Un estudio coruñés recibe el premio Juana de Vega por una casa de Corcubión

La vivienda, que se integra con los edificios del casco antiguo, es de madera pintada de blanco por fuera y de hormigón por dentro

14.11.2015 | 01:19
En la imagen se observa la nueva calle, que rompió la manzana, y la estrecha fachada original.

De un solar muy estrecho originado por la apertura de una nueva calle en el casco histórico de Corcubión surgió Casa Chao, la última vivienda diseñada y construida por el estudio coruñés Creus y Carrasco, galardonada ayer con el premio Juana de Vega Arquitectura. Perfectamente integrada en su entorno, destaca por su luminosidad y sus materiales, utilizados de forma opuesta a la habitual. Esta joya de la arquitectura es de madera por fuera y hormigón por dentro, sus paredes son blancas, la luz natural irrumpe en su interior a través de lucernarias y sus plantas están relacionadas visualmente a través de huecos abiertos en algunas de sus estancias.

El reto que aceptaron Juan Creus y Covadonga Carrasco para levantar el inmueble en el solar no era fácil. La construcción estaba condicionada por su ubicación, en un lugar histórico, y por las medidas del terreno. Las dos fachadas de las calles originales tenían tres metros de ancho y, la de la nueva vía, que se convirtió en la entrada principal, 16 metros. "Estas premisas también hacen que surja una idea y es lo que hace entendible la casa", indica Carrasco, quien explica que apostaron por utilizar materiales "muy relacionados con la cultura del lugar, de la villa marinera, desde las galerías de madera blanca hasta la que emplean para la construcción de los barcos".

Por ello decidieron envolver la vivienda en tablones de madera pintados de blanco y recubrir los ventanales con piezas de cedro. "Las tres fachadas se ven como una sola, como una pieza única. A pesar de su diseño actual, se basa en la tradición", subraya la arquitecta. Los expertos galardonados diseñaron un triángulo hundido para marcar la entrada al inmueble y conseguir una sensación de "protección, de cobijo". En la planta baja también se sitúa el acceso a dos plazas de garaje, pero pasa desapercibido. "Está totalmente integrado en la fachada", indica Carrasco.

La cocina y el salón, donde hay un hueco con forma de triángulo a través del que se ve el estudio ubicado en el piso superior, componen la planta principal. Encima también hay un dormitorio y un baño, las mismas dos dependencias que alberga la última planta. "La relación visual entre los espacios hace que sean más grandes porque son más grandes en volumen. Van más allá de las paredes que te rodean", describe la arquitecta, quien cuenta que, además de madera y hormigón, utilizaron mármol en los baños. La casa también cuenta con muebles de obra y con una escalera "en línea, adosada a la medianera de la casa que tiene al lado, por lo que la subes de una vez, sin dar rodeos". Carrasco revela que encima de los peldaños, en el techo, hay un lucernario a través del que entra "la luz natural hasta abajo".

En el diseño y la edificación "al milímetro" de la casa emplearon alrededor de dos años. "Está construida como una joya", garantiza la arquitecta galardonada, quien se muestra ilusionada por trabajar en los cascos históricos porque significa que "siguen vivos". Los expertos destacan la importancia que tiene la calidad en la rehabilitación y construcción de las viviendas. De ahí surgió el premio Juana de Vega, que este año también distinguió a Dosesmas Arquitectos S.C.P. por Choupana House, situada en Santiago; y a la casa de A Ferreirúa (Nogueira de Ramuín), en la Ribeira Sacra, de Manuel Jorreto.

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