G. MALVIDO / M. OTERO | A CORUÑA
No se sabe quién es, pero a algunos les empieza a escamar ya tanta predisposición del Gobierno local para dejarle a una empresa de publicidad algunos de los monumentos más insignes de la ciudad, como el Obelisco y un tramo del paseo marítimo. Que es una campaña publicitaria todo el mundo lo tiene claro, que recuerda al corto Koruño, legado de Hércules no hay nadie que lo pueda negar, porque el que se hace llamar Freddy y proclama -con notas enviadas a los medios de comunicación, en las radios, en Facebook y otras plataformas de internet- que es el nuevo dueño de la ciudad es el mismo actor protagonista del cortometraje que reivindica la lengua propia de los coruñeses. Por lo menos aparentemente, porque en los vídeos promocionales no se le ve la cara.
Se permiten apuestas. La empresa responsable de la campaña publicitaria asegura que es un "anunciante local" y que pronto desvelará su identidad pero, mientras no lo hace, las hipótesis sobre quién tiene el permiso del Ayuntamiento para instalar un sofá en la coraza del Orzán y a quién se le permite llevar una grúa hasta el Obelisco para poner vallas en la zona aderezan muchas de las conversaciones de los coruñeses.
En sus vídeos, El Freddy -que así se hace llamar el dueño de la ciudad- habla de un documento del siglo XIV que le acredita como dueño de las calles que pisa a diario, desde Labañou a María Pita, desde las playas a, seguramente, la refinería. No le falta de nada, tiene documentos -que, asegura, han estado enmarcados en el salón de su casa "desde siempre, neno"-.
Pues eso, que, según una empresa publicitaria, A Coruña tiene un dueño pero que, en sus acciones no es muy puntual, porque los encargados de colocar toda la parafernalia para retirar el Obelisco de su sitio el 20 de septiembre, que esa es la promesa del Freddy, llegaron tarde a su supuesta cita con los medios de comunicación.
Pero el Freddy, Alfredo, como le llama su madre, no viene solo, tiene a su novia, la Vane, y una perra, la Cuqui, a la que le gusta pasear por el Orzán. Lo que no sabemos es si, como su dueño, ladra en Koruño y se llama a sí misma chukelilla.
Empieza la cuenta atrás para conocer quién está detrás de esta campaña publicitaria. Se hacen apuestas. Algunos piensan por el Ayuntamiento, por alguna promoción de la Torre de Hércules o similar y, otros, quizá traumatizados todavía por las aperturas de las grandes superficies comerciales, se inclinan por éstas como responsables de sus tropezones con el trono del Freddy.