SANTIAGO ROMERO | A CORUÑA
Cuando la gran banca española concluía a finales de los 80 la sustitución al frente de las naves de los que tienen por los que saben, el Banco Pastor sorprendía a todos con el fichaje de Guillermo de la Dehesa, que había sido en esa década el jefe de máquinas de la economía del Estado. De la Dehesa, uno de los grandes referentes de la economía española, ex vicegobernador del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, miembro del Grupo de los 30 -los economistas más influyentes del mundo- y actual consejero del Banco Santander, tuvo un gran protagonismo en la dirección ejecutiva del Banco Pastor de 1988 a 2002. Su designación como consejero delegado del Pastor fue una apuesta personal de Carmela Arias Díaz de Rábago. De la Dehesa relataba a este periódico ayer su relación con la condesa de Fenosa, poco antes de la presentación en Madrid de su libro La primera gran crisis financiera del siglo XXI por los ex ministros Boyer,Solchaga, Solbes y Rato.
"Carmela me había venido a ver a Madrid cuando yo me estaba yendo del Ministerio de Economía. Sabiendo que me iba, vino a decirme que quería que fuese a trabajar con ella. La impresión en ese primer encuentro con ella y en otros posteriores hizo que me decidiera. Tuve una relación muy estrecha con ella y también con sus sobrinos. Yo hice el traspaso de poderes, digamos, de ella hacia José María y Vicente. Luego, cuando ya José María tomó el poder, yo me quedé de consejero hasta el 2002, en que me fui al Santander. Desde que dejé el Pastor la he ido a ver todos los años cuando he pasado por Coruña y hablábamos por teléfono en navidades o en su santo. Ella tenía Parkinson, pero no se lo notaba, sólo empecé a notarlo últimamente hablando por teléfono, porque tenía dificultades en expresarse", recuerda.
Cuando Carmela Arias convenció a Guillermo de la Dehesa para pilotar el Pastor, era la única mujer que presidía un banco en España, algo que por aquel entonces probablemente fuese visto por un círculo tan exclusivo más como un handicap que como un hito. Quizás la palabra advenediza llegó a pronunciarse en esos cenáculos. Los hechos borrarían cualquier reserva sobre su capacidad.
"Entonces no había ninguna mujer al frente de un banco, por supuesto. Ella llevaba ya tiempo presidiendo el Pastor, lo que pasa es que en ese momento, cuando viene a verme en el 88, quería cambiar la alta dirección del banco, que entrase sangre nueva, no quería dar aún un paso decisivo con sus sobrinos, porque consideraba que aún estaban formándose. Siempre ha sido una mujer con un sentido común aplastante, que es algo fundamental para cualquier negocio. No hace falta saber de todos los detalles financieros para tener sentido común. Tenía una gran intuición de que lo que debe ser un banco. En la crisis del 93-94 pasamos momentos difíciles, con la morosidad muy alta y hubo que tomar decisiones importantes, como fue el caso de la venta de Gas Madrid, pero ella siempre mantuvo la mente totalmente fría. Lograba mantener esa frialdad en cada decisión. No estaba influida por nadie, aunque ejercía como presidenta del banco y de las empresas del banco después de preguntar a unos y a otros. Tomaba decisiones y no le temblaba el pulso el hacerlo. Eso era lo más positivo que tenía", aclara el actual consejero del Santander.
De la Dehesa recuerda las intervenciones de la condesa en las discusiones de la cúpula ejecutiva del banco como un factor siempre decisivo. La imagen enérgica que proyecta la memoria del ex consejero delegado del Pastor disipa el estereotipo de mujer introvertida que ha trascendido en la calle. "En todas las reuniones en las que se discutían riesgos o créditos importantes que daba el banco, ella intervenía muchísimo. Sabía que si un banco fracasa es porque invierte mal el dinero de sus depositantes. Se mostraba muy activa en esas discusiones, se lo estudiaba todo la noche antes y lo traía todo subrayado. Además, a veces conocía a las personas a las que les íbamos dar los créditos o el meollo de sus empresas y ahí opinaba mucho".
En sus años como consejero delegado, lo que le obligaba a pasar tres días a la semana en Galicia, De la Dehesa ocupaba una planta de un edificio de María Pita, justo encima de la residencia de la condesa, lo que ayudó a fraguar una relación que iba más allá de lo profesional, a pesar de la personalidad tan reservada de Carmela Arias, que para muchos rayaba en el enclaustramiento. "Es cierto que era una mujer muy reservada, pero tenía sentido del humor. Y muy agudo. Cuando tenía confianza, opinaba de todo con gracia. Luego ella venía todas las semanas a Madrid, porque se daba cuenta de que era un sitio donde había que estar".