mejor circo del mundo, que es el Circo del Sol, sólo quiere artistas, no animales. Y la fórmula funciona de maravilla. Es una tendencia creciente. Hay, sin embargo, algo curioso: mucha gente que va al circo quiere ver animales. Pasa igual que en el mundo de los toros.

-¿Sigue enfadado con su hermano Fofito?

-No, estamos muy bien. Hizo una gira con su hija Mónica y luego se incorporó a nuestro espectáculo. El problema es que le salió un contrato fuera, en Puerto Rico y en Miami. Cuando no estamos juntos es por los contratos. Siempre retomamos y volvemos. En cuanto podemos, nos volvemos a juntar.

-¿Qué es el espectáculo Los payasos de la tele?

-Es un compendio de las canciones más recordadas que hacían Gaby, Fofó y Miliki. Recuperamos también un concurso y yo algunos sketchs nuevos.

-¿La larga crisis económica ha influido también en el deseo de reír de los españoles? ¿Ha tenido una traslación en la taquilla?

-Sí se ha notado, bastante. Aunque también es verdad que, en las épocas de crisis, la gente anda desanimada y busca una bomba de oxígeno; quiere entretenerse, pasarlo bien. Todos los padres, y yo lo sé porque tengo un enano de 8 años, queremos que nuestros hijos no sufran, no se den cuenta de nada. Haces un esfuerzo para que se diviertan. El público español ejerce mucho ese cariño hacia los niños. Es algo que se nota. Y esa actitud es la que ha permitido salvar un poco los espectáculos.

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