La ubicación en A Coruña de la sede de los Correos Marítimos de las Indias fue una decisión del rey Carlos III en 1764, con el fin de que esta ciudad fuese el punto de partida y de llegada de los buques que cruzaban el Atlántico para transportar efectos postales, aunque también toda clase de mercancías entre las colonias y España.
Esa circunstancia fue la que hizo posible que la actividad de este servicio público influyese de un modo importante en el desarrollo de la economía coruñesa a finales del siglo XVIII, ya que el puerto era el primer punto de paso por Europa de los apreciados productos americanos, así como la puerta de salida de los que se enviaban al Nuevo Mundo.
Una amplia extensión de terreno entre A Palloza y el río de Monelos, que entonces discurría por la actual calle Ramón y Cajal, fue cedida por el Ayuntamiento a la Corona con el fin de que allí se levantasen hasta una decena de edificios.
Las obras comenzaron en 1776 e hicieron necesario el desvío del curso del río para construir dos muelles en la zona de A Palloza. También se llevó a cabo el levantamiento de un muro para cerrar todo el complejo, en el que debieron estar colocados los dos escudos de la Armada que ahora se exhiben en la plaza de la Fábrica de Tabacos.
Esos emblemas son los que utilizaron los barcos de la Marina española a partir del reinado de Carlos III, en los que las armas de Castilla y León aparecen inscritas en un óvalo en cuya parte superior figura una corona real.
Cuando en 1802 Carlos IV opta por trasladar los Correos Marítimos a Ferrol, se trata de compensar a A Coruña con la apertura de una Fábrica de Tabacos, un monopolio estatal que ya entonces generaba notables beneficios y que precisaba de una numerosa mano de obra.
La factoría tabaquera comenzó a funcionar en 1808 y conservó gran parte de las instalaciones que habían empleado los antiguos servicios postales, por lo que los escudos permanecieron en la muralla que rodeaba el recinto hasta su reciente demolición.