A. R. | A CORUÑA
La cantidad de chicles pegados en el suelo es directamente proporcional al respeto por el espacio público de cada una de las sociedades. Una papelera rodeada de emplastos, como hay en el Obelisco, es más del sur que del norte de Europa, al igual que una arqueta del saneamiento en la que han intentado hacer diana sin éxito una y otra vez. Para el sociólogo Francisco Haz, que analiza las diferencias de comportamiento entre españoles y alemanes, los coruñeses tienen "poca conciencia de que mantener limpio el espacio público es calidad de vida".
"El civismo o urbanismo", define Haz, "es la conciencia de que el espacio se adopta como un entorno de convivencia". Pero a veces ese espacio, prosigue, sólo es entendido como lo más próximo, lo más inmediato, "que es el hogar". "A nadie se le ocurre orinar en el pasillo de su casa o tirar un chicle en el salón o dejar la basura ciscada por ahí en el trabajo", señala el investigador.
Es, para Francisco Haz, una cuestión de educación, que ha de enseñar que "el espacio público es un espacio de convivencia social donde todos participan y se reúnen". "Si no se entiende así, no se tratará adecuadamente", sostiene el sociólogo.
Compara dos formas muy diferentes de comprender el trato y la gestión del espacio público. "En España se entiende que el mantenimiento de la propiedad pública, al ser de todos, y, a la vez, al no ser de nadie, es responsabilidad de la Administración", advierte. El ciudadano ensucia y espera que el Ayuntamiento venga detrás para limpiar lo que ha ensuciado. Si el Concello no cumple sus expectativas, protesta.
¿Qué pasa en lugares como Alemania? "Allí y, en otros países del centro y el norte de Europa, existe otra cultura cívica, donde el espacio público se mantiene a través de una gestión comunitaria", relata Francisco Haz.
Mobiliario urbano
Según el sociólogo, "si se trabaja comunitariamente, la Administración podrá emprender obras de otro tipo con los costes ahorrados". "Aquí se hace uso del espacio público pero la responsabilidad del mantenimiento se delega en las Administraciones públicas", recalca.
En la ciudad de A Coruña, Francisco Haz destaca los sufrimientos del mobiliario urbano. Relata que en Pamplona, el Ayuntamiento hizo público el precio de las papeleras, las señales de tráfico, las farolas... para que los ciudadanos comprobaran, no sólo cuánto cuesta al erario público, sino lo que le costaría a sus bolsillos la reposición de uno de esos elementos. "Funcionó bastante bien", recuerda el sociólogo coruñés. Francisco Haz destaca, sin embargo, que el incivismo es un mal que ha decrecido. Pone un ejemplo: los dueños de los perros. "Antes era mucho más frecuente ver cómo dejaban a los animales hacer sus necesidades sin recogerlas después".