JUDIT ESTEVE | A CORUÑA
El desayuno llega puntual, todos los días a las nueve y media las responsables reparten la leche, los zumos y las galletas entre los ancianos de Geriatros Coruña, que se asoman a las mesas del comedor aún con las lagañas pegadas en los ojos y sin desperezar. La hora de la primera comida del día fue muy distinta ayer en el centro de mayores. Para sorpresa de las cuidadoras, el comedor ya estaba lleno a las ocho de la mañana y todo el mundo ya se había puesto guapo. Nadie quería quedarse sin ir de excursión.
El centro de día Geriatros Coruña acercó ayer a 23 ancianos hasta el centro social de la Sagrada Familia para que compartiesen una jornada de actividades y juegos con los niños participantes en los campamentos urbanos que se celebran en el barrio. Los mayores, de entre 69 y 93 años, acompañaron durante toda la mañana a un total de 45 niños de edades comprendidas entre los 3 y los 11 años. La batuta de mando se repartía entre los cuatro monitores de Axina -entidad organizadora de los campamentos- y las tres cuidadoras que acompañaron a los mayores en esta jornada tan especial para ellos.
La responsable de Axina, Eva Cruz, se mostró muy contenta con esta primer encuentro entre los pequeños de la casa y los más mayores. Cruz comentaba que la experiencia "está siendo muy positiva". La portavoz de los monitores mostró sus intenciones de repetir y aseguró que volverán a organizar algo así "en cuanto se pueda".
La mañana dio mucho de sí y, tras compartir juegos e intercambiar experiencias, todo el mundo tenía que coger energías para el partido de fútbol que se iba a disputar en el pabellón del centro social. Ancianos y niños, algunos con más dientes que otros, disfrutaron de un almuerzo que les aportó la energía necesaria para el gran derbi que se iba a jugar.
A sus 84 años Dorinda Lorenzo calentaba los ánimos con la previa del partido. La mujer animaba a los niños a la vez que les daba una nueva idea, unos serían España y otros Holanda. Lorenzo revivía el Mundial mientras auguraba que "así los niños seguro que se esforzarán más más". La joven octogenaria se sentía tan contenta en compañía de los pequeños que aseguraba que no quería irse "nunca". Para Lorenzo, al igual que para la mayor parte de los ancianos, el día le daba la oportunidad de volver a tener nietos en edad de jugar porque los que tienen ya son mayores.
Los más jóvenes también estaban muy contentos con la visita. "Los mayores molan porque son como nuestros abuelos" decía uno de los niños, que a sus siete años sentenciaba: "¡Son muy marchosos!"
Al comienzo del partido nadie se extrañó de la peculiaridad del juego y sólo se oían risas y gritos de ánimo al equipo. Todos juntos, mayores y pequeños, sostenían en círculo una lona por la que rodaba la pelota. Manuela Méndez, procedente de la cantera del geriátrico, como buena deportista daba muestras de juego limpio cuando comentaba: "Los niños ya saben que no hago trampas, ellos saben que no".
Algunos pequeños, por su parte, estaban nerviosos a la espera de una misteriosa canción que les iban a cantar los que fueron sus abuelos por un día.
Entre ellos planeaban ofrecer a los mayores una actuación pero aquí surgían discusiones. Unos estaban a favor de cantar y bailar el Waka Waka de Shakira, mientras otros retrocedían en el tiempo y se posicionaban por interpretar el tema del verano pasado, el Chiqui Chiqui. La jornada se desarrolló como uno de los días más especiales del verano, para unos y para otros, y en el ambiente sólo se respiraba ilusión.