ANA RODRÍGUEZ | A CORUÑA
En su libro Escritos para ancianos optimistas, el pediatra coruñés Eumenio García Vidal, de 92 años, convoca, a modo de chanza, una manifestación de ancianos sublevados unidos que piden libertad y no tener que ser ni política ni socialmente correctos. En este volumen deja, desde su experiencia, una gran variedad de conclusiones de su debate interno en torno a la vejez: el proceso de envejecimiento, la relación con el médico, la hora de la muerte, el amor y la sexualidad... ayer habló de algunos de estos asuntos en el Club de Mayores de la Asociación Rueiro.
-¿Cómo es que un pediatra decide escribir un libro sobre la vejez?
-El libro cuenta una experiencia humana, no es un libro científico, es un libro escrito por un señor mayor que tiene noventa años pero que nunca se ha sentido anciano, en el peor sentido de la palabra. ¿Sabes cuándo me di yo cuenta de que era anciano? Cuanto tenía 85 años: jugaba al golf y fallé un birdie.
-Y eso que muchos ya se dan por perdidos desde la jubilación.
-Yo no creo en la palabra jubilación, creo que se debe trabajar toda la vida, aunque ya se esté en el lecho impedido. Hay que imponerse algo que hacer, una obligación. No comprendo el ocio total, ni la jubilación como ocio total.
-Y para llegar bien a los noventa, ¿hay que cumplir aquello de poca cama, poco plato y mucha suela de zapato?
-Pues la verdad, nunca he sido una persona de grandes paseos ni nunca he seguido ningún tipo de régimen de alimentación. Yo estoy operado del corazón y al mes tendría que haber pasado una revisión. Van trece años y aún no la he pasado. No sé ni mi tensión arterial, ni mis niveles de colesterol, ni de ácido úrico...
-¿Es difícil ser anciano en una sociedad que únicamente considera útil al joven?
-Con sinceridad, no soy correctamente sociable. La sociedad está completamente equivocada respecto a los ancianos. No somos jóvenes en declive, al igual que un niño no es un adulto pequeño. Un niño es un niño y un anciano es un anciano. Tenemos nuestra propia personalidad. La sociedad nos puede tratar como quiera. Yo tengo una idea utópica: los ancianos podemos cambiar el mundo.
-¿Cuál es su poder?
-Pues, como todos, el anciano puede ser un anciano malo, un anciano regular o un anciano bueno. Si somos buenos, podemos cambiar el mundo cambiando nuestro entorno: familia, calle, ciudad...
-¿Es esa ciudad un entorno hostil para las personas mayores?
-No importa en realidad. La felicidad no depende de los bienes materiales. La ciudad puede dar bienes, pero ahí no está nuestra felicidad.
-¿Cuál es el error que, a su entender, cometen las personas al percatarse de su vejez?
-No aceptarlo. Una de dos, la vejez o se acepta o se padece. Quien no acepta su vejez, la padece.