REDACCIÓN | A CORUÑA
Un hombre que en 2001 ejercía como médico en el Complejo Hospitalario Universitario se sentará la próxima semana en el banquillo de los acusados del Juzgado de lo Penal número 1 por presuntamente cometer una imprudencia grave. El fiscal sostiene que el imputado sólo le realizó una prueba de orina a un paciente que acudió a urgencias porque tenía un testículo inflamado y sufría mareos y vómitos.
El hecho de que el facultativo no llamase al especialista en urología ni le realizase más análisis provocó, según la Fiscalía, que al enfermo le extirpasen un testículo. "La pérdida definitiva del testículo derecho se produjo por las decisiones erróneas del doctor al haberse mantenido en el tiempo la situación de tensión testicular, no utilizándose en la asistencia médica los medios diagnósticos eficaces y disponibles que con probabilidad hubieran evitado su pérdida", asegura el representante del Ministerio público en su escrito de calificación sobre los hechos.
El fiscal considera al procesado autor de un delito de lesiones por imprudencia grave por el que solicita que sea condenado a un año de prisión y a indemnizar a la víctima con 23.629 euros por el daño moral que le ocasionó.