JUDIT ESTEVE
...Y dieron las once cuando sonó la primera nota, pero el Coliseum ya hervía de emoción minutos antes de que el flaco pisara el escenario coruñés. A golpe de aplausos las casi 6.500 personas que asistieron a la cita dieron la bienvenida al artista, que no dudó en subirse a las tablas luciendo uno de sus más que característicos atuendos, incluido su ya clásico e inconfundible bombín de color negro.
Joaquín Sabina devolvió el calor a los coruñeses —"Boas noites, Coruña", saludó— y abrió el recital al son de Tiramisú de limón, extraída de su último disco, Vinagre y Rosas, que da nombre también a la gira.
El jienense, que ya se había reunido dos días antes con sus fans de Lalín, donde le nombraron Comendador de la Feira do Cocido de esta localidad, continúo su espectáculo con un recorrido por las canciones de su último álbum. Las notas de su guitarra provocaban el movimiento acompasado de los sabinófilos y las voces de su público gallego retumbaban al son en el recinto coruñés, que al cierre de esta edición aún estaba entregado ante la presencia del artista andaluz.
Los conciertos de la gira Vinagre y Rosas podrían ser de los últimos espectáculos que el artista ofrezca en grandes espacios, según declaró el cantautor recientemente. A partir de entonces es posible que el cantante se cite con su público en salas pequeñas, lugares más íntimos que cercan el número de asistentes, por lo que los fans tendrán que apresurarse en la compra de las pocas entradas que estarían disponibles. Aún en grandes espacios, que al flaco no le cuesta llenar, Sabina, like a Rolling Stone, seguirá su gira por España con su visita a Málaga la próxima semana. La ciudad elegida para cerrar este tour será Salou, donde estará presente el próximo 7 de septiembre.
El artista ha acercado ya su Vinagre y Rosas a trece países distintos, en los que ha ofrecido más de 60 conciertos. En A Coruña él mismo confesó ayer que ha perdido la cuenta de las veces que ha venido a lo largo de su carrera.