Crítica

La benignidad del clima

26.10.2015 | 00:38

El violonchelista Gustafsson aprovechó los espacios entre los movimientos del concierto de Haydn para enjugar con un pañuelo las cuerdas del violonchelo, el instrumento mismo y hasta su propia frente. (La de Gustafsson, claro). Tal vez, teniendo en cuenta la común procedencia de Suomi, ni el precioso chelo, de origen italiano -Carlo Giuseppe Testore (1718)-, ni el propio intérprete, estén acostumbrados a un clima tan cálido (todo es relativo) como el coruñés, agravado por las potentes luces del escenario. Nuestros mayores (doña Emilia Pardo Bazán, incluida) hablaban siempre de la benignidad del clima de Marineda. Sea como fuere, la humedad pareció influir de modo negativo en el ejecutante porque hubo pasajes en que la afinación se resintió severamente. El artista finés ofrece sus mejores prestaciones en las obras donde puede expandir un fraseo demorado, de amplia arcada, y obtener un hermoso sonido del magnífico instrumento. En los pasajes rápidos y en las ornamentaciones no siempre se desgranan las notas de manera que se escuchen todas ellas, como es preceptivo. Así sucedió, por ejemplo, en la transcripción de la Nana, de Falla (de las Siete canciones populares españolas), que ofreció como bis, y que, salvo este reparo, Gustafsson tocó bellamente. La suite de Shchedrin sobre la conocida ópera Carmen, de Bizet fue muy bien interpretada por la orquesta. La cuerda (la partitura sólo requiere arcos y percusión), en gran momento -como demostró también en la obra de Haydn-, y la rica percusión hicieron que la versión fuera un gran éxito. Pons llevó este concierto con la eficacia que confiere una dilatada y notable experiencia.

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