PABLO LÓPEZ | A CORUÑA
Las ansias de la Universidad de A Coruña por disponer de una Facultad de Medicina y el rechazo de la de Santiago a que Galicia cuente con más de una escuela para formar doctores han desencadenado una polémica entre compostelanos y coruñeses que, por la pasión con la que los implicados defienden sus argumentos, recuerda al enfrentamiento que ambas ciudades mantuvieron hace años por la capitalidad autonómica.
La designación de los médicos docentes que impartirán clases prácticas en el hospital universitario de la ciudad por parte de Santiago, que según el rector de A Coruña vulnera un protocolo firmado entre los dirigentes de las tres universidades gallegas, es el último capítulo de una disputa que ha puesto en un compromiso a las consellerías de Sanidade y Educación y en la que incluso han tomado partido los gobiernos locales de las urbes implicadas.
Los médicos coruñeses que mejor conocen la relación entre el ámbito universitario y la sanidad, los profesores de las escuelas de Enfermería y Fisioterapia, aseguran que el enfado de la Universidad de A Coruña por la designación unilateral de las plazas para docentes está justificado y no debe considerarse como una simple reivindicación movida por ideales localistas.
La voz contra la designación de plazas decretada desde Santiago no es, sin embargo, unánime en la ciudad. La opinión que mostraron algunos profesores de Enfermería y Fisioterapia contrasta con la de los veinte jefes de servicio del hospital coruñés que emitieron un comunicado en el que muestran su apoyo a la universidad compostelana.
Los responsables de la Universidad de Santiago reclaman su derecho a escoger a unos docentes que, aunque trabajan en el hospital de A Coruña, están asociados a la institución académica compostelana. Los médicos coruñeses que trabajan para escuelas como Ciencias de la Salud y Fisioterapia, sin embargo, recuerdan que el antiguo Juan Canalejo está considerado universitario gracias a acuerdos alcanzados con el rectorado de A Coruña y que, por tanto, la Universidad de A Coruña debe tener la potestad de escoger a los profesionales que imparten clases en las instalaciones.
El principal problema reside en que una parte del conflicto defiende que debe primar el hecho de que los doctores forman parte de la plantilla que trabaja en el hospital y la otra considera que lo que hay que tener en cuenta es su condición de docentes asociados al ente académico compostelano. Defensores y detractores de la polémica designación de plazas, aunque con opiniones totalmente contrapuestas, coinciden al mencionar que todo el conflicto tiene su origen en el interés de ambas universidades por ganar prestigio e influencias.
La Xunta de Galicia es, en palabras de la Universidad de A Coruña, "la gran desaparecida". La Consellería de Sanidade, a pesar de haber participado en la última reunión con los rectores y de ser la encargada de gestionar todo el sistema hospitalario de la comunidad, no ha querido hablar sobre el tema con esta diario, por considerar que resolver las discrepancias entre rectores es competencia exclusiva de Educación, un departamento que ni siquiera respondió a la solicitud de este diario para poder preguntar al conselleiro acerca de la polémica de Medicina.
La titulación compartida
El Gobierno autonómico, aunque ahora guarda silencio, se mostró partidario de la denominada titulación compartida. Este sistema es, en esencia, igual al que existe actualmente, pero teniendo la Universidad de A Coruña la potestad para adjudicar las plazas para los médicos docentes del hospital de su ciudad.
El poder de nombrar a los docentes sería el único que ganaría A Coruña frente a Santiago, ya que los títulos seguirían perteneciendo a la institución académica compostelana y los alumnos, al margen de las prácticas clínicas, recibirían su formación en la capital autonómica.
El protocolo firmado entre los tres rectores gallegos contra el que supuestamente atenta la designación de los docentes constituye un primer paso hacia la titulación compartida, que buena parte de los que reclaman una facultad de Medicina para la ciudad consideran como una transición obligada hacia la implantación en la ciudad de A Coruña de la titulación.
Los alumnos que reciben formación práctica en el hospital de A Coruña -también los hay en el de Vigo- son estudiantes del segundo ciclo de la carrera, que engloba los cursos de 4º a 6º de la licenciatura. Estos aspirantes a doctores acuden a los centros médicos alejados de Santiago para recibir la denominada formación clínica, aunque su aprendizaje teórico sigue siendo patrimonio exclusivo de la universidad compostelana.
Las autoridades universitarias de Santiago, según el propio rector compostelano, prevén intensificar este proceso de descentralización en la parte clínica de la carrera, lo que permite mejorar la formación de los alumnos al incrementarse los recursos hospitalarios al servicio de la docencia.
El rector de Santiago, sin embargo, quiso dejar claro que la apertura de una nueva facultades no es necesaria y que la actual demanda de médicos puede satisfacerse con un simple incremento del número de plazas en la escuela compostelana.
Las aulas de Medicina de Santiago han registrado un aumento del número de alumnos en los últimos años, aunque las cifras se mantienen muy alejadas de las de períodos como la década de los 70. Los más de mil estudiantes que ingresaron en la única facultad de Medicina de Galicia en el año 71 contrastan con los 300 matriculados para el presente curso en una de las licenciaturas con la nota de corte más alta.
El hospital de A Coruña acogerá este curso a un total de 250 alumnos de los cursos de 4º, 5º y 6º. En el supuesto de que se mantuvieran los 200 estudiantes por curso, la cifra de aspirantes a doctor que reciben formación clínica en el complejo coruñés supondría el 31,5% de todos los que cursan el segundo ciclo de la titulación.
Los médicos docentes que imparten las clases tienen la categoría de profesores asociados de la Universidad de Santiago de Compostela, una condición que les permite cobrar entre 200 y 300 euros mensuales por un trabajo que les ocupa un máximo de cuatro horas a la semana.
Los contratos de estos profesores tienen un carácter anual y habilitan a los adjudicatarios de las plazas para ejercer la docencia durante un curso académico completo. La Universidad de Santiago asegura que estos docentes tienen que estar asociados a una Facultad de Medicina y que, puesto que en A Coruña todavía no existe una escuela para la formación de doctores, son las autoridades académicas compostelanas las que deben designar los profesores.
La propuesta de la Xunta de desarrollar la figura del colaborador docente, algo que ya menciona el protocolo firmado entre las universidades en 2008, no servirá para evitar las polémicas según el rector de A Coruña. El problema es que este cargo no puede ser comparado con el de profesor asociado. El colaborador docente pertenecería a las tres universidades por igual, pero no cobraría un sueldo y únicamente obtendría experiencia y prestigio a cambio de su labor como profesor.
También para esta argumentación tienen respuesta los médicos y profesores que apoyan el recurso presentado por la Universidad de A Coruña. Estos facultativos precisan que, aunque la ciudad no dispone de una Facultad de Medicina, cuenta con tres escuelas cuyos alumnos también realizan prácticas en el hospital: las de Logopedia, Fisioterapia y Enfermería.
La presencia de estos estudios en la ciudad hace que el hospital tenga una relación preferente con la Universidad de A Coruña, una alianza a la que algunos invocan al denunciar las supuestas ingerencias de los responsables académicos de Santiago.
Esta argumentación tampoco convence a los que decidieron elegir a los profesores de forma unilateral. El decano de la Facultad de Medicina de Santiago, José María Fraga, afirma que la agrupación de varias titulaciones dentro de la categoría de Ciencias de la Salud jamás debe ser utilizada para equiparar estudios que, según su parecer, tienen más diferencias que semejanzas.
Aunque es cierto que las asignaturas que estudia un alumno de Fisioterapia o de Enfermería son diferentes a las que cursa un matriculado en Medicina, los profesores que imparten prácticas en el hospital a estos estudiantes tienen en común su condición de médicos que, en la mayoría de los casos, compatibilizan su labor como docentes con la asistencia a sus pacientes.
Los profesores de las licenciaturas sanitarias que se imparten en la ciudad se alejan de orgullos localistas y afirman que la designación de los docentes de Medicina por la Universidad de A Coruña facilitaría las tareas de coordinación de las prácticas, al no convivir en las mismas instalaciones profesores asociados a diferentes centros académicos.
Aunque reconocen que la implantación de los estudios de Medicina en la ciudad es algo poco probable, insisten en el derecho de la Universidad de A Coruña a coordinar las prácticas que acoge un complejo con el que, según una serie de acuerdos, mantienen una relación preferente.
Los dirigentes de las universidades coruñesa y compostelana únicamente coinciden en un aspecto relacionado con la polémica de los estudios médicos: la consideración de que el hospital de A Coruña dispone de todo lo necesario para que los estudiantes reciban una formación de calidad.
Los datos confirman esta afirmación, que comparten los rectores de las universidades de ambas ciudades. Tanto el antiguo Juan Canalejo como el complejo universitario de Santiago tienen la consideración de hospitales terciarios, la más alta que recoge el actual sistema sanitario español.