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MARCOS OTERO | A CORUÑA Ni cafés de puchero, ni cabezas lavadas con garrafas, ni mucho menos duchas mañaneras interrumpidas. Y es que finalmente las obras en la red de abastecimiento de agua a la altura de Penamoa no tuvieron los efectos negativos anunciados sobre la población de cuatro barrios de la ciudad. La Sagrada Familia, O Ventorrillo, el Agra do Orzán y parte del polígono de A Grela continuaron durante buena parte del día de ayer con el suministro habitual. Ni rastro de los posibles cortes intermitentes, los descensos en la presión o el agua turbia sobre los que avisó la empresa municipal de aguas (Emalcsa) como consecuencia de la sustitución de un tramo de tuberías en Penamoa.
Esto no quiere decir que no se produjeran este tipo de episodios puntuales, dada la extensión de la zona afectada, tal y como excusó la concesionaria del servicio. Pero lo cierto es que no fue un fenómeno generalizado que afectara a la totalidad de los vecinos que habitan la zona afectada por los trabajos.
Y gracias, porque algunos de los consultados ayer por la mañana ni siquiera conocían la posibilidad de que el abastecimiento de agua sufriera alteraciones, pese a los anuncios de la empresa difundidos a través de los medios de comunicación.
Ayudó también a que los efectos de las obras pasaran desapercibidos la meteorología experimentada ayer en la ciudad. Las abundantes lluvias caídas durante primera hora de la mañana retrasaron el comienzo de los trabajos en el tramo de la tercera ronda que atraviesa Penamoa y donde estaba programada la sustitución de las tuberías que parten de los depósitos situados allí. De esta forma, en lugar de que los operarios comenzaran a trabajar a las nueve de la mañana como estaba inicialmente previsto, lo hicieron alrededor de las once y media, según la empresa municipal de aguas.
Comenzados los trabajos, sus efectos no se percibían en viviendas ni negocios. Por ejemplo en una peluquería cercana al centro de salud de O Ventorrillo, muy cerca de la avenida de Finisterre. Su encargada atendía sin complicaciones a una clienta e incluso abría el grifo para corroborar que el agua salía con la presión habitual y sin ningún tipo de residuo que alterase su aspecto. Ésta fue la principal advertencia formulada por Emalcsa los días previos al comienzo de las obras: la posibilidad de que el agua estuviera turbia. La razón expuesta por la empresa concesionaria del suministro fue la necesidad de bombear el agua a la zona afectada desde los depósitos de O Ventorrillo. Esta modificación podía provocar que se removiesen los sedimentos depositados en las cañerías y el agua llegase turbia.
No fue así durante la mañana. Ni en la peluquería cercana al centro de salud de O Ventorrillo ni en las cafeterías existentes en el barrio. El suministro estuvo asegurado durante toda la mañana. No hubo que servir el café con agua embotellada ni hubo que desconectar las máquinas. Funcionaron toda la mañana. Como en el caso de una existente en la ronda de Outeiro, muy cerca de la rotonda que cruza con la avenida de Finisterre. Sus dueños conocían que, en caso extremo, se pudiese interrumpir el abastecimiento. Pero eso no les hizo ser previsores y acumular agua el día anterior para cocinar o para lavar la loza en caso de que no funcionara el lavavajillas. "No se me ocurrió", excusaba ayer el encargado mientras servía cafés de la máquina a los clientes sin ningún tipo de problema.
"Esto es caprichoso", argumentaron los portavoces de la empresa municipal de aguas. Justificaron sus avisos a la población de la zona afectada como medida de anticipación en caso de que finalmente se produjeran las alteraciones en el suministro. "Pero eso no significa que tengan que producirse", corrigieron. Superado el mediodía, y alrededor de las tres de la tarde, Emalcsa no había registrado ningún tipo de "incidencia". En vista de eso, la empresa descartaba que pudieran producirse en masa.
En distintos puntos de la zona delimitada por la concesionaria como afectada por los trabajos tampoco se producían incidencias. Así, por ejemplo, en la plaza del Castillo de Olite -en el barrio de la Sagrada Familia-, una cervecería que sirve también comidas se preparaba sin ninguna complicación para atender a los clientes. Sin bajadas de presión durante toda la mañana. Lo mismo ocurría en las cercanías de la plaza de As Conchiñas y en el resto del Agra do Orzán. Y la situación se mantuvo también así por la tarde.
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