ANA RODRÍGUEZ | A CORUÑA
Perro malo, perro malo... o dueño malo. Muchos canes coruñeses se muestran poco receptivos a las órdenes de sus mejores amigos humanos. Sus cartillas de notas dejan mucho que desear. Unos suspenden en higiene, algunos catean la obediencia, otra de las asignaturas más conflictivas es la convivencia y la mayoría, para pesar de sus vecinos, no son partidarios del silencio. Las cuitas de sus amos son innumerables y algunos asumen su parte de culpa. Pero A Coruña también tiene sus encantadores de perros, dispuestos a ayudar a los desesperados cuidadores, en un curso en el parque de Santa Margarita organizado por la asociación Cancoruña.
¿Qué les pasa a las mascotas coruñesas? Antes de iniciar las clases, los responsables de Cancoruña han recopilado los perrunos problemas de cada uno de los participantes. Entre las preocupaciones que más se repiten, los desconcertantes hábitos gastronómicos de los animales.
Porque lo de hambre canina no se refiere sólo a la cantidad, sino a la calidad: "Roba comida de la cocina y de todas partes", "va por la calle ingiriendo todo lo que encuentra, ¡todo!", "le gusta morder zapatos, pantalones, pantorrillas y manos", "come todo lo que pilla por la calle, heces de otros perros, basura y comida", relatan los propietarios de las mascotas. "Le hemos sacado de la boca colillas, ceniza ardiendo, hojas, ramas, papeles, polispán y su gran debilidad son las piedras", narra uno de los participantes en el curso de Cancoruña.
Muchos de los ejemplares tienen problemas de convivencia o de relación con otras especies, sea por miedo o entusiasmo, cuando otro animal llega a casa, en la calle o cuando se altera su situación de rey del hogar. "Este problema empezó hace siete meses", transmite una mujer sobre la incontinencia de su mascota, "coincidiendo con el momento en que mi pareja se vino a vivir a casa". "Les ladra a los caballos a todas horas", "si percibe olor a gato pierde la cabeza y se revuelve y tira como un poseso", "se pone muy nervioso con las bicicletas"...
Entre los animales de ladrido incontrolado, hay uno que ha desarrollado un instinto para delatar a los jóvenes de la casa cuando llegan a deshora: "Si mis hijos llegan un poco tarde, se pone a ladrar cuando siente meter la llave en la cerradura de la puerta y para cuando los ve". Los vecinos, claro, no están muy contentos, como aquellos que padecen un mal muy común entre todos los participantes al curso, "la ansiedad por ausencia" del amo. Se deshacen en ladridos o en un mar de lágrimas, una situación casi tan frecuente como la de los perros cabezotas que acatan órdenes cuando quieren, "a la quinta o sexta vez".