PABLO LÓPEZ A CORUÑA
Toneles, banquetas, mesas de un solo pie y, por supuesto, las clásicas estructuras mejoradas con toldos y potentes calefactores capaces de hacer que los clientes se sientan como en primavera en una oscura tarde invernal. La decisión del Gobierno local de facilitar a los hosteleros los trámites para la obtención de licencia para ocupar la vía pública, que conllevará entre otras cosas el tratamiento de algunos de los elementos antes mencionados como piezas decorativas para las que no se necesita una autorización tan rigurosa como para las terrazas, servirá para agudizar el ingenio de los establecimientos y provocará la proliferación en las aceras de lo que algunos ya califican como obstáculos para peatones.
El Ayuntamiento ha decidido abrir la mano para paliar los perjuicios que los hosteleros sufren debido a la ley antitabaco que prohíbe fumar dentro de los locales. Además de hacer que elementos como barriles y pequeñas mesas de un sólo pie sean consideradas como simples elementos decorativos, el Gobierno local permitirá que sea la asociación de hostelería la que recoja y revise las solicitudes antes de que éstas lleguen al Concello, que la solicitud de los toldos se adjunte junto a la de las terrazas y que los dueños de los negocios tengan que superar menos trámites para conseguir la documentación.
La mayoría de los hosteleros ha recibido con entusiasmo estas medidas y coincide al afirmar que ya tocaba que el Concello hiciera un guiño a su sector. Con la ley antitabaco, para determinados establecimientos, la diferencia entre tener algún tipo de terraza o no tenerla puede ser la misma que hay entre la subsistencia del negocio y el cierre. "Se nota que come más gente en la terraza. Hay gente que, por fumar, aguanta hasta el frío", explica Luis Sousa, empleado del restaurante Gasthof de La Marina, que informa de que en la terraza del establecimiento se han colocado nuevas mesas y estufas.
Los hosteleros más pesimistas afirman que, si bien es cierto que las terrazas están más concurridas, lo que se vende en la calle no alcanza para compensar lo que se deja de vender en el interior del local. "Dentro se trabajaba mucho más cuando se fumaba y no todo el mundo está dispuesto a pasar frío", comenta Dolores Vázquez, de la cafetería Sheraton de La Marina, que dice no ser partidaria de poner calefacción en la terraza "porque quema y genera mal olor y gases nocivos".
Aunque los que protestan por la ley antitabaco y reciben con los brazos abiertos las medidas municipales son mayoría, hay un reducido grupo de locales a los que las restricciones al consumo de tabaco les han sentado muy bien: aquellos que ya no dejaban fumar antes de este año y que ahora tienen más gente dentro, porque los que quieren estar a cubierto ya no eligen en función del tabaco, y también fuera, porque las terrazas están más concurridas. "No sólo tenemos más gente fuera, sino que hemos notado un mayor volumen de gente dentro. Los clientes van ahora a aquel sitio que realmente les gusta y no eligen en función de fumar", comenta Cristina Baldomir, del Vecchio.