Es el día más lluvioso del año en Buenos Aires. Quedan 22 días para las elecciones presidenciales. Y en un teatro del centro, la Orquesta Sinfónica de Galicia levanta a un auditorio de 1.300 personas. El emblemático teatro Colón está en obras y el auditorio Coliseo se convierte en la alternativa al fin de la gira argentina de la OSG. Las entradas cuestan unos 25 euros al cambio, un precio prohibitivo para muchos argentinos. Pero el auditorio está lleno y recibe con bravos y oles la música gallega y española
Ana Rodríguez
Buenos Aires
La historia está hecha de viajes de ida y vuelta, y Buenos Aires está construida sobre kilómetros de sueños llegados en barcos o exportados en avión. Viajes como los del compositor coruñés Andrés Gaos, que un día decidió quedarse en América por amor, y cuya Impresión nocturna emocionó el viernes al público del bonaerense teatro Coliseo, gracias a la orquesta de la ciudad en la que nació. Viajes como los de la propia Sinfónica de Galicia, que, en el ecuador de su gira suramericana, ya tiene la maleta llena de elogios y entusiastas auditorios como embajadora de la música gallega. Viajes como los de Marcelo González y Virginia González, violinistas argentinos de la OSG, que volvieron a uno de los escenario que los vio dar sus primeros pasos como músicos antes de emigrar a otro continente. A Coruña y la capital argentina han ido tejiendo un puente aéreo directo sobre pentagramas, hilos invisibles que han convertido las despedidas amargas en bienvenidas siempre dichosas.
El propio hijo de Andrés Gaos quiso ser testigo del retorno de la música de su padre a Buenos Aires. "Por supuesto que sí, esto es muy importante", afirmó tras la interpretación de Impresión nocturna (1937), una de sus mejores creaciones, que la OSG y su director, Víctor Pablo Pérez, convirtieron en la más delicada de las caricias. Andrés Gaos hijo se sentó emocionado y casi anónimo en el patio de butacas, lejos de un poblado palco presidencial, en el que estaban la conselleira de Sanidade, María José Rubio, y el presidente de la Xunta de Galicia, Emilio Pérez Touriño, de visita institucional por el país.
El jefe del Ejecutivo autonómico pudo disfrutar de la versión que la OSG ofrece de Negra sombra. Fue la última de las cuatro propinas -así le llaman a los bises- que los aplausos del público obligaron a dar a la OSG, tras la sorpresa, emoción y sonoros bravos con los que recibieron a Manuel de Falla y la interpretación de sus Noches en los jardines de España, El amor brujo y El sombrero de tres picos.
Emoción del público correspondida por la batuta titular de la Sinfónica de Galicia,Víctor Pablo Pérez, que, horas antes del concierto, relataba la buena acogida que ha tenido la orquesta en Santiago de Chile, Rosario y Buenos Aires, ciudades que ha visitado antes de partir, hoy, a São Paulo, Montevideo y Punta del Este. "A priori, el público, recibe con entusiasmo a orquestas de otros países como Italia, una española no crea tanta expectación", explica el director musical, "pero se han quedado sorprendidos y encantados". "Nos han obligado a dar tres o cuatro propinas en cada concierto", recuerda Pérez, al que le gusta regalar siempre un poco de zarzuela cuando llega la hora de los bises solicitados por el público suramericano.
El director constata también la alegría de los músicos por jugar fuera de casa y acercarse a otros públicos, aunque asevera que la orquesta "siempre toca muy motivada". Una inspiración que pretenden llevar a otros lugares como Gran Bretaña o Asia, un viaje que podría confirmarse para dentro de dos años. Pero antes, llegará el turno de São Paulo, donde se subirán al palco del gran parque Ibirapuera, el pulmón de la metrópolis brasileira, escenario de las mejores orquestas del mundo. Después, de vuelta a A Coruña, para inaugurar la temporada dedicada a Beethoven, y finalmente, el esperado regreso a Colonia.