El fallido bufete republicano de Rajoy

La guerra frustró el proyecto de Enrique Rajoy Leloup, abuelo del presidente del Gobierno, de abrir en A Coruña un despacho de abogados con Salvador Martínez Fontenla, de la ORGA

05.11.2017 | 08:44
Carné del Partido Republicano Gallego de Salvador Martínez Fontenla.

Tenían todo dispuesto. Sobres, tarjetas, saludas, cuartillas, folios para los dictámenes... Incluso las invitaciones: "Enrique Rajoy Leloup y Salvador Martínez Fontenla participan a Ud. que han abierto su Estudio de Abogado en La Coruña, Juana de Vega, 58-60, principal, y tienen el honor de ponerlo a su disposición, a la vez que le expresan su más distinguida consideración personal. Teléfono 1444. La Coruña, 1º de febrero de 1935".

Sin embargo, la Guerra Civil frustró los planes del letrado compostelano, abuelo del hoy presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y su colega coruñés que, además de tener también su propio bufete, era un destacado republicano -figuró en las listas electorales de la ORGA (Organización Republicana Gallega) en 1933 con Santiago Casares Quiroga, Ramón Tenreiro o Antonio Villar Ponte- e hijo de quien había sido alcalde accidental de A Coruña, José Martínez Fontenla.

Rajoy, que era decano del Colegio de Abogados, tenía un prestigioso bufete en Santiago -Toral, 7- y era uno de los principales impulsores del Estatuto de Autonomía de Galicia, escribe ese año en varias ocasiones a su amigo Salvador para acordar los pormenores del despacho que planeaban abrir conjuntamente en A Coruña, en un piso de José Martínez Fontenla, su padre. Como buen jurista, las catas de Rajoy revelan su perfeccionismo y gusto por no dejar ni un cabo suelto.

Así, en una de las misivas que le envía desde Santiago, señala Martínez Fontenla: "A mi entender el Consultorio debiera llevar los apellidos de su padre y luego mi nombre como Director. Si está Ud. conforme le agradecería que encargase ahí unas litografías (aquí no hay talleres litográficos) un molde con el membrete adjunto. Puede encargarse, además, la tirada de 1.000 ejemplares en papel tamaño comercial), y otros 1.000 tamaño folio (estos para dictámenes y otros trabajos como participaciones, etc., que hagamos en el despacho). Conviene que hagan una cosa elegante, que esté muy bien presentada. Los sobres como no es necesario que vayan litografiados, yo los encargaré aquí".

Después de sugerir cómo anunciar el nuevo bufete -"no conviene exagerar el reclamo, que sea una cosa discreta, para no dar pretexto a que nadie se moleste", advierte Enrique Rajoy a su colega-, pasa a comentar cómo debería ser el rótulo: "Como Vd. ya tiene el suyo, ¿cree Vd. que basta poner otro igual con mi apellido, o será mejor el de "Consultorio Jurídico MARTÍNEZ FONTENLA. Director, Dr. Rajoy Leloup?".

Unos días después, vuelve a escribirle. Subraya la conveniencia de que el membrete sea litografiado: "Hace más elegante que el impreso y debe cuidarse la buena presentación de nuestros trabajos, no solo de su contenido sino también de su forma". Le informa, además, de que el grabador E. Mayer ya está haciendo el troquel a nombre de los dos para timbrar el papel.

En la misma carta, Rajoy pide a Fontenla que, como en A Coruña hay "muy buenos" litógrafos, encargue la placa litográfica para cartas "tamaño comercial" y para dictámenes, con una tirada de 500 ejemplares, "tamaño folio, muy buen papel y recortado de manera que no tenga dimensiones mayores del papel sellado que se usa en los Tribunales. Dígales en la litografía que hagan un membrete esmerado, sencillo pero elegante", reitera.

Los preparativos quedaron en meras previsiones que nunca se llevaron a cabo, truncadas por el levantamiento de 1936 contra la República. Rajoy, que no estaba afiliado a ningún partido, fue privado de su puesto de profesor en la facultad de Derecho y relevado como decano de los abogados de Santiago. Siguió ejerciendo la profesión en su despacho compostelano y consiguió ver aprobado por las Cortes el Estatuto, que nunca pudo aplicarse.

Salvador Martínez Fontenla, uno de los doce hijos que tuvo José Martínez Fontenla -abogado y político, líder del republicanismo coruñés, que fue concejal y alcalde accidental (1901-1902)- se exilió en México y no volvió a España hasta morir Franco. Viajaba a Portugal y en la frontera se reunía con su familia. Su hermano Juan fue secretario de las Juventudes Socialistas. Todos formaban parte de un sueño cercenado.

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