Lucía Álvarez-Buylla Psiquiatra de niños y adolescentes

"Los niños de hoy representan la culminación narcisista de los padres"

"Los niños que sufren un trauma generado por el nacimiento de un hermano pequeño jamás hablan de ello"

25.08.2016 | 00:48
Lucía Álvarez-Buylla.

-¿Cuáles son los trastornos psiquiátricos más comunes en niños y adolescentes?

-Lo más frecuente en los niños es el trauma generado por el nacimiento de un hermano pequeño. Muchas veces esta situación pasa desapercibida, es una especie de herida narcisista que sufre el niño mayor, que no entiende lo que ha sucedido. Para los niños tener un hermano pequeño significa que sus padres no le quieren y que le han tenido que sustituir por otro. El problema es que los que sufren este trauma jamás hablan de ello.

-¿Pasa desapercibido?

-Los padres no se enteran, probablemente porque ellos a su vez han tenido hermanos de pequeños y han tenido que vivir con la misma sensación. Yo veo a muchos adultos cuyo problema es que han tenido un hermano cuando eran pequeños y no han sido capaces de superarlo. No son cosas graves, pero a veces eso lleva a depresiones. Ahora está de moda diagnosticar a los niños el síndrome de déficit de atención e hiperactividad pero eso no es un diagnóstico psiquiátrico, es un síntoma que acompaña a diversos casos clínicos. La hiperactividad puede llegar por el nacimiento de un hermano o por la dificultad de separarse de los padres. Hacer un diagnóstico de hiperactividad es erróneo, no existe como tal. Lo que hay que hacer es ver de dónde viene esa hiperactividad.

-¿Y por qué dice que ese trastorno está de moda?

-Porque es el diagnóstico más frecuente hoy en día. Los niños presentan casi siempre los mismos síntomas independientemente de la gravedad del cuadro clínico que sufran. Hay que tener en cuenta que un niño tiene un reducido abanico de expresiones. Si tiene un problema lo expresa moviéndose, pero que se mueva no es el problema. Lo que hay detrás es lo que da la gravedad del caso. Un niño puede ser hiperactivo, pero lo es secundariamente como consecuencia de algo que hay que tratar.

-Casi el 80% de las chicas de entre 14 y 18 años que acuden al psiquiatra en España lo hacen por trastornos alimentarios.

-Ésa es otra historia como la de la hiperactividad. En la adolescencia es relativamente frecuente tener trastornos de alimentación, pero el 95% de los casos -por dar una cifra- no son anorexias ni bulimias. Es, sencillamente, la forma que tienen las chicas de expresar la incomodidad que sufren a esa edad con su cuerpo. La mayoría de las veces los trastornos alimentarios significan que la chica está teniendo problemas con su madre, que no se acepta físicamente o que tiene mucho miedo a la sexualidad y a no ser aceptada por el sexo contrario. Suelen ser síntomas transitorios sin importancia. Un porcentaje mayoritario de las chicas que consultan por problemas de alimentación en la adolescencia tienen un problema detrás que manifiestan dejando de comer. Un tanto por ciento pequeño de las pacientes presentan anorexia, pero esta enfermedad es tan "rara" como la esquizofrenia.

-¿De qué otros problemas hablamos en el caso de los varones en la adolescencia?

-Llegan muchas más chicas que varones a la consulta. Los chicos tienen normalmente problemas con el padre en el proceso de identificación masculina que tienen que hacer para luego poder separarse y empezar a funcionar independientes. Las patologías que más se dan en adolescentes son las de padres que no permiten que los hijos los superen. Los hijos siempre acaban ganando a los padres y a la larga hay hombres a los que les cuesta aceptarlo. Otros son excesivamente exigentes con sus hijos. El momento de separarse de la madre para los chicos también es duro y se traduce muchas veces en trastornos del aprendizaje.

-¿Es el fracaso escolar?

-Efectivamente. Y tiene que ver con la asociación que hacemos en la cabeza de que saber de los libros es, al final, saber de nosotros mismos. Los chicos no quieren saber nada de lo que hay en los libros porque no quieren pensar en lo que les sucede y eso lo usan como forma de protestar contra sus padres o sus hermanos. No poder pensar es, para ellos, atacar a su cabeza. Es así cómo se rebelan. La mayor parte de las veces es una rebelión inconsciente. En las chicas los trastornos más importantes en la adolescencia tienen que ver con las conductas promiscuas, los embarazos no deseados o la adicción a las drogas. Pero eso son casos poco frecuentes.

-¿Cuáles son las claves para una buena adolescencia a los chicos?

-Para tranquilidad de los padres hay que decir que el 95% de los jóvenes que han tenido una adolescencia horrorosa y que les han hecho la vida imposible a los padres acaban normalizándose completamente una vez acabada esa etapa tan convulsa. Si los niños han vivido dentro de un sistema familiar que les ha inculcado principios éticos por los que regirse y se han sentido queridos, acabarán convirtiéndose en personas de provecho en cuanto acabe la adolescencia, por mucho que los padres se hayan confundido. Hay que pasar el trago. El problema es que los adolescentes se ponen muchas veces en situaciones de riesgo. Un niño que podría normalizarse después de esta etapa puede sufrir muchos problemas si en la adolescencia ha empezado, por ejemplo, a consumir estupefacientes. Los padres tienen que estar atentos para que su hijo no se meta en dificultades que luego le marquen toda su vida.

-¿Nacemos ya con conductas intrínsecas a la personalidad de cada uno?

-Tenemos unos genes, eso es innegable, y en virtud de ellos no todos tenemos la misma predisposición para la vida. Pasa lo mismo en el plano físico. Cuando enfermamos, a cada uno nos duele una parte del cuerpo. Es cierto que sobre eso se añaden otra serie de factores como la educación o la alimentación. En cuestión psicológica es importante lo que los padres hacen con los hijos queriendo y lo que hacen de forma subconsciente. Muchas veces influyen en los hijos a través de lo que ellos vivieron y transmiten valores que desconocen. Puede que una persona que ha perdido a un hermano mime demasiado a su hijo sin darse cuenta, como consecuencia de su experiencia.

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