JOSÉ MANUEL GUTIÉRREZ | A CORUÑA
Los dos escudos de la Armada que adornaban los muros de la Fábrica de Tabacos y que la Xunta ordenó conservar al Ayuntamiento se hallan instalados en los jardines creados en el antiguo recinto industrial sin ningún tipo de protección frente a posibles ataques vandálicos, pese a su notable valor histórico. Los emblemas son los únicos vestigios que permanecen de la ubicación en ese lugar del edificio que servía de sede a los Correos Marítimos, una institución asentada en la ciudad en 1776 y que fue clave para su desarrollo comercial en los últimos años del siglo XVIII.
Tras la decisión de Tabacalera de cerrar su centro de producción de A Coruña, el Ayuntamiento modificó en 2005 el Plan General de Ordenación Municipal para autorizar el cambio de uso del inmueble y de los terrenos colindantes. En ese momento, la Dirección Xeral de Patrimonio notificó al Concello la obligación de que garantizase la preservación de los elementos con valor histórico que existían en el recinto, entre los que figuraban el reloj del edificio principal y el escudo que se hallaba insertado en el muro de la calle Primavera.
Durante las obras de demolición del cierre de la factoría, que comenzaron en octubre de 2006, en la avenida del General Sanjurjo se descubrió la existencia de otro escudo similar, que permanecía oculto bajo la tupida enredadera que cubría la muralla. A diferencia del anterior, este distintivo de la Armada española -en cuyos navíos se llevaba a cabo el transporte del correo entre las colonias americanas y la metrópoli- conserva la corona real, ya que la del de la calle Primavera fue destruida, posiblemente durante la II República.
Además de la conservación de estos escudos, Patrimonio ordenó al Ayuntamiento que los exhibiera en los jardines que se habían proyectado en medio de los bloques de viviendas previstos en el solar de la antigua fábrica.
La reciente apertura al público de la plaza ajardinada situada entre las calles Primavera y Ramón y Cajal ha hecho posible comprobar la presencia de ambos escudos en el lugar, uno de ellos en medio de uno de los parterres y otro junto al edificio de la antigua fábrica, aunque sin que haya sido protegidos mediante cualquier sistema de seguridad, como un cristal que permita su contemplación pero les preserve de agresiones como golpes o pintadas.
Fuente municipales confirmaron a este periódico que los distintivos militares instalados en la nueva plaza no son unas réplicas que garantizasen la conservación de los originales, así como que no existe un proyecto para protegerlos mediante la colocación de algún elemento de seguridad.
Los frecuentes ataques a obras de arte y edificios con valor histórico fuerzan a las administraciones a colocar diferentes medios de protección que eviten daños irreversibles. Este tipo de actuaciones son habituales cuando esos objetos o inmuebles se encuentran en lugares de fácil acceso, como sucede en el jardín de la Fábrica de Tabacos, donde cualquier persona puede acercarse a los escudos.