Un cuarto de siglo de la aprobación del 'topless' en la ciudadUn cuarto de siglo de la aprobación del 'topless' en la ciudad
ANA RODRÍGUEZ | A CORUÑA
Como sede de una polis autoconvencida, el Palacio de María Pita tenía hace veinticinco años su propia temperatura. Calentitas andaban las cosas entre las paredes del consistorio. El señor embajador lo escribe bien clarito: "Los políticos fuimos de todo menos aburridos, no sólo por nuestras narices u orejas, sino por nuestras ocurrencias y declaraciones y por nuestras ciudades-estado". En las sesiones mensuales querían hablar todos y se hablaba de todo, desde pequeños problemas domésticos a grandes conflictos internacionales. El otoño de 1984 fue un año convulso a la par que divertido en el salón plenario: casi al tiempo que se dictaba una polémica norma que permitía el topless, también se aprobaba el primer plan urbanístico de la democracia, que se llevó por delante la mayoría política con la que Vázquez comenzó su primera legislatura con el bastón de mando y ordeno.
"Hoy son más tiempos de encefalograma plano porque ya se sabe que en política lo correcto siempre es igual a mediocridad", reflexionaba Francisco Vázquez para comparar los tiempos actuales con el talante ardiente de la Transición y los primeros años de la democracia. "Era el espíritu de la época", describe Joaquín López Menéndez, alcalde en 1981 tras una moción contra Domingos Merino y que en 1984 se mantenía en María Pita como concejal por La Coruña Unida. "Creo que nos considerábamos una ciudad-estado que tenía que opinar de todo", añade el ex regidor.
"Vehemencia", "pasión", "entusiasmo"... son algunas de las palabras que salen por boca de los concejales de la época cuando se les pregunta si, en este caso, el tiempo pasado fue mejor. No saben si mejor, pero sí diferente. Pregúntenle a Pedro Arias, hoy diputado del PP en el Parlamento de Galicia, que inició la legislatura como titular de Hacienda del PSOE y lo terminó como edil no adscrito después del recordado como "pleno del siglo". En él, al igual que dos de sus compañeros de filas, Segundo Pardo y Enrique Carreira, la discrepancia de Arias mereció que Vázquez lo condecorara y condenara de por vida con la cruz y raya de honor de los socialistas. Fue un caluroso pleno de seis horas en el que Vázquez logró su propósito con apoyo de AP.
Caluroso, aunque con un ambiente político mucho más divertido y relajado, también había sido el pleno que, sólo dos meses antes, aprobó que las coruñesas pudiesen retirar la parte superior de su bikini en las playas del municipio. "Lo pasamos cojonudamente, pero después las cosas cambiaron mucho", recuerda Álvaro Someso (La Coruña Unida) sobre ese viraje en las sesiones plenarias del resto de la legislatura. Vázquez, después de las convulsiones de sus primeros cuatro años como alcalde, se cuidó muy mucho de que algo semejante no volviese a pasar.
No alcanzó un pleno para que sus señorías se pusiesen de acuerdo en aquello del senofree que propuso el propio Pedro Arias, miembro de la Coordinadora Nudista Ecológico Radical, promotora de los derechos de los naturistas en Galicia, en una época en la que el cura de Baroña y sus feligresas perseguían con palos y fouces a los coiristas del Son.
Rayaba el otoño de hace 25 años cuando Pedro Arias -hoy diputado autonómico del PP- pedía que se aprobase por la vía de urgencia la legalización del nudismo en las playas locales.
A los "torquemadas transhistóricos", Arias les explicaba que "la lascivia no yace en la circunstancia ni en el accidente playero, sino en el alma del voyeur o mirón". Pedía, con el apoyo de su grupo municipal, que se legalizasen las distintas maneras de hacer nudismo en los arenales coruñeses, "bien en su variante anglosajona del topless, o hábito de dejar sus pechos al aire en versión homologada, bien en su forma edénica integral". El objetivo era que realmente A Coruña fuese para los nudistas "una ciudad en la que nadie es forastero".
En las filas contrarias, sumamente encolerizado, aunque con todas las de perder por la distribución de escaños, José González Dopeso, que ya en anteriores ocasiones había reprobado las prácticas naturistas del concejal de Hacienda: "El cachondeo está bien para la playa de Baroña, pero no para sacudir los bolsillos de los contribuyentes", criticaba en la sesión de aprobación de los presupuestos municipales. "Admiro el desnudo femenino y las obras de arte, pero no ver al señor Arias desnudo en Interviú", replicó Dopeso en aquel encuerado pleno.
La temperatura del debate subió cuando el líder de Alianza Popular espetó: "Ya dijo Cecil Roberts que en Alemania, por el camino del desnudismo, se fue al brazo en alto y así terminaron en guerra mundial". Llegado este punto, "ya que se plantea una guerra mundial por el nudismo", el alcalde Vázquez decidió dejar descansar la cabeciña a los ediles y aplazar la votación para el siguiente encuentro de la corporación.
Segunda sesión
Ya con los ánimos más calmados y con el naturismo de nuevo como uno de los puntos del orden del día, en el pleno del 9 de septiembre se presentaron en María Pita el grupo socialista y parte del grupo de Alianza Popular. "Siento que estén desnudos los bancos de La Coruña Unida y en topless los del Grupo Popular", bromeó al empezar Pedro Arias. La primera en intervenir fue Ángeles de la Iglesia, a la que el verbo florido de Arias no le gustaba nada: "Necesitaría un diccionario para descifrar algunos de los términos que el señor Arias utiliza y la próxima vez le pediré que me lo facilite".
En ese común baile de escaños de la época, De la Iglesia se presentó a las elecciones dentro del grupo conservador, pero acabó siendo también edil independiente. "Estoy de acuerdo en que se acote una playa y se eviten los escándalos y no se lesionen los sentimientos de los demás", manifestó la actual presidenta de la federación comarcal de empresarias. Arias no cejó en su empeño. "También los pendones tienen sus derechos, máxime cuando el pendonismo parece que es consustancial o correlacionado con la posmodernidad de otras zonas", declaró.
Los ediles notaban cómo a Dopeso, dentro de su prestancia de caballero coruñés, se le iba hinchando la vena, mientras recomendaba la instauración de un desnudódromo: "Y procuren hacer las murallas bien altas para que los mirones no puedan contemplar los magníficos atributos sexuales de alguna compañera". También por los conservadores, Cobián Varela pidió que se asignara "un metro cuadrado a cada desnudista en las playas habilitadas".
Otro de los grandes adalides del nudismo en la sesión plenaria fue el actual alcalde, por aquel entones un alevín de concejal en la corporación, con 29 tiernos añitos. "Si unos ojos que están en Ibiza o en Barcelona no se asustan, los de A Coruña no se deben asustar. A lo mejor resulta que en A Coruña es problema del viento que tienen aquí o de la humedad y en su cerebro se producen esas cosas", apuntó el joven concejal.
Vázquez sacó de enciclopedia coruñesista para intervenir: "Lo de la humedad es la teoría de un coruñés famoso, ligado el mundo del arte, que ha reflejado en bastantes conversaciones el problema de la humedad en los cerebros".
El asunto quedó listo para votación. En negativo, cuatro manos de los conservadores presentes. En positivo, los socialistas. Se abstuvo Ángeles de la Iglesia. Quedaba legalizado el topless pero no el nudismo, aunque el Concello se comprometía a buscar una playa adecuada o, en el caso que no fuera posible, "realizar las gestiones necesarias para su ubicación en la zona litoral de la comarca".
Sólo dos meses después, Dopeso votaría, como jefe de la oposición, al lado del grupo de Vázquez a favor del Plan General de Ordenación, de la cesión de la parcela de A Cubela donde hoy se levanta El Corte Inglés y de la construcción de ocho parkings subterráneos, entre ellos, el de María Pita. Este proyecto fue censurado por el Colegio de Arquitectos, que se negó a dar el visado para ejecutar la obra porque incumplía la legislación sobre uso del suelo, y, una semana después, por más de 5.000 ciudadanos, que se concentraron en la plaza convocados por una comisión de residentes para protestar contra la construcción.