Ana Rosa Linde Investigadora en la Universidad de Massachusetts, trabajó con Satoshi Omura, Nobel en 2015

"El zika está obligando a las mujeres a hacer renuncias tremendas"

"Se han reducido las alertas, pero es una falsa calma, se espera que el virus resurja en los próximos años"

23.08.2017 | 00:48
La científica Ana Rosa Linde.

El estudio del zika y su efecto sobre las mujeres, no solo clínico sino también social, está ocupando el tiempo de la investigadora española Ana Rosa Linde desde septiembre del año pasado. Desde Boston está llevando a cabo una investigación con las mujeres como protagonistas para darles visibilidad ante un virus, transmitido por la picadura de un mosquito, que les está afectando directamente y, especialmente, a su maternidad. Sin embargo, a ojos de Linde, su impacto está pasando desapercibido.

Anteriormente, Linde trabajó en el Instituto Kitasato (Japón) en la investigación de enfermedades tropicales desatendidas, junto al profesor Satoshi Omura, reconocido con el premio Nobel en 2015.

-¿Cómo avanza su estudio sobre el zika y las mujeres?

-En septiembre del año pasado comencé a concretar la propuesta que tenía, e inicié un trabajo de investigación en el que decidí hacer un estudio cualitativo del impacto del zika en las mujeres, en su vida cotidiana. El título de la investigación es La vida de las mujeres en el tiempo del zika. Seleccioné un grupo de mujeres que estuvieran en edad reproductiva y cuya vida estuviera condicionada directa o indirectamente por el zika, no hacía falta que lo hubieran sufrido, solo que estuvieran bajo su influencia. Así, entrevisté a mujeres de Boston, Brasil, Miami, Puerto Rico, Islas Barbados y Washington. Todas tenían en común que el zika les había afectado en algo. Me quedé muy sorprendida con los resultados, son impresionantes porque vi que tiene un impacto a niveles increíbles, sobre todo en mujeres que se quieren quedar embarazadas y deciden hacer unas renuncias tremendas.

-¿Por ejemplo?

-Entrevisté a una mujer que es periodista y le habían ofrecido ser la coordinadora de la información de su cadena en Estados Unidos para los Juegos Olímpicos en Brasil. Ella no estaba embarazada, pero renunció a esa oportunidad por el zika. Ahí te das cuenta hasta qué punto un virus puede condicionar decisiones de toda índole. Es algo silencioso, pero que está ahí, las mujeres tienen esta preocupación y nadie está centrándose en ellas. En Río de Janeiro o Miami las mujeres embarazadas salen a la calle tapadas completamente o directamente no salen, renuncian a practicar deporte al aire libre, piden una excedencia en el trabajo o trabajan desde casa. También es común que se llenen de repelente. Arrastran un fuerte sentimiento de responsabilidad y culpabilidad, creen que si les pica un mosquito es culpa de ellas y sienten un desamparo muy grande porque no saben cómo protegerse en un país tropical, e incluso llevan botas tejanas. Además, la solución que ofrecen las instituciones es recomendar que no se queden embarazadas, en lugar de preocuparse por políticas de saneamiento que puedan atajar el problema. Así, muchas mujeres decidieron no tener más hijos o ni siquiera tener el primero por el zika. Es terrible porque tienen que adaptar su plan de maternidad al ciclo vital de un mosquito.

-¿Cuál es el objetivo de la investigación?

-Quiero divulgar lo que está pasando con las mujeres porque vi que no estaba documentado, darles voz. Pero también vamos a elaborar teorías y sistemas de ayuda a las políticas públicas, pautas para asesorar a las políticas sobre la presencia del mosquito y el zika.

-Este año no hay alertas del zika, ¿en qué situación está?

-No se está hablando mucho sobre él y se han reducido las alertas, pero estamos ante una falsa calma. Si se tiene en cuenta el ciclo del mosquito, se espera que vuelva a surgir en los próximos años, aunque ahora esté en un impasse. No obstante, la paranoia entre las mujeres existe a día de hoy.

-Se estaba trabajando en vacunas, ¿se ha avanzado?

-Está avanzando, aunque hay varios problemas. Uno es el diagnóstico, los síntomas son muy similares al dengue y el chinkungunya, y lleva tiempo detectarlo. A una chica embarazada de cinco meses le tardó un mes el diagnóstico, es un estrés añadido. Por eso ahora se está trabajando en la elaboración de test rápidos y eficientes. Además, se están estudiando medicamentos existentes, ya aprobados, que puedan ser compatibles porque, si no, el proceso de aprobación de uno nuevo es muy largo.

-¿Cómo ha vivido la llegada de Trump a la Casa Blanca?

-Vivo en Boston y allí son fundamentalmente demócratas, por lo que les pilló a todos por sorpresa. El día siguiente de las elecciones era como si estuviéramos de luto e incluso la responsable de las escuelas públicas mandó un escrito en el que anunciaba que se ponían a disposición de niños e inmigrantes equipos de psicólogos y terapeutas.

-¿Han notado cambios en la investigación en el tiempo que lleva como presidente?

-Tuvimos miedo de que dejara de financiar proyectos, sobre todo los relacionados con el cambio climático, pero la mayor preocupación se refiere a la inmigración porque anunció que iba a meterse con un tipo de visas que son las que tienen buena parte de los científicos españoles.

-¿Qué situación se tendría que dar para que los científicos regresasen a España?

-Si se dieran más estímulos mucha gente volvería. Es duro, pero aquí no tenemos opciones de estabilidad ni las mismas condiciones de trabajo ni los medios de los que disponemos fuera.

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