GEMMA MALVIDO | A CORUÑA
Muchos no tenían ni idea y se quedaron largo rato intentando descifrar qué quería decirles aquel folio que les prohibía el acceso a la segunda planta del centro sanitario; otros, sin embargo, llegaron con la lección bien aprendida y la tarjeta sanitaria en el bolsillo. El Complejo Hospitalario Universitario A Coruña (CHUAC) estrenó ayer sus nuevas instalaciones para consultas externas. Algo que no se reduce a una distribución diferente del suelo, sino que es también una manera completamente distinta de entender la atención al paciente.
"Se gana en confidencialidad, en comodidad y también en tiempo", explica una portavoz del centro. Y es que el Universitario estrenó ayer un dispensador de citas que funciona con la tarjeta sanitaria. Más de 1.500 pacientes acuden cada mañana a estas consultas que ocupan ahora las plantas baja, segunda, tercera y cuarta del hospital.
Este nuevo dispositivo que ha sido creado basándose en las necesidades propias del hospital -y que está abierto a modificaciones y mejoras- lee la información de la tarjeta sanitaria y entrega a cada paciente un papel en el que le indica la consulta a la que ha de acudir, el número de la sala y una estimación de la hora a la que será atendido por su médico. Esta información permite a los enfermos disponer de su tiempo hasta que sean llamados a consulta.
"Se acabó lo de las enfermeras gritando los nombres", comentaban unas mujeres en la sala de espera de las nuevas consultas externas, con su papel en la mano. Este cambio se debe a la ley de protección de datos, que exige que los pacientes puedan asistir al médico sin que nadie más que ellos lo sepan.
Para facilitar este anonimato, unos paneles anuncian los números de la cita y un muñequito rojo parpadea y camina para que el enfermo que tenga esa cita se acerque a la sala para asistir a consulta. Para que nadie se pierda su hora con el médico, cada cambio de número se anuncia con un timbre que casi obliga a no perder de vista el monitor.
El hospital reforzó ayer el personal de atención al público para que, los que menos información tuviesen sobre el cambio de instalaciones, no perdiesen ni un solo minuto intentando encontrarse en un edificio completamente remodelado, según informó un portavoz del centro sanitario.
Dicen que tuvieron problemas sólo algunas personas que, quizá por descuido o por un transporte incorrecto, acudían al centro con las tarjetas rayadas y las máquinas, aunque son nuevas, no son infalibles y se negaron a leerles la banda magnética.
"Lo que tenemos que transmitirle ahora a los pacientes es que es imprescindible traer la tarjeta sanitaria cuando vienen al hospital, igual que cuando van a la farmacia con las recetas", aseguró ayer la supervisora del área de consultas externas del hospital público, Cecilia Aller que, por otra parte, quiso quitarle dramatismo al cambio. "Que nadie se preocupe si se la olvida los primeros días o si la máquina no se la lee, porque todo se puede arreglar", comentó.
El tiempo que permanecerá en su puesto el personal de refuerzo no se ha definido todavía, "hasta que los pacientes se acostumbren", es la única limitación temporal que pone Aller para que las cuatro plantas que acogen ahora las consultas externas empiecen a crear su propia rutina. Los que ayer apuraban el penúltimo cigarrillo de la mañana viendo cómo la lluvia caía y cómo los coches iban y venían por delante del hospital aseguraban que el cambio, en principio, les parecía "para mejor" porque, entre otras cosas, les concedía un tiempo más que suficiente para robarle unos minutos a la salud en forma de calada, incluso para tomarse un café.
Para ayudar a los enfermos, desde el servicio de radiodiagnóstico, una línea naranja en el suelo guía a los pacientes desde los mostradores hasta la unidad. Las líneas de autobús han modificado también su recorrido para facilitar la accesibilidad de los pacientes, aunque muchos usuarios del transporte público se quejaban ayer de que los taxis deberían tener su parada en las puertas del recinto porque muchos de los enfermos no pueden caminar con facilidad.
Donde ahora están estas consultas externas, antes había plantas de hospitalización y, según una portavoz del complejo, la transición se ha ido haciendo poco a poco, desde este edificio al que se le ha vuelto a hacer todo el interior, acomodándolo a las necesidades de personal y pacientes, a las nuevas instalaciones de hospitalización del Universitario.
"Todo es nuevo", desde los aparatos de los que están dotados las consultas hasta las paredes y los carteles que cuelgan de estas instalaciones que han dejado atrás las camillas, las sábanas y los ramos de visita y las televisiones encendidas para acoger consultas como las de psiquiatría o nefrología.
Estos cambios obedecen al plan director en el que el complejo hospitalario se encuentra inmerso.