MARCOS OTERO | A CORUÑA
Ha pasado casi un año y medio desde que el Ayuntamiento presentó en sociedad la revisión del plan general. Un año, cuatro meses y veintiocho días desde que el responsable de su elaboración, el arquitecto Joan Busquets, comparecía en público para adelantar el contenido del documento que ha de guiar el desarrollo urbanístico de A Coruña durante las próximas décadas.
Entonces, aquel 18 de diciembre de 2008, se iniciaron de manera inicial los trámites administrativos que desembocaron en la aprobación provisional del ordenamiento el pasado 1 de diciembre de 2009 y la posterior apertura del periodo de alegaciones. El proceso, sin embargo, había comenzado unos meses antes con la elección del urbanista catalán, quien trazó las líneas maestras del futuro planeamiento en una conferencia celebrada en Palexco a finales de abril de 2008. Poco antes, LA OPINIÓN había efectuado un recorrido por la ciudad para someter a examen el paisaje urbano sobre el que debía trabajar Busquets.
El recorrido reveló que las carencias de la ciudad en materia urbanística no sólo estaban relacionadas con la ausencia de mejores accesos o espacios de ocio para los vecinos, sino que a ello había que sumar la existencia de pequeñas deficiencias que contribuyen a que una determinada zona parezca más degradada o resulte menos cómoda para los vecinos.
De este modo, los cables descubiertos sobre las fachadas o los baches del pavimento llaman más la atención en el día a día de muchos ciudadanos que el retraso que experimenta la finalización de la tercera ronda. Las protestas formuladas por los vecinos de la Sagrada Familia han devuelto al primer plano la existencia de estas deficiencias, pero lo cierto es que desde la primera presentación del plan general el Ayuntamiento no ha sido capaz de reparar por completo las deficiencias identificadas por el reportaje de este diario.
En todo este tiempo, en el casi año y medio transcurrido desde la presentación de Busquets, se han inaugurado el centro cívico de Novo Mesoiro o la biblioteca de Os Rosales, por ejemplo, y el Gobierno local ha dispuesto durante estos últimos ejercicios de los presupuestos más altos de la historia municipal. La inyección económica procedente de Madrid para el fomento del empleo ha servido para mitigar los efectos de la crisis en la ciudad y también para lavarle la cara a buena parte de los barrios mediante obras de reforma. A los millones procedentes del conocido como Plan Zapatero hay que sumar los del programa inversor del Ayuntamiento, que sin embargo no han sido suficientes para acabar con las defectos en varios puntos de la ciudad.
El alcalde, Javier Losada, presume especialmente del esfuerzo efectuado por el Gobierno local para dotar a todos los barrios de las mismas oportunidades a través del Plan Inversor Municipal, que durante el periodo 2009-2010 ha comprometido cifras nunca antes vistas. A pesar de las decenas de actuaciones proyectadas en todos y cada uno de los lugares del mapa coruñés, algunos puntos todavía se le resisten al Ayuntamiento. Así, por ejemplo, la maraña de cables que envuelve algunos inmuebles de la zona centro permanece inalterada después de dos años.
Este fenómeno ha sido capitalizada por los vecinos de la Sagrada Familia, pero bien se podrían sumar a una hipotética plataforma contraria a este problema los residentes en la plaza de Santa Catalina, la calle Florida o la mismísima calle Real, emblema de la actividad comercial de la ciudad desde hace más de un siglo.
Los arquitectos, sin embargo, constatan que en muchas ocasiones estos desperfectos pasan desapercibidos frente a las necesidades de mayor índole que registra la ciudad, en especial todas aquellas sugeridas a raíz de la tramitación del plan general. Los cables y los baches, ante la estación intermodal y la ampliación de la avenida de Alfonso Molina, poco tienen que hacer, vienen a decir. Es el argumento que esgrime, por ejemplo, José Manuel Gallego Jorreto, impulsor del Colexio Oficial de Arquitectos de Galicia (COAG), quien considera que los planes urbanísticos, en general, escapan a este tipo de cuestiones. El planeamiento, en su opinión, es tan sólo un instrumento a través del cual su redactor pretende "centrar las líneas generales" del desarrollo urbano. Esta filosofía, plasmada en miles de páginas y planos a escala, impide en ocasiones que las pautas dibujadas en el documento urbanístico se traduzcan en soluciones a los problemas de menor calado. Es un riesgo que hay que asumir, como reconocen tanto Gallego Jorreto como el arquitecto Felipe Peña, responsable de la reforma de la plaza de España cuyas obras se ejecutan actualmente.
El mantener las fachadas de los edificios libres de cables o evitar que estos atraviesen las calles es responsabilidad del Ayuntamiento y no tanto del plan general, coinciden ambos arquitectos. Este hecho, sin embargo, no debe ser usado por las administraciones para esquivar sus obligaciones en este sentido, según puntualiza Gallego Jorreto. El preservar las calles en el mejor estado posible, cuidando su mantenimiento, es una tarea que corresponde al "día a día" de la gestión municipal. El prestigioso arquitecto autor de la reforma del Palacio de Justicia no sólo lanza esta advertencia al Ayuntamiento, sino que a la vez le recomienda que no cometa el error de descuidar los pequeños detalles urbanísticos. En ocasiones, y dependiendo de quién se trate, estos detalles son "importantísimos", de nuevo según José Manuel Gallego Jorreto.
¿Cuál sería entonces la fórmula que permitiera, por un lado, mantener el carácter general del ordenamiento urbanístico y por otro conseguir que no obviara cuestiones de carácter estético o de mantenimiento". En el caso de Felipe Peña, la clave está en la utilización eficaz de los recursos de los que dispone el Ayuntamiento, es decir, del presupuesto destinado a obras públicas. El empleo planificado de estas partidas presupuestarias facilita, en su opinión, tener allanado el camino para la ejecución de grandes proyectos, precisamente los reservados para el plan general.
El Concello dispone este año de 26 millones de euros dentro del presupuesto municipal para lo que el alcalde ha dado en llamar "acupuntura urbana", y que no es más que el término utilizado por Losada para referirse a las obras de rehabilitación y mejora repartidas por la ciudad. Esta cifra, sin embargo, no será empleada por completo en la reparación de los baches y socavones, el reasfaltado de las calles o la eliminación de los cables suspendidos sobre las fachadas, aunque contribuirá a ello; una parte significativa corresponde a la adquisición de equipamientos y a obra de nueva construcción. Algo parecido sucede con el segundo fondo preparado por el Gobierno central para el estímulo del empleo y que en esta ocasión dejará en A Coruña alrededor de 27 millones de euros.
El alcalde ha manifestado insistentemente que estas inversiones han de garantizar la modernización de la ciudad antes de acometer los grandes proyectos del plan general. Las obras de asfaltado y la reforma de plazas han sido durante esta legislatura los Milleniums y Coliseums de Losada.
La utilización planificada de los recursos es la propuesta planteada por Felipe Peña, a la que hay que añadir la de José Manuel Gallego Jorreto, quien remarca que las administraciones públicas y los colectivos que agrupan a urbanistas y arquitectos ponen cada vez mayor énfasis en concienciar acerca de los detalles urbanísticos negativos que afean el conjunto de las ciudades. Los más visibles pueden ser los cables de las líneas telefónicas al descubierto, pero todavía quedan muchos canalones de edificios que desaguan directamente sobre las aceras en lugar de hacerlo en la red de saneamiento, según desveló ya José Manuel Gallego Jorreto cuando este diario publicó el primer reportaje dedicado a estos defectos. Esto es consecuencia directa de la planificación urbanística que tradicionalmente se ha seguido en la ciudad y por extensión en Galicia.
Tampoco hay que obviar la responsabilidad que poseen los vecinos en este tipo de cuestiones. En algunos casos, como recordó esta semana el concejal de Vivienda y Rehabilitación Urbana, Mario López Rico, en referencia a los cables de la Sagrada Familia corresponde a los particulares y a las comunidades de propietarios dar su visto bueno a los trabajos de reforma. En ausencia de éste, precisa Gallego Jorreto, también es posible que el Ayuntamiento tome la iniciativa.