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PABLO LÓPEZ A CORUÑA Una mancha de humedad en el techo, una obra en el tejado o en el patio de luces, una fiesta nocturna o el impago de una cuota son motivos suficientes para enemistar a los vecinos de un edificio. El aumento de la morosidad de los residentes de las comunidades, causado por la crisis económica, ha agravado los problemas de convivencia entre los ciudadanos que comparten un bloque de pisos.
Los administradores de fincas de la ciudad aseguran que los residentes son más reacios a gastar y que en las reuniones de las comunidades han aumentado los vecinos para los que cualquier obra resulta cara y prescindible. "Mi abogado ya me había avisado de que, con la crisis, lo primero que dejaría de pagar la gente sería la comunidad", confiesa el administrador Miguel Ángel Gutiérrez.
El incremento de los litigios en los juzgados, del que también advierten los administradores de fincas, es otra de las pruebas del creciente deterioro de la convivencia vecinal en los edificios de la ciudad. "Hay mucha gente que, por no pagar los gastos de comunidad, acaba en los juzgados. Esto es algo que ocurre, sobre todo, en los edificios de viviendas protegidas", comenta el administrador José Corredoira.
EMás morosidad. Econtrar una comunidad de vecinos en la que todos los residentes abonen las cuotas mensuales resulta cada vez más complejo a causa de la crisis económica. La morosidad de un sólo vecino puede generar una situación muy compleja para el resto de la comunidad, al poder provocar el retraso en la ejecución de obras y proyectos e incluso la interrupción de servicios. Los que pagan religiosamente no están desprotegidos frente a los deudores, pues un acuerdo de la Junta de Propietarios permite que el presidente de la comunidad o el administrador recurran ante el juez. El demandado, después de que se admita a trámite la denuncia, dispone de un plazo de un mes para alegar o liquidar su deuda. De no cumplir con sus obligaciones el demandado, el juez decretará la ejecución de la cantidad adeudada -con intereses incluidos-.
ESin reformas. Los administradores de fincas coinciden al mencionar que las obligatorias obras para la adaptación de los ascensores a una normativa de reciente creación y las que se encargan por emergencias son casi las únicas que los vecinos están dispuestos a pagar en época de crisis. Los profesionales de la gestión de comunidades vecinales estudian menos presupuestos para reformas de fachadas y portales, trabajos que rechazan numerosos vecinos que no están dispuestos a gastar su dinero en el bien común. La polémica es aún mayor cuando los residentes que ocupan los primeros pisos se niegan a pagar la construcción de un ascensor que demandan los residentes de la parte alta del bloque. Hay casos de edificios con elevadores que han sido financiados sólo por una parte de los residentes y que únicamente pueden accionarse con la ayuda de una llave de la que no disponen aquellos que se han negado a abonar un porcentaje de los costes. "En las casas que no tienen ascensor suele haber problemas. Los de los pisos bajos no quieren pagar", explica el administrador de fincas José Corredoira.
ERuidos nocturnos. Las quejas de los residentes que protestan porque los ocupantes de otro piso organizan fiestas nocturnas o escuchan la televisión a un volumen demasiado alto son unas de las más frecuentes. Los administradores y los presidentes de comunidades de vecinos lamentan las dificultades para resolver este tipo de situaciones, pues resulta muy sencillo para los que infringen las normas de convivencia dejar de hacer ruido si la policía acude a su inmueble para hacer mediciones. Los administradores afirman que los que protestan suelen tener la razón, aunque precisan que se han encontrado con casos de residentes que se quejan sin motivo. "Una señora protestó una vez porque sus vecinos hacían ruido. Cuando otros residentes afirmaron que a ellos no les molestaba, la mujer explicó que eso era porque no pegaban la oreja a la pared", cuenta Corredoira. Los administradores también informan de que los que ocupan un piso como inquilinos son los más proclives a perturbar al resto de los residentes y, por ello, exigen un mayor compromiso con la comunidad de los propietarios, que frecuentemente se desentienden de este tipo de problemas y les restan importancia.
EHumedades. Las discusiones motivadas por escapes de agua son otras de las más comunes. Los vecinos son reacios a reconocer que las manchas que aparecen en el techo del piso ubicado bajo el suyo están motivadas por un hecho ocurrido en su vivienda. A pesar de esta tendencia inicial a la negación del problema por parte de una de las partes implicadas, las disputas por humedades y fugas de agua suelen resolverse de forma amistosa y sin deteriorar la convivencia entre los miembros de la comunidad; aunque hay excepciones. "Cuando los edificios son antiguos, son frecuentes las fugas y humedades. La solución de estos problemas depende de la educación, aunque hay casos que se han resuelto en los juzgados", explica el presidente del Colegio de Administradores de Fincas, Martín Bermúdez.
EPelea por zonas comunes. La negativa de algunos miembros de la comunidad a emprender cualquier obra que afecte a las zonas comunes, como el portal o el patio de luces, es otro de los detonantes de conflictos entre los que comparten un mismo edificio. Ejemplos de este tipo de disputas son las discusiones que mantienen los residentes cuando se plantea la posibilidad de instalar una nueva antena o de construir un ascensor que roba espacio al bajo del bloque.
ECaprichos. Cuando un vecino quiere realizar una obra que implica cambios en la estructura externa del edificio y la comunidad lo desautoriza, también puede estallar un conflicto. Resulta frecuente que un residente rompa relaciones con los otros vecinos después de haber tenido que renunciar a sus planes. La normativa es muy clara en estos supuestos y sólo permite que un particular emprenda un proyecto de reforma por su cuenta si este no afecta a la fachada y a las zonas comunes. Ningún residente tiene derecho, por ejemplo, a colocar en sus ventanas cristales de distinto color a los de los otros pisos o a cerrar sus balcones. Este tipo de reformas sólo pueden acometerse si el propietario del piso cuenta con la autorización del resto de los residentes.
EEscasa participación. Los presidentes de las comunidades de vecinos y los administradores afirman que los residentes se preocupan poco por los asuntos comunes, lo que hace que las reuniones cuenten con pocos asistentes. Los responsables de gestionar los edificios comentan que los que menos se molestan en conocer las cuentas de la comunidad y las obras previstas suelen ser los que más protestan a la hora de pagar las cuotas o una vez iniciados los trabajos de mejora. "A la reuniones sólo va una tercera parte de los vecinos del edificio. Los que no asisten se quejan después de que se haya alcanzado un acuerdo y yo les tengo que decir que son temas que ya se han discutido en la reunión", comenta Antolín López, tesorero de la comunidad de vecinos del edificio número 2 de Río Monelos.
EDesconfiar del administrador. Resulta paradójico que, aunque cada vez son más los vecinos que delegan en una gestoría para resolver las disputas, la figura del administrador siga estando bajo sospecha. Las críticas a estos profesionales provienen de residentes que denuncian que los administradores nunca estarán tan comprometidos como un vecino con los asuntos de la comunidad. Los que sostienen esta teoría, aseguran que los gestores se preocupan poco por encontrar el mejor presupuesto posible para cada una de las obras o trabajos que encarga la comunidad. Los que viven de coordinar comunidades vecinales desmienten estas acusaciones y precisan que su labor se limita a proponer actuaciones y a presentar proyectos que el presidente de la comunidad y, por tanto, el conjunto de los vecinos pueden rechazar. La comodidad de delegar en un profesional, a pesar de las críticas, ha propiciado que los administradores que operan en la ciudad tengan más trabajo cada año. Hay empresas cuyos servicios han llegado a ser contratados por comunidades de edificios en los que no viven más de seis vecinos. Los jóvenes que residen en bloques de nueva creación quieren desentenderse de las responsabilidades y los mayores que habitan en casas antiguas se consideran poco capacitados para manejar presupuestos y para discutir en las reuniones, fenómenos ambos que han hecho que la figura del administrador haya ganado protagonismo en los últimos años.
EDiferencias entre barrios. Una buena convivencia con los vecinos de una comunidad no es igual de fácil de conseguir en todas las zonas de la ciudad. Los morosos son poco comunes en los edificios del centro urbano, mientras que abundan en los de los barrios con una importante concentración de viviendas bajo coste, cuyos habitantes tienen mayores dificultades para llegar sin dificultades a fin de mes.
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