M. OTERO / A. RODRÍGUEZ | A CORUÑA
Hubo una época en la que las iglesias y las instituciones benéficas de la ciudad estaban a tiro de piedra del centro. No podía ser de otra forma dadas las características de la urbe coruñesa y las dimensiones que alcanzaba a finales del siglo XIX y principios del XX. Pero fue llegar el crecimiento y la expansión más allá de las murallas y comenzar a desaparecer buena parte de los templos y entidades caritativas vinculadas a las órdenes religiosas, hasta el punto de que ahora incluso entidades vecinales como la recién creada en Vioño reclaman al Ayuntamiento la construcción de iglesias en el barrio. De las antiguas muchas se trasladaron a otros lugares, se convirtieron en garajes adaptados al culto o simplemente desaparecieron bajo la presión urbanística. Otras optaron por transformarse, como en el caso de la iglesia de los Jesuitas en la calle Juana de Vega.
De permanecer el antiguo templo gótico en el cruce con la calle Fonseca, sin duda la imagen de esta parte de la ciudad sería bien diferente a como lo es ahora, más bien se parecería a la de inicios del siglo pasado. La iglesia, sin embargo, fue sustituida por un edificio más moderno que actualmente ocupa el mismo solar y que se sigue dedicando a usos religiosos. Otros templos o inmuebles vinculados a la Iglesia no corrieron la misma suerte.
En la calle Juan Flórez, por ejemplo, mucho antes de que se llamara Juan Flórez y los vecinos la conocieran simplemente por el nombre de Camino Nuevo, existían dos entidades que fueron engullidas por el crecimiento de la zona de El Ensanche. Poco o nada hacía presagiar el protagonismo que tendría en la historia de la ciudad el colegio de los Hermanos Maristas. Allí, en la antigua sede de la calle Betanzos compartieron pupitre Francisco Vázquez y Augusto César Lendoiro. El uno sería alcalde durante más de dos décadas y el otro llevaría al Deportivo a conquistar la Liga por primera vez en su historia. De las aulas de los maristas en la calle Betanzos pocos más alumnos ilustres pudieron salir debido a que el inmueble, una vez más, cayó víctima del empuje urbanístico.
Algo similar ocurrió con el edifico de las Josefinas, que se construyó cuando Juan Flórez no era más que un descampado a las afueras sin urbanizar. El solar que ocupaba el inmueble de las religiosas apenas podría ser reconocible hoy en día dado que se encuentre en pleno centro de la calle y ocupado por varios edificios.
El caso del colegio de los Maristas y del edificio de las Josefinas no es el único ejemplo de entidades religiosas desaparecidas por el crecimiento de la ciudad y la presión urbanística. No se puede despreciar el gran atractivo inmobiliario que poseían muchos de estos inmuebles y el valor que podrían obtener en el mercado. Una muestra pudo obtenerse con el solar que ocupaba el antiguo asilo de Adelaida Muro que fue vendido a una importante promotora y derribado posteriormente para la construcción de viviendas. En una primera estimación, se calculó que la venta de pisos en los edificios que se construirían en la parcela le reportarían a la empresa alrededor de cien millones de euros, mucho más de lo que pagó a la Congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados. En total, la orden religiosa recibió 15,5 millones de euros por los solares en los que se encontraba su albergue, situado a un paso del paseo marítimo.
Las cifras que rodearon a la operación fueron de récord en todo momento e incluso se llegó a barajar que las viviendas más exclusivas de la urbanización superarían los 1,3 millones de euros en el mercado. Al importe había que sumar los servicios comunes de los que disfrutarían sus propietarios: plaza interior, gimnasio, spa, piscina y sauna. Estas cifras no son reproducibles a otras entidades y templos que fueron desapareciendo o desplazándose a otros puntos de la ciudad, pero además del asilo de Adelaida Muro, el colegio de los Maristas en la calle Betanzos, las Josefinas en Juan Flórez y la antigua iglesia de los Jesuitas en el cruce entre Fonseca y Juan de Vega hay otros ejemplos de inmuebles eclesiásticos o benéficos absorbidos por el desarrollo urbano de la ciudad. En la calle Rubine, por ejemplo, se encontraba la sede de las Hermanas Terciarias, que fue sustituida por viviendas. La calle Fernández Latorre albergó un día a los Redentoristas, pero también desaparecieron a medida que se desarrollada esa zona. El Paseo de Ronda, por último, vio como las Oblatas también se marchaban.