Andy Stalman Analiza en 'Humanoffon' cómo internet cambia a los seres humanos

"Hoy en día hay de todo y en abundancia"

"Estamos dominados por el odio y el miedo" - "El mundo precisa creatividad y confianza"

03.09.2016 | 01:45
Andy Stalman.

La era posdigital estará dominada por las emociones, anuncia por sorpresa Andy Stalman (Buenos Aires, 1969), experto en branding y marketing que se lanza ahora sin complejos a analizar cómo internet está cambiando a los seres humanos. Y lo hace en Humanoffon (Deusto), un libro que diagnostica una realidad offon sin fronteras con la oxitocina integrada ya en las relaciones digitales. Stalman, de origen judío, avisa no obstante del riesgo de vivir en un mundo a dos velocidades: la de los que se han instalado ya en el siglo XXII y la de los autores de atrocidades propias de la Edad Media. Para cuadrar este círculo Stalman apuesta por los abrazos que en su opinión dan sentido a la vida.

-Señor Stalman. ¿Cuál ha sido la reacción más llamativa que ha producido su último libro Humanoffon?

-La de un amigo que me dijo que tras leerlo se había dado cuenta de que aunque Dios es importante, las respuestas a nuestras dudas e incertidumbres siempre están en nuestro interior y no en el cielo.

-¿A qué gran conclusión ha llegado en su particular reflexión sobre las turbulencias que vivimos en una actualidad que cambia de forma tan acelerada?

-Veo que vivimos a dos velocidades. Por una parte están los investigadores del MIT en Boston hablando del siglo XXII y por otra los fanáticos del ISIS cometiendo barbaridades propias de la Edad Media. Hay que tomar conciencia de esta situación y tratar de que el mundo vaya a la misma velocidad, no frenando los avances, pero ayudando a los otros a que entren en esa era de progreso para acabar con la barbarie.

-Parece que internet es el problema o la causa que conduce a la crisis a numerosos sectores. ¿Es también la solución?

-No podemos otorgar a internet un papel que no le corresponde. Los problemas y las soluciones empiezan y acaban en el ser humano. No podemos pedir a internet que soluciones nuestros problemas.

-¿Pero nos está cambiando internet como seres humanos o no?

-Lo que ha acabado es con esa separación entre offline y online. Ahora se busca trabajo, se compra y se liga tanto off como online. Esto es un desafío porque estamos empezando a vivir entre dos mundos que ya es solo uno y nos hallamos llenos de incertidumbres.

-¿A qué tipo de revolución nos conducen internet y las redes sociales?

-La revolución posdigital es la de las emociones. Todo va a estar regido por las tecnologías, excepto las emociones.

-Pero ya se está tratando de dotar de emociones a las máquinas, ¿no?

-Y me parece muy inquietante. Si tienes en casa a un robot que siente como un humano me pregunto: ¿puedes ser dueño de alguien que siente? Porque de ser así volveríamos a la esclavitud, esta vez de los robots. En Corea del Sur ya se debate la redacción de una constitución que de derechos a los robots.

-¿En qué consiste la Era de la Abundancia que nos anuncian?

-Hoy en día hay de todo y en abundancia. Hemos dejado de dar valor a las cosas, a las personas y a las experiencias. Ante tanta abundancia, ¿qué va a pasar? Yo pienso que tras un periodo de implosión, la gente volverá a querer reconectarse con lo esencial y es ahí donde encajo la revolución de las emociones.

-¿Por qué es tan necesario el alimento emocional?

-Porque los seres humanos somos lo que sentimos.

-Pero es en todo caso un bien escaso en esa supuesta abundancia?

-Pues sí. No veo a gente por la calle de la mano ni a parejas que se besen. Nos hemos vuelto insensibles a las emociones. No hay nada como un abrazo o el que te digan te quiero. Eso es lo que da sentido a la vida.

-¿Podrán los contactos a través de las redes sociales sustituir a los abrazos físicos?

-Algunos parece que ya lo han hecho y se sienten más felices por los likes que reciben de desconocidos que ante un abrazo. La oxitocina del mundo físico empieza a aparecer en el mundo online.

-¿Cómo cambia nuestras vidas la era digital?

-Han cambiado dos conceptos: el tiempo, que hoy es instantáneo, y el espacio, que ya no existe como distancia.

-¿Cómo será ese nuevo ser que están creando las emociones humanas interconectadas a través de internet?

-El nuevo ser tiene que aprender a vivir con naturalidad en los dos mundos: el offline y el online. Hoy en día existen dos emociones que dominan el mundo: el odio y el miedo. En el futuro tendríamos que ser capaces de sustituir esos sentimientos porque el mundo necesita de creatividad y de confianza. Esas son cualidades propias del ser humano.

-¿Qué le dicen los que ven el futuro poblado por superseres?

-Eso es en parte el transhumanismo que se abre en un escenario de la ciencia. Lo que me da miedo pensar es que en el futuro existan dos categorías de seres humanos: los superhombres capaces de pagarse tratamientos para ser prácticamente inmortales y los pobres que no se los puedan pagar. ¿Es esa la sociedad que queremos? ¿Merece la pena matar a la muerte?

-¿Merece la pena?

-¡Qué pereza! No me imagino lo que se puede hacer si uno vive 200 años como dicen en la Singularity University de Silicon Valley. Lo finito es lo que da razón a toda la existencia y es lo que nos permite valorar la vida.

-Si vamos hacia una sociedad de superseres, ¿dejaremos de ser tan humanos?

-Lo que tenemos que saber es qué nos conviene más: imponer la emoción o el algoritmo. No hay que olvidar además que a las máquinas las cargamos con los conocimientos que tenemos nosotros. No quiero ni pensar qué pasaría si uno de esos robots es cargado con una inteligencia humana perversa.

-Dice usted que la vida cobra sentido cuando se comparte, ¿qué tipo de sociedad estamos creando?

-La tecnología nos acerca a los que tenemos lejos y nos aleja de los más cercanos. No entiendo esa necesidad de estar permanentemente conectado al chupete electrónico.

-¿Conseguirá la Californian Life Company (Calico), filial de la Singularity, mejorar la especie humana?

-En eso están, pero desconozco si lo que quieren es una mejora física o del cerebro porque el desafío más grande al que nos enfrentamos es el de descubrir el funcionamiento del cerebro humano. Creo que el cerebro es el último reducto de nuestra intimidad. No me gustaría que la gente supiese lo que estoy pensando en cada momento.

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