TANIA SUÁREZ | A CORUÑA
Alfonso A.A., conocido como Cherokee, fue condenado por la Audiencia Provincial a ocho años de cárcel por asesinar el 12 de julio de 2008 a un toxicómano en la calle Gregorio Hernández tras discutir con él por una deuda. El individuo, sin embargo, sostiene que en el momento en el que sucedieron los hechos tenía sus facultades psíquicas y físicas mermadas por consumir drogas y que su intención no era clavarle la navaja en el corazón a la víctima. Su abogado, Víctor Bouzas, defendió ayer estos argumentos en una vista celebrada en el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia. El letrado trató de convencer a los magistrados del alto órgano provincial de que sólo condenasen a su cliente por un homicidio imprudente porque "ninguno de los testigos presenciales lo vio empuñar el arma".
"Fue la víctima la que sacó la navaja y la que se abalanzó sobre Alfonso A.A. cuando se hizo con el arma", subrayó Bouzas, quien exigió al tribunal que revisará la sentencia de la Audiencia Provincial que tenga en cuenta la atenuante de drogadicción. "Todos los del grupo eran consumidores de cocaína y heroína desde hacía tiempo. La propia sentencia reconoce que son toxicómanos de largo recorrido", afirmó el abogado de Cherokee.
El fiscal considera al procesado autor de un delito de homicidio, por lo que se opone a que le rebajen la condena de ocho años de prisión. "El propio acusado reconoce que introdujo la navaja en el cuerpo de la víctima con ánimo de defenderse", aseguró el representante del Ministerio público, quien insistió en que el individuo tenía "voluntad de matar". La Fiscalía también se mostró contraria a aceptar que se tenga en cuenta la atenuante de toxicomanía. "No se acreditó que hubiese consumido drogas. El propio acusado dijo que la última vez que había consumido había sido hacía seis meses", relató.
Los jueces de la Audiencia Provincial tuvieron en cuenta a la hora de imponer a Cherokee ocho años de prisión que después de apuñalar a la víctima llamó a una ambulancia. El magistrado autor de la sentencia tuvo en cuenta para atenuar la pena que Alfonso A.A. actuó en un momento de arrebato tras recoger el arma del fallecido.
Manuel Ferreiro, abogado de un amigo del homicida que fue condenado a nueve meses de prisión por encubrimiento, también recurrió el fallo en la vista que se celebró en el Superior. "Su intención no fue obstaculizar la investigación", subrayó Ferreiro. El fiscal, sin embargo, recordó que el joven ocultó el arma del crimen, que nunca fue localizada, en un contenedor de basura de la plaza de As Conchiñas. "No pudimos saber si había huellas en la navaja, ni qué tipo de arma era ni si había restos de sangre. Interrumpió la acción de la Justicia. No se puede hablar de una situación impulsiva porque la escondió en una manga y fue caminando con ella desde Gregorio Hernández hasta As Conchiñas", recalcó. El representante de la Fiscalía detectó que el tribunal popular que juzgó al joven incurrió en contradicciones al determinar si le aplicaba o no la atenuante de toxicomanía.