MARTA VILLAR / ANTARES PÉREZ | CULLEREDO
El silo de la fábrica Bunge Ibérica de Culleredo que entró en combustión el pasado 6 de mayo y que estalló de nuevo el 28 de julio se desplomó ayer mientras los operarios de la planta realizaban las labores de desmantelamiento de la estructura, que se iniciaron el pasado 6 de octubre. Cinco minutos antes de las 12.30 horas el tanque de semillas de soja, de 45 metros de altura, se vino abajo y provocó una nube de polvo blanco alrededor de la planta.
El desplome de la estructura de hormigón y de su contenido, la soja ya compactada tras haber ardido durante meses, no causó ningún tipo de daños personales, materiales ni medioambientales, según confirmaron responsables de la multinacional y efectivos de protección antiincendios que llegaron a la zona.
A pesar de ser domingo, ayer trabajaban dos operarios en las instalaciones en tareas de derribo del silo dañado, según confirmaron fuentes de la compañía, que anunciaron también que los técnicos analizan ahora las posibles causas de este incidente junto con responsables de la empresa que lleva a cabo los trabajos de desmantelamiento. Los bomberos de Arteixo, la Policía Local y Protección Civil de Culleredo, junto con la Guardia Civil, acudieron a las instalaciones de Bunge tras el aviso de la empresa.
Los bomberos comprobaron que los propios servicios de emergencias de la compañía habían tomado medidas y establecido un perímetro de seguridad, además de colocar sacos de arena para evitar vertidos a la ría, por lo que tras verificarlo abandonaron la zona, ya que no se registraron incendios ni ningún tipo de daños. El alcalde de Culleredo también se acercó hasta la planta. Los bomberos supervisaron el desmantelamiento del silo durante los primeros días pero luego desde la empresa les indicaron que no eran necesarios. El pasado sábado apareció una grieta en el tanque de almacenaje de soja y los operarios colocaron un cinturón de acero alrededor para afianzarlo, pero las grietas aumentaron hasta que ayer al mediodía, finalmente, se registró la caída, que dejó el silo con la mitad de la altura que tenía. Del interior del gran cilindro de almacenaje se desprendieron enormes masas negras de soja quemada, que semejaban trozos de carbón gigantes.
Bunge recalcó que los técnicos en este momento comprueban cuánto tiempo será necesario para retirar estos escombros y reanudar las obras de desmantelamiento. Tras la caída de la mitad de esta estructura habrá menos silo que demoler.
"Estaba lavando el coche y mirando hacia el silo de vez en cuando porque sabía que estaba a punto de caer. Ya había visto que habían comenzado a abrirse un poco las grietas y caían cascotes. Luego vi cómo los obreros, uno de ellos creo que era el jefe porque llevaba el casco blanco y hablaba por el móvil, se apartaron hacia el borde del recinto y luego se desplomó, no duró ni tres segundos. Apenas hizo ruido, sonó como si descargase un camión de arena, pero sí que levantó mucha polvareda". Así relató Gerardo Andrés Núñez la caída del silo de Bunge. Este testigo, vecino de A Barcala y residente a escasos metros de la aceitera, suele observar la planta varias veces al día porque trabajó en ella como soldador cuando se puso en marcha. "Entré en 1967 y estaría hasta el 69. Yo hice las escalerillas de los silos y las barandillas. Vi nacer la fábrica y ahora la veo caer", manifestó. Gerardo Andrés agregó que en el momento del desplome tuvo "un poco de miedo por si caía algo más". Agregó que la caída de la estructura generó un fuerte hedor "aunque no más que lo habitual, gracias a que no hacía viento". Por la tarde aún se notaba el mal olor incluso en O Temple. "Ahora parece una colilla gigante", manifestó un vecino de la zona que se acercó a fotografiar las instalaciones.