TANIA SUÁREZ | A CORUÑA
Para unos era el ahijado de Amancio Ortega; y para otros, el sobrino del industrial cullerdense José María Caamaño. El hombre que ayer se sentó en el banquillo de los acusados de la Audiencia Provincial cambiaba de familia según las víctimas a las que quisiese estafar. Lo hacía "muy bien", según los testigos que declararon durante el juicio, y el apellidarse Caamaño le ayudaba. De hecho, supuestamente logró estafar 102.741 euros a tres propietarios de compañías relacionadas con la madera.
El joven negó los hechos de los que le acusan. Nunca, según él, dijo a los denunciantes que era familiar "de nadie". El procesado sostuvo que sólo le entregaron dinero después de realizar los trabajos que había pactado con ellos. El Ministerio fiscal le imputa un delito continuado de estafa por el que solicita que sea condenado a cinco años y diez meses de cárcel y a indemnizar a los tres empresarios con el dinero que le entregaron. La Fiscalía pide que les abone 18.000, 70.341 y 14.400 euros, respectivamente.
"Cuando lo conocí me dijo: 'Yo soy Carlos Caamaño, del grupo Caamaño, yo soy sobrino de José Caamaño", aseguró uno de los afectados a los que les prometió trabajo. "Me ofreció 3.000 euros al mes por cuidar la nave que supuestamente le iba a dejar su tío. Me pareció surrealista, pero una posibilidad como esa sólo te aparece una vez en la vida y esperas que sea real", dijo el joven, que llegó a entregarle al acusado una fotocopia de su DNI y otra de la cartilla de la seguridad social.
El procesado usó el mismo modus operandi con las tres víctimas, que no se conocían entre ellas. Les hizo creer que iba a crear un negocio en una nave de Caamaño y con ese pretexto consiguió que le entregasen dinero. A veces les decía que era para realizar viajes para cerrar negocios, y otras para pagar muebles o para gastos de gestión del grupo empresarial. A uno de los perjudicados incluso le hizo trasladar máquinas desde Almería a A Coruña. El material terminó estropeándose a la intemperie porque el procesado carecía de las instalaciones que fingió tener para guardarlo.
El engaño duró, según relataron en la vista oral los denunciantes, hasta que a un joven al que le ofreció contrato le sonó "rara" la propuesta. El perjudicado conocía al hijo del verdadero Caamaño y le preguntó sobre el proyecto. "Fue ahí cuando supimos que todo era mentira", contó el testigo en la Audiencia Provincial. Dos de las víctimas se entrevistaron con José María Caamaño, que desenmascaró al sospechoso.
"Nos dijo que había trabajado para él y que lo había echado por robar a los compañeros y material de la empresa", aseguró. El individuo aprovechó que conocía las instalaciones de la compañía para enseñárselas a algunos de los perjudicados. "Caamaño nos dijo que no se explicaba cómo había podido entrar allí", comentó.
Un comercial amigo de una de las víctimas afirmó que sospechó del acusado desde el principio. "Yo ya le dije que me daba la impresión de que los estaba llevando al huerto, pero confiaban en él. Llevo cuarenta años de agente comercial y esas cosas se intuyen. No es que tuviese pinta de maleante ni de mafioso ni nada. Decía que Amancio Ortega era su padrino y tenía un control total de la situación", contó.