AIDA MOSQUERA | A CORUÑA
La peatonalización de diferentes calles y barrios coruñeses trae cola entre las reacciones de quienes viven del pequeño comercio. Pese a la diversidad de opiniones al respecto, a favor o en contra de la supresión del tráfico rodado, todos coinciden en la tediosidad de las obras y en la lentitud del Gobierno local para llevarlas a cabo, hasta tal punto que quienes en un principio aprobaban el cambio esperanzados por un aumento del negocio, han terminado por aborrecerlo y lanzar su ilusión a la escombrera más cercana.
"La ciudad es para el peatón, no para los coches". Así responden muchos comerciantes preguntados por si debe o no ser peatonalizada una calle, claro que todos añaden que la gente, cuando pasea, "pica y compra". Se trata de atraer clientela, y si el hecho de eliminar la circulación ayuda, bienvenida sea la peatonalización. Pero el problema llega "cuando se deja morir una zona que apenas tiene vida ni con coches", teme una de las dueñas de un local de hostelería ante los cambios acordados para la Ciudad Vieja. ¿La solución? Que el Ayuntamiento promocione las nuevas zonas peatonales y apoye la celebración de eventos como el mercado del Soho o diferentes actuaciones en plazas y calles que les den vida, apunta el encargado de una tienda de cómics del Orzán.
Los expertos en el impacto que la prohibición de circular tiene sobre los pequeños negocios se encuentran en la calle Barcelona. Tanto en los establecimientos de ropa o complementos como en las cafeterías y hasta en las tiendas de gominolas, los comerciantes coinciden en que "la peatonalización siempre es buena", eso sí, "una vez han terminado las obras y cuando no están constantemente levantando el pavimento para cambiarlo por otro que resulta peor que el anterior", indica la dueña de un local de chucherías.
Pero el nuevo pavimento no es la única pega para quienes trabajan en esta zona de la ciudad. "Falta policía paseando; los que roban caminan, pero quienes deben cogerlos no", señala una de las comerciantes. Además, "han quitado las farolas de pie y, si los comercios apagamos las luces, a las cinco de la tarde es de noche", destaca otra empleada, que, por cierto, reconoce haberse comprado una moto "porque aparcar el coche en las inmediaciones de la calle Barcelona es imposible".
Y hablando de aparcar, los que dicen haberse cansado ya de protestar son los comerciantes del casco antiguo. "La Ciudad Vieja de A Coruña es el garaje de los coches de toda la ciudad", critica el dueño de una tienda de artesanía, "es una vergüenza la gran cantidad de coches que aparcan durante horas frente a locales y viviendas", añade señalando a los infractores desde la puerta.
Pocos metros más arriba, el dueño de otro negocio señala que "se movería mucho más negocio si la gente pudiese pasear tranquila"; sin embargo, reconoce que esta zona "está completamente abandonada" por el Gobierno municipal y que "en lugar de ir a mejor va a peor". A su juicio, es imprescindible eliminar la circulación de vehículos, rehabilitar edificios y abrir más tiendas; algo que, con la gran cantidad de turismos que tiene la ciudad, "sería muy rentable para todos".
El colmo de los colmos
Pese a que hay quienes consideran que el paso de los coches ayuda a que turistas y coruñeses se fijen en los comercios de la ciudad, la situación para quienes regentan un local en la calle Ángel Senra (Os Mallos) es un caso aparte. "La peatonalización no sólo afecta al pequeño comercio, afecta al peatón", sentencia el titular de un estanco en el número 14.
Los comerciantes de la única calle peatonal del barrio de Os Mallos, aún en obras, declaran estar "muy decepcionados" con el trabajo realizado por el Ayuntamiento, el cual tachan de "chapuza". Critican la gran cantidad de bolardos "que obstaculizan más el paso de los propios peatones que de los coches" y la mala estética y peligrosidad de un pavimento que no sólo es de colores sino que además, dicen, resbala.