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POR FRANCISCO JAVIER NORES QUESADA
Hoy se cumple el 89 aniversario del alistamiento del primer legionario en el Tercio de Extranjeros, fundado por el coruñés D. José Millán Astray Terreros. Es la misma Legión de la que la ministra socialista Carme Chacón dijo públicamente: "Representa la bandera de entrega, la generosidad y el trabajo ingente por el bien, la prosperidad en el mundo y que nunca han protagonizado ni un solo acto que haya podido avergonzar a la sociedad española". Estas alabanzas a su obra son continuas y se mantienen a lo largo del tiempo y están bien, pero ¿realmente se conoce la vida e inquietudes de su fundador?
Nace José Millán el 5 de julio de 1879 en la coruñesa calle de Tabernas, en el seno de una familia de clase media. Era su padre un prestigioso letrado que, muy preocupado por la formación escolar de su hijo, le convierte en un ávido lector, aficionado al estudio y con una inquietud intelectual que perdurará a lo largo de los años. A los 15 años ingresa en la Academia de Infantería de Toledo al terminar sus estudios y después de su primer destino en Madrid, resuelve ingresar en la Escuela de Estado Mayor; sin embargo, cuando estalla la sublevación de Filipinas, decide lo que sería una constante en su vida, irse al lugar de mayor riesgo y fatiga. Por ello pide la baja de la escuela y se traslada a las Islas Filipinas, donde por su heroísmo en los combates le conceden la máxima condecoración al valor en aquella época: la Cruz de María Cristina.
De regreso a la península, ingresa nuevamente en la Escuela de Estado Mayor, donde después de diversas vicisitudes termina sus estudios en 1909. Después de ejercer labores de profesorado en la academia de Infantería, se traslada a África, donde en una comisión hispano-francesa, confecciona el plano de la frontera entre Marruecos y el Sahara. Este sería su primer contacto con el territorio africano.
Interesado en los asuntos del Protectorado, pasa varios años destinado en distintas unidades africanas, viendo como los soldados de reemplazo, extraídos de las capas sociales menos favorecidas y con escasa preparación y motivación, eran frecuentemente abatidos en los combates con los rifeños. Pasa un tiempo estudiando una posibilidad alternativa que contemple que se eviten las muertes de los jóvenes reclutas y en 1919 comienza a vislumbrar la posibilidad de creación de una fuerza de choque formada por españoles y extranjeros y que actuaría siempre en la vanguardia de los combates. Millán comenta su proyecto y lo hace popular; un día solicita una entrevista con el ministro de la guerra, general Tovar, en la que le expone el proyecto con tal vehemencia y determinación que el ministro ordena al Estado Mayor que estudie la posibilidad de crear un cuerpo de voluntarios extranjeros para la guerra colonial.
El informe del Estado Mayor es favorable y ese mismo año se comisiona al comandante Millán para desplazarse a Argelia con el fin de estudiar el régimen y los fundamentos de la Legión Extranjera francesa. De regreso a España, el 7 de enero de 1920 asciende a teniente coronel y el 28 de ese mes un Real Decreto crea el Tercio de Extranjeros.
El 2 de septiembre es nombrado jefe del Tercio y desde ese momento la vida de Millán estará íntimamente ligada a la Legión, y sirviendo en ella sufrirá heridas que mutilarán su cuerpo. Si bien este Real Decreto determinaba como fecha de inicio de la recluta el 4 de octubre, fue tal el éxito inicial, que el día 20 de septiembre se produjeron los primeros alistamientos, iniciándose la andadura real de la Legión. Las previsiones de alistamientos se ven desbordadas y en apenas dos meses se organizan la 2ª y 3ª Banderas. La Legión ya es una realidad. Ahora sólo falta la oportunidad de demostrar su valía, de la que tan seguro estaba su creador. Sin embargo, el mando tiene reservas en la utilización de estas novedosas unidades en sus columnas, quedando la Legión relegada a servicios de retaguardia.
Al fin, el 29 de junio de 1921 llegaría la oportunidad en Buharratz, donde la 3ª Bandera queda en primera línea de fuego y entabla un combate tenaz que logra cambiar la suerte de la lucha y consigue rechazar al enemigo tras infringirle numerosas bajas. Doce muertos, de ellos un oficial, veintidós heridos incluidos tres oficiales y una Medalla Militar marcan un nuevo estilo. Los legionarios de Millán Astray se consagran como extraordinarios combatientes. En lo sucesivo, ningún general querrá prescindir de una Bandera Legionaria entre las unidades de sus columnas.
En julio de 1921 se produce el desastre de Annual, donde las tropas del general Silvestre son masacradas por Abdelkrim, provocando el derrumbamiento de la Comandancia General de Melilla con más de 15.000 bajas. La conmoción pública en España fue tremenda y la Legión es embarcada tras durísima marcha, desembarcando en Melilla el 24 del mismo mes. La llegada es épica, Millán Astray arranca de los legionarios el juramento de dar sus vidas en defensa de Melilla y los melillenses, envueltos en el pánico del desastre, recuperan su espíritu al paso rápido de los legionarios.
Relatar las operaciones, combates y actos heroicos de la Legión sobrepasaría este artículo, pero sí debo decir, que su conducta gloriosa de heroísmo, el alto espíritu de sacrificio demostrado durante toda la guerra, empleándose siempre en los casos de mayor riesgo y fatiga, les lleva a reconquistar la Comandancia de Melilla. Este espíritu de sacrificio permanente que les inculcó Millán Astray, y que perdurará hasta nuestros días, hace que la Legión sea la alegría, la austeridad, la abnegación y el cumplimiento del deber. Con la recuperación de Melilla, los españoles ven al teniente coronel como un autentico héroe nacional y, reclamada su presencia en todos los rincones de España, recorre el territorio español impartiendo conferencias, con la intención de dar a conocer a la Legión.
Regresa a su ciudad natal, La Coruña, para dar una conferencia en el Teatro Rosalía de Castro y La Voz de Galicia el día 29 de julio de 1922 publica a toda plana la próxima llegada a la ciudad del jefe de la Legión, diciendo: "Saludemos, pues, con toda efusión al valeroso jefe de la Infantería española, teniente coronel Millán Astray, que hoy llega a esta capital, cuya perseverancia e inteligencia al crear las banderas legionarias, anhelos por fomentar su organización, acierto en especializarla para los singulares y rudos combates y pericia al rodearse de esa pléyade de bizarros jefes y oficiales que saben secundar tan admirablemente en el mando, constituye una legítima esperanza en el porvenir; y así lo estima la nación entera reconociendo las relevantes dotes e iniciativas de aquel jefe, digno de toda clase de alabanzas y acreedor al respeto, cariño y admiración de sus conciudadanos, que rinden un tributo de justicia a sus merecimientos."
El escritor Pérez Lugín se desplaza en su automóvil hasta Santiago para recoger a Millán y llevarlo hasta su casa de campo en Alvedro, donde les esperan una nutrida representación de la sociedad coruñesa, entre los que se encuentran el doctor Hervada, Durán Loriga, Pan de Soraluce, Argudín y Wonemburger. Lo acompañan en caravana con sus vehículos hasta la ciudad de La Coruña, cuya entrada se anuncia al público con el disparo de unas bombas de palenque y desfilan por sus calles ante el clamor y entusiasmo popular hacia el Ayuntamiento herculino para ser recibido por su alcalde, Asúnsolo Linares.
Al día siguiente, 30 de julio, y bajo el patrocinio del Circo de Artesanos, el teniente coronel da una conferencia en el Teatro Rosalía de Castro a la que asisten gran número de coruñeses, entre los que se encuentran además de los anteriormente mencionados y el alcalde, Berea, Andrade, Judel y el futuro alcalde Manuel Casás. Hace la presentación el Sr. Pérez Lugín, que después de glosar la figura del conferenciante y sabiendo que a Millán Astray no le agradaban las alabanzas y que expresamente se lo había prohibido, termina diciendo que sólo existe un adjetivo que Millán no puede rechazar: "Coruñés".
Finaliza la estancia en la ciudad con un banquete popular al que concurren representaciones de todas las entidades locales, por cuanto se trata de honrar a un coruñés y que al engrandecer su nombre, se engrandece el de su pueblo. El broche de oro del homenaje que el pueblo de La Coruña tributó a su hijo, el fundador de la Legión de extranjeros, fue cuando en sesión plenaria la Corporación municipal por unanimidad acuerda nombrarle Hijo Predilecto de la ciudad de La Coruña el 3 de agosto de 1922.
Y así recogía al día siguiente la noticia La Voz de Galicia: "Fue aprobada, después de una proposición del Sr. Senra, declarándose en su virtud, el nombramiento de hijo predilecto de La Coruña al heroico teniente coronel de la Legión Extranjera don José Millán Astray Terreros, respondiendo de este modo al sentir del vecindario coruñés."
Sin embargo, el teniente coronel, lejos de aprovechar en su beneficio personal la bonanza del momento, se rebela contra las injusticias y la indisciplina creciente en una parte del Ejército, que provocadas por las Juntas de Defensa, poco a poco lo van desmoronando y enfrentando a unos militares con otros y por eso, fiel a la frase de Clemenceau "en la guerra como en la paz la última palabra la tienen los que jamás se rinden", lucha a finales de este año con la Juntas de Defensa de Infantería.
Las Juntas de Defensa de Infantería habían nacido en el año 1917 como un elemento más del proceso de sindicalización de la clase media española. Se trata de reivindicaciones sobre lo inadecuado de los sueldos, sobre ascensos y favoritismos; en definitiva nacen para velar por los intereses de los militares. Sin embargo, con el paso de los años se convierten en un órgano de presión al Gobierno, llegando incluso a provocar la caída del presidente del Gobierno de España, García Prieto.
La revista España, publicación liberal de la época y en la que colaboran escritores como Ortega y Gasset, Eugenio D'Ors, Manuel Azaña y Unamuno, se refiere con frecuencia a las juntas, denunciando que utilizan la indisciplina como medio para denunciar las injusticias en el Ejército y en continuas editoriales y artículos de denuncia muestra su preocupación por el progresivo intervencionismo de las juntas en los asuntos políticos de la nación. Ante esta situación de indisciplina generalizada, el teniente coronel Millán, en noviembre de 1922 solicita el retiro, porque como dice, "mandando seis mil hombres, no podía crear conflicto alguno al Gobierno. No tengo esas bayonetas para combatir a la autoridad constituida, ni yo ni ningún jefe; son para combatir en África" y ya como un civil más, crear un debate sobre lo que está ocurriendo en una parte del Ejército y finalmente exigir la disolución de las Juntas de Defensa.
El prestigio de Millán es tal que, con el apoyo de la prensa, crea una corriente de opinión a favor de su disolución y que se ve respaldada incluso por el mundo universitario. Así, los alumnos de la Facultad de Medicina de Madrid, cuyo secretario era el doctor Negrín, se adhieren a su propuesta y reunidos en asamblea elevan al presidente del Consejo de Ministros sus conclusiones: Primera: Protestar enérgicamente contra la intromisión anárquica de las Juntas de Defensa en la esfera del poder público. Segunda: Pedir la disolución inmediata de dichos organismos.
La agitación en la Universidad es generalizada, con huelgas, manifestaciones y paros académicos. La Unión Española de Estudiantes de Cataluña y la Agrupación de Estudiantes de la Izquierda muestran públicamente su apoyo a Millán Astray y solicitan la disolución de la Juntas. Los alumnos de la Facultad de Medicina de Bilbao acuerdan en asamblea apoyar a sus compañeros de Madrid en sus reivindicaciones y declaran una huelga de tres días. Alcaldes, presidentes de diputación y políticos de todas las corrientes muestran su preocupación sobre este asunto y apoyan públicamente a Millán Astray.
Mientras tanto, el pueblo de La Coruña, que tan espontáneamente exteriorizó en las calles su entusiasmo y su adhesión hacia el valeroso jefe de la Legión Extranjera, su paisano ilustre, concreta el movimiento popular en un mensaje dirigido al alcalde en los siguientes términos: "Los que suscriben, vecinos de La Coruña, a V.S. acuden interesándose, que con la urgencia que el caso requiere se sirva convocar al excelentísimo Ayuntamiento a sesión extraordinaria, con el fin de recoger el general sentir de su vecindario, expresado públicamente en todos los tonos, y hacer llegar al Gobierno de la nación el pesar que La Coruña siente porque su glorioso hijo, el teniente coronel jefe de la Legión Extranjera, D. José Millán Astray, a quien no ha mucho recibió y agasajó con justificado entusiasmo, se vea forzado a dejar de prestar sus servicios a la patria, por la que repetidamente dio su sangre. No quieren entrar los suscribientes a discutir las causas que le obligan a tomar tal resolución. Desean tan sólo, por el momento, que la Corporación municipal recoja el sentir de La Coruña entera y en respetuoso pero solemne manifestación popular haga expresión de su ferviente deseo de que la soberanía absoluta del poder civil sea pronto una realidad para el bien de la nación. La Coruña 11 de noviembre de 1922".
Es tal el clamor popular de apoyo al teniente coronel que finalmente el jefe del Gobierno, Sánchez Guerra, presenta al Parlamento el decreto de disolución de las juntas, siendo aprobado por la mayoría de los diputados, entre los que se encontraban Alcalá Zamora, Melquíades Álvarez, Lerroux e Indalecio Prieto, quien, por cierto, comentó a la salida del Congreso: "Lo interesante, ahora, es saber qué se haría si las juntas desobedecieran el decreto leído, que refleja el sentir del Parlamento."
Este episodio de las Juntas de Defensa retrata perfectamente el sentido de la ética, de la responsabilidad, de la disciplina y el compromiso de Millán Astray con el pueblo español en general y con los ejércitos en particular. Después, reingresa en el Ejército y vuelve al territorio africano a ejercer el mando de la Legión, y el 26 de octubre de 1924 cuando arengaba a sus soldados en primera línea de fuego, es herido en el brazo izquierdo, causándole heridas tan graves, que traen como consecuencia su amputación. Finalmente, el 4 de marzo de 1926 recibe un disparo en el rostro que le destroza el ojo derecho, con graves desgarros en el maxilar y en la mejilla izquierda.
En 1927 es ascendido a general de Brigada y regresa a La Coruña, donde es nuevamente vitoreado y agasajado, hasta el punto que le nombran cofrade de honor de la Virgen de los Dolores y en el Ayuntamiento, como reconocimiento a sus múltiples merecimientos, se le entrega el bastón de mando de la Alcaldía, costeado en suscripción popular. No olvidan los coruñeses a sus héroes.
Ocupando diversos destinos en su nuevo empleo y atendiendo múltiples invitaciones para dar conferencias, viaja a Argentina, Paraguay, México, Chile, Cuba y Estados Unidos, donde permanece largos periodos. Se encontraba en Argentina, invitado por el presidente de la República para participar en diversos foros culturales, cuando se inicia la Guerra Civil.
Regresa a España y presta servicio en el departamento de Prensa y Propaganda, siendo muy importantes sus esfuerzos en la creación de Radio Nacional de España.
El 12 de octubre de 1936, en plena guerra civil, en medio de una conferencia sobre la exaltación de la raza que presidía el rector Unamuno acompañado de Carmen Polo, esposa del general Franco, el general Millán se levanta y vehementemente critica los comentarios que argüía el conferenciante; entre el murmullo del público se oye, entre otros, el grito de "¡Viva la muerte!" , utilizado tradicionalmente por los llamados novios de la muerte.
El rector Unamuno, que había sido separado de su cargo en 1934 debido a su manifiesta antipatía por la República, aunque después de su apoyo explícito al alzamiento militar es repuesto nuevamente como rector por el gobierno franquista, toma la palabra para reprender la actitud del general, llamándole inválido entre otras cosas, a lo que Millán, encolerizado, responde con la famosa frase de "Muera la inteligencia". José María Pemán intenta mediar diciendo: "¡No! Viva la Inteligencia pero que mueran los intelectuales malos", aunque ante el cariz que tomaba el asunto, el rector Unamuno se levanta y sale del paraninfo del brazo de la mujer de Franco.
No cabe duda que la frase que corre, como leyenda urbana, de "Muera la inteligencia y viva la muerte" nunca se pronunció, sino que la que gritó Millán Astray fue sólo la relativa a la inteligencia. A pesar de todo, se ha intentando a lo largo de los tiempos tozudamente satanizar al general por lo que no es más que un exceso verbal, muy propio de la época en que sucede ese episodio. Excesos verbales han existido en toda la historia de España, aunque sólo se recuerdan las que benefician a los hooligans de uno u otro bando, como cuando se llama hombre de paz al terrorista De Juana Chaos o cuando se pide públicamente "muerte al Borbón", pronunciada recientemente por un político.
A los cuatro meses deja su trabajo en prensa y en enero de 1937, se hace cargo de la Dirección de Mutilados de Guerra, creando e impulsando los hogares para mutilados y ciegos, a los que consagró de forma generosa los últimos años de su vida. Muere en la sede del cuerpo de mutilados en enero de 1954. Para el que no conozca el amor a España y la obsesiva austeridad del general, no hay más que leer su epitafio: "D. José Millán-Astray Terreros. Caballero Legionario. Por Dios y por la Patria".
El código de conducta que el general legó a la Legión se sustentó en tres valores morales: patriotismo, sentido del deber y honor. Aunque hoy, desgraciadamente, se vea el honor como un valor romántico, trasnochado e inservible, lo cierto es que se trata de la coherencia entre la conciencia y el proceder, entre lo que se debe hacer y lo que se hace. Estos valores son la esencia de la Legión y el fundamento para encontrar el coraje cuando éste falla, la fe cuando ésta nos abandona y la esperanza cuando nos domina la desesperanza. El único defecto del general Millán Astray fue su desmedido amor a España, cosa que sin duda molesta a los que no creen en ella.
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