PABLO LÓPEZ. A CORUÑA
Carlos Espinosa es uno de los hosteleros de la ciudad a los que los cambios en la normativa municipal de terrazas no les afectarán en absoluto. Su local está ubicado en la plaza de la Galera, que es de titularidad privada y que, por tanto, sólo puede tener mesas y sillas al aire libre si los vecinos así lo consienten, algo que, hasta el momento, aún no ha ocurrido. "Esto es una plaza privada y no podemos poner terrazas porque no lo permiten los vecinos. Hace tiempo hubo terrazas en la plaza y las hubo que sacar. No tener terrazas siempre me hizo perder dinero, pero ahora más", comenta.
Donde no llegan las autorizaciones, llega el ingenio. Pese a no disponer de mesas y sillas en la plaza, este local sí cuenta con una pequeña mesa equipada con el correspondiente cenicero y situada en un espacio a medio camino entre la calle y el interior del local. En este recinto de reducidas dimensiones, pueden llegar a concentrarse, en las noches del fin de semana, decenas de fumadores. "Ya estaba allí cuando yo cogí el bar, pero se ha vuelto muy útil. En principio, ahí no servimos. Sólo es para fumar. Un sábado por la noche puede haber entre diez y quince personas", comenta el dueño de este establecimiento, que lamenta no poder ofrecer a sus clientes un espacio más amplio.
Como aspecto llamativo, hay que señalar que uno de los carteles que decoran la cristalera que separa este recinto especial del interior del local ofrece servicios para conseguir dejar el tabaco, con lo que se garantiza que casi todos los que lo lean son susceptibles de interesarse por la propuesta.