LUIS P. FERREIRO | A CORUÑA
Desde hace más de siete años, los rockeros locales y foráneos tuvieron en la ciudad la referencia de la tienda El Beasto. El comercio cerrará sus puertas a final de mes, aunque su propietario continuará su actividad comercial por correo, y al frente de su sello y su promotora Después de más de siete años de actividad y tres ubicaciones distintas, la tienda más rockera de la ciudad, El Beasto Shop —situada en la calle Galera—, cerrará sus puertas cuando finalice este mes.
Esto no significa que el emporio decibélico levantado por Alberto Lodeiros, propietario tanto del sello discográfico como de la promotora que comparten nombre con el comercio, cese su actividad; en cartera tienen proyectos vinílicos tan jugosos como la edición de un directo de los míticos Dead Moon, la reedición del primer álbum de The Fuzztones, y los nuevos singles de los grupos gallegos Samesugas, Die Cadáveras y Los Villanos de Boraville.
De hecho, uno de los motivos de Lodeiros para cerrar su local es poder dedicar más tiempo a las otras facetas de su criatura: "Hay dos motivos que me llevaron a tomar esta decisión. El primero fue que, desde hace un año, han bajado mucho las ventas en la tienda física. El otro es que quiero dedicarme más al sello y la promotora. Hay que tener en cuenta que lo hacemos todo entre dos personas".
Pese a que la venta por correo compensaba las cuentas de este empresario de la distorsión, el bajón ha sido tan notable que Lodeiros prescindirá de una tienda en la que han parado muchos fanáticos de la cultura rockera y fetichistas del vinilo. "Por aquí ha pasado gente muy rara —afirma, entre risas—, y también músicos. Desde miembros de grupos que traemos nosotros a la ciudad a gente como Enrique Bunbury, que es cliente y estuvo en la tienda, y Jon Spencer, que se llevó una buena cantidad de camisetas".
El plan de este tatuado emprendedor pasa por continuar con la venta por correo, y no desecha la idea de montar otra tienda, aunque no por aquí: "Mi idea sería hacerla en Lisboa o en Helsinki. Lisboa mola mucho, trabajo con gente de allí y hay una buena escena, y en cuanto a Finlandia, la idea viene por mi relación con The Flaming Sideburns. En el norte la escena rockera es muy grande". Precisamente la explosión de grupos escandinavos que asoló Europa a inicios de la primera década del siglo XXI, reivindicado el rock más enérgico y patilludo, fue una de las mejores épocas para el negocio del capo de El Beasto.
"En esos días coincidió que, en general, había mucha gente metida —recuerda Lodeiros—. Pero fue algo a nivel estatal y europeo. Había veces que teníamos tres conciertos en una semana, y eso ahora es totalmente impensable. Y con grupazos del calibre de The Bellrays y Zen Guerrilla".
El empresario es de la opinión de que todo se mueve por ciclos, aunque el momento actual es tan confuso que no acierta a predecir si la escena rockera coruñesa está en caída libre o iniciando una recuperación hacia algún sitio : "No sé en que momento estamos. La gente está muy despistada, y no responde a las propuestas".
A pesar del pesimismo que desprenden sus afirmaciones, Alberto Lodeiros no teme por el fin de su negocio, que comenzó hace ya 12 años. "Antes de organizar El Beasto tuve otra editora, De Plástico Guay, junto a Astray, el guitarrista de Los Eskizos —explica—. Sacamos el último single de esa banda, y él se marchó a Madrid. Entonces empecé con El Beasto, que fue su continuación".