PABLO LÓPEZ | A CORUÑA
La asociación de vecinos de El Ensanche, que consiguió forzar este mismo año el cierre de dos locales after hours en la calle Pintor Joaquín Vaamonde, pretende solucionar de la misma manera los problemas de inseguridad que denunciaron los residentes de Cabo Santiago Gómez. Gerardo Crespo, que mantendrá hoy una reunión con los vecinos, está dispuesto a patrocinar cualquier medida que sugieran los residentes, incluidas la organización de patrullas ciudadanas y las manifestaciones.
"Los vecinos de Cabo Santiago Gómez son incluso más proclives a las medidas duras que los de Pintor Joaquín Vaamonde. Si hay que salir a la calle, se saldrá de inmediato", comentó Crespo sobre su participación en una asamblea con los residentes.
El presidente de El Ensanche, tras conocer los testimonios de vecinos que han sufrido robos o que han visto con sus propios ojos escenas relacionadas con el narcotráfico y la prostitución, ha anunciado que emprenderá medidas para conseguir que los establecimientos que, según la mayoría de los vecinos son los causantes de altercados y delitos, dejen de funcionar.
Gerardo Crespo ya ha advertido de que las únicas medidas que funcionan para solucionar este tipo de problemas de inseguridad son aquellas "que hacen daño al Ayuntamiento".
El dirigente vecinal considera que los delincuentes "campan a sus anchas" por la zona debido a la escasa presencia policial y a la poca determinación que muestran los agentes.
"¿Dónde está la policía? ¿Por qué están abiertos estos locales de alterne ilegales que actúan además como after hours?", denuncia Crespo, cuyas declaraciones acerca de los establecimientos de Cabo Santiago Gómez en los que supuestamente se ejerce la prostitución son prácticamente idénticas a las que en su día manifestó sobre los after hours cerrados en la calle Pintor Joaquín Vaamonde.
Los residentes de Cabo Santiago Gómez tomaron la decisión de reclamar soluciones a la inseguridad en la zona después del intento de secuestro sufrido por una menor y del robo perpetrado dentro de la vivienda de una anciana. Los vecinos padecen la sensación de inseguridad desde hace años, pero estos dos sucesos han colmado su paciencia y han provocado que las adolescentes tengan miedo a regresar solas a sus casas o que los mayores hayan instalado nuevos sistemas de cierre para las puertas de sus viviendas.
Estas noticias han hecho que los habitantes de la calle sacaran a la luz problemas que se repiten casi todas las semanas. Los vecinos de los edificios aseguran escuchar con frecuencia gritos y peleas y añaden que el pitido de las sirenas de la policía es una banda sonora habitual de las noches en la zona.
Los que se han aventurado a pasear por el barrio a las horas más conflictivas llegan incluso a asegurar que han visto a los narcotraficantes vendiendo su mercancía en plena calle o a las prostitutas trabajando dentro de los coches de sus clientes.
Los residentes opinan que los clubes de alterne y after hours que hay en la zona funcionan de forma ilegal y reclaman la intervención policial.