RUBÉN GARCÍA | A CORUÑA
La Xunta recomienda que, para acabar la obra del parking de O Parrote, se utilice la propuesta aprobada para la remodelación de La Marina, que se encuentra en un cajón del palacio de María Pita. La idea consiste en enterrar el tráfico y, al mismo tiempo, conservar las antiguas murallas de la ciudad.
El director xeral de Patrimonio, José Manuel Rey Pichel, destacó ayer que el proyecto de José González-Cebrián Tello para la reforma de La Marina garantiza la "preservación de los valores históricos de una ciudad". Su idea es que el único tráfico que exista en superficie sea el del transporte público y el de los residentes en la zona, mientras que el resto de vehículos se redirigirá a través de un túnel; aumentar las zonas verdes y crear en la dársena un gran bulevar. González-Cebrián sí tiene en cuenta la presencia de murallas una vez arranquen las prospecciones, una circunstancia que no se advirtió para el parking de O Parrote y que ha provocado la paralización de la obra.
El problema es que el proyecto que ahora destaca el director xeral de Patrimonio Cultural no se ha llegado a ejecutar. Un jurado formado por el Ayuntamiento, la Autoridad Portuaria, los colegios de arquitectos y de ingenieros de caminos y la federación de asociaciones de vecinos se decantó por la propuesta de González-Cebrián en marzo de 2007. Casi tres años después, el proyecto se encuentra paralizado y sin visos de que la obra, presupuestada en 13,63 millones de euros, empiece a corto plazo. De hecho, el Gobierno local llegó a condicionar el futuro del proyecto de La Marina a la solución que al final se adopte en O Parrote, pues ejecutar al mismo tiempo dos obras de estas características que se encuentran a escasos metros de Puerta Real dificultaría la circulación por el centro de A Coruña.
El aparcamiento de O Parrote ha provocado un cruce de acusaciones entre el Ayuntamiento y el Puerto. La semana pasada, el Ejecutivo local responsabilizó a la institución marítima, promotora del proyecto, de los retrasos en la obra, paralizada desde hace dos años tras el descubrimiento de restos de la antigua muralla defensiva de la ciudad que datan del siglo XVIII. La obligación de conservar el baluarte obliga a reducir en un 40% las plazas de aparcamiento previstas. Después de que la Consellería de Cultura reconociese que aguarda a que la Autoridad Portuaria presente una alternativa, el Concello aprovechó para cargar contra el Puerto. Según la institución que preside Enrique Losada, la Autoridad Portuaria y la constructora, Copasa, ultiman el nuevo proyecto, que consistirá en habilitar una planta en superficie para uso comercial y compensar así la pérdida de plazas de garaje.
Sin terrazas en María Pita
El director xeral de Patrimonio se encuentra entre los detractores de las terrazas de María Pita. Si fuera por Rey Pichel, las casetas acristaladas nunca se hubiesen instalado en la plaza del Ayuntamiento: "El ciudadano debe tener la oportunidad de pasear tranquilamente. La plaza de María Pita es un modelo de plaza cerrada que requiere que no haya obstáculos".