MARÍA PARDO | A CORUÑA
La Audiencia provincial ha condenado a nueve años de prisión y al pago de una indemnización de 12.000 euros a un hombre que abusó sexualmente de su hija de trece años en al menos cinco ocasiones. José Ramón T.R., que negó en el juicio haber violado a la niña, cuenta con un amplio historial delictivo. Entre otros delitos, en 1993 fue condenado por una violación.
El sospechoso estuvo en prisión casi ininterrumpidamente desde el año 1992 hasta 2003 y al obtener la libertad fijó su domicilio en la calle Valencia de A Coruña, a donde también se trasladó su hija menor de edad. Desde que su progenitor entró en la cárcel, la menor ingresó en el hogar infantil Emilio Romay, donde estuvo seis años, hasta que en 1998 fue acogida por su abuela paterna.
Cinco años después regresó al centro San José de Calasanz, pues los técnicos de los Servicios Sociales entendieron que su evolución no estaba siendo la correcta. Allí permaneció hasta que su padre salió de prisión y se hizo cargo de ella, momento en el que la Xunta dejó de tener la guardia de la menor.
La sentencia considera probado que desde finales del mes de octubre de 2004, el padre de la menor entró desnudo en al menos dos ocasiones en su dormitorio para someterla a tocamientos con propósito sexual. Según contó la víctima, su padre abandonó la habitación cuando ella comenzó a llorar. Sostiene el tribunal que, al menos dos veces más, el acusado se metió en cama de la niña y la penetró vaginalmente. La última violación se produjo en la madrugada del 20 de diciembre de 2004, cuando permitió a su padre realizar el coito con ella porque él le dijo que sería la última vez y ella había decidido que se iba a ir de casa, según contó en el juicio que se celebró a principios de noviembre en la sección primera de la Audiencia provincial.
El tribunal, según expone en la sentencia, tuvo dudas sobre la veracidad de las declaraciones de la víctima, pues los informes psicológicos sostienen que la denunciante sufre "falta de valores y tiene tendencia a la mentira y a la manipulación" como consecuencia de una personalidad desestructurada.
La sala entiende, no obstante, que hay otros elementos que permiten concluir que el acusado abusó de ella. Los jueces creen que no tiene motivos para inventarse el ataque. De hecho, en el juicio afirmó que había pensado en decir que todo era mentira para que su padre no fuera preso, pero decidió mantener la acusación "porque no tiene perdón". Otra prueba clave para el tribunal son las bragas de la menor que los agentes recogieron en el centro de menores de Ferrol, en las que se encontró semen del procesado, lo que concuerda con la versión de la víctima, que dijo que su padre siempre eyaculaba fuera de la vagina.