GEMMA MALVIDO | A CORUÑA
Humo rosa, animales que no salen en las enciclopedias, que llenan sus vientres de viento y que viven por encima de las cabezas de quienes se acercan a verlos danzar en el cielo se convirtieron ayer en unos coruñeses más que, a media tarde, pasearon desde los Cantones a la plaza de María Pita.
Fueron miles de vecinos los que se despegaron ayer del sofá para ver, en las calles que pisan cada día, cómo los artilugios de la compañía burgalesa Cal y Canto llenaban de color y música sus paseos.
Tras ellos quedaba un humo rosa. "Dice mamá que nos vamos, que huele mal", le decía una niña a su hermana, cogiéndola de la mano y agachando la cabeza, como si los nuevos habitantes viniesen a por ellas.
Y se abrían camino con pasos largos que se adelantaban en el aire, con los movimientos de los animales de tela de colores que tenían entidad y movimientos propios. Un paseo, como el que realizan otros muchos, pero con un color diferente, con más música, con una parada para ver qué pasacalles se hacen en otras ciudades y para ver algo diferente a Reyes Magos y papá noeles colgados del balcón.