PABLO LÓPEZ | A CORUÑA
Uralitas que caen de los tejados, cristales que se desprenden de las fachadas de los edificios, antenas que se precipitan al vacío y parques cerrados. Los bomberos de la ciudad tuvieron ayer una jornada de trabajo anormalmente dura debido al medio centenar de desperfectos que causó el temporal en casi todos los barrios de la ciudad.
La lista de calles que visitaron los antiincendios durante el día de ayer es sorprendentemente larga. La limpieza de Monasterio de Bergondo por la caída de fragmentos de un tejado, el cierre de un tramo de la calle Costa Rica por la presencia de trozos de vidrio procedentes de una ventana, la retirada de un rótulo comercial que el viento arrancó del bajo de una peluquería y la clausura de parques como el de Santa Margarita fueron sólo algunas de las intervenciones de los bomberos para minimizar los efectos de un temporal que, a pesar de su violencia, todavía no había causado daños personales de gravedad al cierre de esta edición.
Una de las pocas personas que sufrió en sus propias carnes las consecuencias del temporal fue una mujer que paseaba por la calle Olmos, a la que le cayó un cubo de pintura en la espalda. La víctima de este suceso sufrió, además del susto, un fuerte dolor que cesó al cabo de unos minutos y después de las palabras de apoyo de los vecinos que transitaban por la vía.
Los bomberos, aunque reconocen que el temporal de ayer fue mucho más benévolo que el ciclón Klaus, aseguran haber vivido un día muy complicado.
"Ha sido un día desastroso con muchas salidas. La situación empeoró aún más con la llegada de la lluvia", manifestó un bombero, preocupado por la combinación de agua y viento que se materializó con especial virulencia alrededor de las 20.30 horas.
El agua, como el viento, también causó numerosos estragos. Varios vehículos quedaron atrapados en la calle Gambrinus a causa de la inundación de la calzada y los bomberos visitaron decenas de edificios por filtraciones de agua.
El temporal perdió fuerza alrededor de las 22.00 horas, aunque los antiincendios se mantuvieron alerta durante toda la noche, después de que los meteorólogos advirtieran de que los fuertes vientos persistirían hasta las seis de la madrugada.