MARÍA PARDO | A CORUÑA
La primera prueba que la policía obtuvo de la implicación de Andrés Mayo, conocido como el violador del chándal, en la ola de agresiones sexuales que se registró en la ciudad desde finales de 2006 hasta agosto de 2007 fue recogida en mayo en un portal de la calle Petunias donde se produjo una violación en grado de tentativa. Se trata de una huella dactilar que los agentes recogieron al día siguiente del ataque.
Según explicó ayer uno de los funcionarios encargados de la investigación, la huella fue introducida en la base de datos del laboratorio de la policía científica, pero el ordenador no mostró ningún resultado. Este testigo apuntó que para tratar de identificar la huella se empleó una base de datos propia y otra general, pero que en ambos casos el resultado fue negativo, lo que significa que los datos de Mayo no habían sido introducidos en el sistema a pesar de sus antecedentes y de que llevaba varios años residiendo en la ciudad.
El conocido como violador del chándal por la indumentaria que llevaba en la primera ola de violaciones que cometió fue condenado por la Audiencia Provincial de León en 1991 a un total de 102 años de cárcel por once delitos de violación. Salió de prisión en tan sólo doce años, una decisión que ayer el fiscal criticó. Para que esto no vuelva a ocurrir, y para el caso de que Mayo sea considerado culpable por el tribunal, el representante del Ministerio público pidió que le fuese aplicada la doctrina Parrot, nombre con el que se conoce una sentencia del Tribunal Supremo de 2006 por la cual la reducción de pena por beneficios penitenciarios (trabajo, estudios,...) se aplica a cada una de ellas individualmente y no sobre el máximo legal permitido de permanencia en prisión que, según el Código Penal del año 1973, es de treinta años.
Desde que la policía encontró la huella del presunto culpable, el 19 de mayo, otras tres mujeres fueron atacadas en la calle Pérez Ardá, en la avenida de Alfonso Molina y en Ramón Cajal. En las dos primeras, el acusado no logró su objetivo y las violaciones no llegaron a consumarse, lo que sí sucedió en el último ataque que le imputa el Ministerio público. En esta ocasión, la víctima fue una mujer extranjera a quien dio patadas después de haberla penetrado vaginalmente y contra quien pronunció insultos racistas.
El agente que introdujo la huella encontrada en el portal del Barrio de las Flores en el sistema informático explicó que supieron que era de Andrés Mayo el 8 de agosto, un día antes de su detención. La policía localizó la furgoneta del sospechoso de las violaciones -de quien en ese momento no sabían el nombre- el 4 de agosto en el cruce de la calle Ramón y Cajal con la avenida del Ejército. Comprobaron que su comportamiento era sospechoso, pues circuló por toda la ciudad "a una velocidad muy reducida, fijándose en las personas que caminaban por la acera" y se cambió de camiseta en varias ocasiones. Según los agentes, lo hizo para dificultar su identificación. Los funcionarios de la policía judicial que los siguieron vieron también como estacionó frente el portal de una chica a la que presuntamente había violado meses antes.
Mayo fue seguido hasta su domicilio, lo que permitió que la policía pudiese identificarlo.
En su último turno de palabra, el violador del chándal acusó a la policía de "tener mucho poder" y de falsificar pruebas. Acusó de forma reiterada a los agentes de ser los culpables de que se encuentre detenido y de ser sospechoso de la ola de violaciones. Andrés Mayo insistió en que fue él quien pidió de forma voluntaria las pruebas de ADN y un careo con las víctimas.
"Yo no he mentido, sólo pido Justicia, no me pueden condenar por los antecedentes asquerosos de mi pasado", dijo el acusado, quien a lo largo de todo el procedimiento defendió su inocencia.