MARCOS OTERO | A CORUÑA
Atraída por el nombramiento de la Torre de Hércules como patrimonio de la humanidad, una joven pareja madrileña decide visitar el faro romano. Acceder al centro de la ciudad es relativamente sencillo, atascos puntuales aparte, por cualquiera de los tres accesos principales de la ciudad -avenida de Alfonso Molina, de A Pasaxe y de Arteixo-. La ruta se complica después.
"A partir del puerto, chungo", resume uno de los jóvenes al pie del faro romano. Y eso que es precisamente cuando uno empieza a introducirse en el casco urbano coruñés cuando comienza a tener conocimiento del camino a seguir si quiere alcanzar el faro. Hasta entonces, bien alcanzada la plaza de Ourense, no hay señal orientativa del monumento, por ninguna de las tres arterias más importantes de la ciudad. Y cuando empieza a haberlas no son todo lo claras que debería: "Algunas están muy borrosas". Borrosas, como lamenta uno de los jóvenes madrileños, o mezcladas entre otras muchas indicaciones en los postes informativos distribuidos a lo largo de la ciudad.
El siguiente recorrido es, no obstante, el mismo que tendría que llevar a cabo cualquier persona que, como la pareja de Madrid, llegara a la ciudad para visitar la Torre de Hércules.
. Alfonso Molina. Para aquellos visitantes nostálgicos que todavía accedan a la ciudad por la antigua N-VI, la carretera de Madrid, el puente de A Pasaxe es la entrada natural a la ciudad, desde donde puede desviarse hacia el acceso desde Os Castros o bien hacia el de Alfonso Molina. Tomando este último, los conductores no podrán encontrar la primera referencia al monumento patrimonio de la humanidad hasta bien atravesada la avenida de Lavedra. Y hay que prestar mucha atención, porque no se trata de una de las señales de la red de carreteras que cuelgan sobre la calzada, sino de uno de los postes informativos municipales con otras muchas indicaciones.
El primero de los distintivos que orientan sobre la Torre en Alfonso Molina, también para aquellos que hayan accedido a la avenida a través de la autopista, se encuentra, no inmediatamente después de dejar la AP-9, sino donde la vía cruza enfrente de la estación de autobuses, muy cerca de la pasarela que conecta con la zona de los juzgados.
Abandonada ya la avenida, e inmersos en la vorágine del tráfico urbano, los semáforos y los pitidos, el conductor tiene dos alternativas: torcer hacia la dársena a la altura de la Delegación del Gobierno o bien, si se despista, utilizar el túnel de Juana de Vega. En ambos lugares hay señalizaciones que indican cómo dirigirse a la Torre de Hércules.
. As Xubias. De regreso al puente de A Pasaxe, y en el caso de que el conductor haya sido advertido de los atascos en Alfonso Molina, puede acceder también a la ciudad por As Xubias. En el tramo comprendido desde los hospitales hasta la delegación del Gobierno, donde está colocada la primera indicación de la Torre en el centro, no hay ni una sola señal referente a la dirección a tomar si uno desea dirigirse al monumento. Sí los hay, en cambio, de los centros comerciales, los museos y los aparcamientos públicos.
En este punto donde pueden confluir tanto los que llegan desde As Xubias como los que han atravesado todo Alfonso Molina, el poste informativo situado frente al edificio de la Delegación del Gobierno dirige hacia Alférez Provisional, si lo que se persigue es llegar al faro romano. La siguiente indicación, sin embargo, no aparece hasta que se alcanza la boca del túnel de María Pita, orientando a los conductores y peatones hacia el paseo de O Parrote. Llegados a este punto, y habiendo alcanzado el cruce donde uno puede continuar hacia el paseo marítimo y el castillo de San Antón o desviarse hacia el hospital Abente y Lago y la Ciudad Vieja, la confusión puede ser mayúscula. Décadas lleva allí colocada una señal metálica, tantas que ya estaba antes de que se construyera el paseo marítimo y por lo tanto el camino más común para dirigirse hacia la Torre por esta zona era el que llevaba por Orillamar después de dejar A Maestranza.
. Avenida de Arteixo. La ruta procedente del municipio vecino de Arteixo carece de igual modo de indicaciones a lo largo de toda la avenida del mismo nombre, hasta bien alcanzada de nuevo la plaza de Ourense el punto en el que confluyen los tres accesos. Ni en las señales de tráfico instaladas en el polígono de A Grela ni en las situadas frente al Palacio de la Ópera existen indicaciones del monumento. Tampoco en el tramo de la avenida de Arteixo que atraviesa Juan Flórez, donde sí existen señales para dirigirse, por ejemplo, a la Ciudad Vieja. Ya frente a la Delegación, en vez de enfilar La Marina, donde hay carteles para tomar el camino del paseo marítimo, la alternativa se encuentra en el túnel de Juana de Vega. Tanto a la entrada como a la salida hacia Riazor, las indicaciones recuerdan la ruta para alcanzar el faro romano, otra de las tradicionalmente utilizadas desde hace años.
Si se hace un recuento de las muchas indicaciones existentes en la ciudad y se comparan en relación a las disponibles sobre la Torre, el monumento patrimonio de la Humanidad lleva todas las de perder. Bien es cierto que tiene que competir con la amplia oferta de museos con que cuenta la ciudad, los hoteles, aparcamientos y la cada vez más abundante presencia de centros comerciales.
También tendría que pelear por un hueco en los paneles de información municipal, esos que diferencian los lugares indicados mediante un código de colores, con el resto del patrimonio coruñés. Por el rosa de los monumentos, la Torre tiene a su mayor rival en la Ciudad Vieja, mucho mejor representada que el faro romano en los márgenes y los accesos al casco urbano. En el centro la competencia se recrudece, por ejemplo, con el castillo de San Antón o el jardín de San Carlos.
Dependiendo de cual sea la ruta utilizada, sectores como el cultural o el de los museos también acaparan parte de las indicaciones distribuidas por las calles. La Casa de las Ciencias, el Museo Emilia Pardo Bazán o el Aquarium Finisterrae copan parte de los postes informativos. Tanto o más que los aparcamientos públicos de pago o los centros comerciales, que no sólo están presentes en las señales de los accesos, en las afueras de la ciudad, sino que incluso se extienden por el centro. Con los hoteles ocurre lo mismo, a cuenta de informar sobre las plazas y la oferta existente.