A. B. | A CORUÑA
La imagen del abandono al que ha sido sometido el tren de proximidad en la comarca de A Coruña la ofrece algunas de sus estaciones y apeaderos.
La de O Burgo, en Culleredo, o la de la capital municipal de Cambre son un claro ejemplo. Cerradas a cal y canto, se mueren por dentro y se deterioran por fuera. Las fachadas que dan a la carretera todavía mantienen su apariencia. Pero el paisaje cambia al rodear el edificio y llegar a los andenes. Los desperdicios se acumulan sin que nadie se moleste en recogerlos, mientras que las superficies verticales son perfectos lienzos para los grafiteros.
Los paneles informativos no informan de los horarios en O Burgo porque han sufrido el ataque de los vándalos. El usuario que quiera obtener esta información u otra no podrá hacerlo en estas estaciones, que no disponen de oficina de atención al público. De hecho, al tren se sube sin billete y, en consecuencia, sin saber si hay asientos disponibles. La única forma de adquirirlo es directamente al revisor. Además, en el andén hay que estar atento al paso del tren para avisar al conductor de que se desea subir.
Algunos inmuebles que componían antes estas dos estaciones han sido alquiladas a negocios hosteleros. En la de O Burgo incluso hay una vivienda en el piso superior.
Construir ahora infraestructuras públicas como estas, ubicadas en pleno núcleo urbano, sería muy complicado, en gran medida por el coste de las expropiaciones. Los defensores del tren de cercanías lamentan que las administraciones no se den cuenta del valor que tienen.
En el extremo contrario se encuentra la estación de Cecebre, también en el municipio de Cambre, que luce buen aspecto. En sus instalaciones funciona una peluquería y el aparcamiento está perfectamente señalizado con plazas para personas con discapacidad. Ni rastro de grafitis ni suciedad.
Más de una decena de paradas de la provincia han sido clausuradas en los tres últimos años con motivo de la construcción de la línea del AVE. No sólo se cierran los edificios, sino que, en algunos casos, también se levanta la línea férrea del trazado tradicional.
Entre ellos está el apeadero de Bregua, en Culleredo. Las traviesas sobre las que discurría en el pasado el tren que unía A Coruña con Santiago desaparecieron hace más de tres años. El Concello teme que el espacio que ocupaba el antiguo camino de hierro "se convierta en una selva" o un vertedero por falta de mantenimiento. Por ello, solicitó, ya por aquel entonces, los terrenos al Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif) para crear un acceso al núcleo de Bregua, un carril para bicicletas y una senda peatonal.
Sin embargo, Adif se plantea ahora volver a instalar esta vía férrea, pero no para pasajeros. Se destinaría al transporte de carbón del puerto exterior a Meirama o para los residuos de la ciudad de A Coruña que van a parar a la planta de Sogama, Cerceda.
Son también estos dos usos por los que se ha indultado a la estación de Meirama que sobrevivirá a las obras del AVE para que sirva de apeadero a los vagones de la basura y el carbón. De todos modos, ya se está construyendo una nueva estación cerca de la actual.