Crítica

Música para bailar

27.11.2015 | 01:12

Hace poco más de un mes en el Museo de Belas Artes pudimos escuchar al dúo formado por Adrián Linares (violín barroco) y Manuel Vilas (arpa de dos órdenes) en un precioso programa con danzas españolas anónimas de los siglos XVI a XVIII. En el concierto del pasado martes, el período temporal era el mismo y muy similar el carácter de las danzas: también se sucedieron folías, fandangos, jácaras, chaconas o pasacalles; así, hasta quince piezas incluyendo el bis: unos notables canarios, de Gaspar Sanz. Las mayores diferencias estuvieron en los instrumentos y en el hecho de que, en el concierto que comentamos, las danzas -salvo un solo caso- eran de autoría conocida: Blasco de Nebra, de Murcia, Sanz, Kasperger, Fischer, D. Scarlatti? Se abrió el acto musical con dos espléndidos fandangos: uno, de Blasco de Nebra; otro, de Santiago de Murcia; y concluyó con otro fandango, éste, maravilloso, de Domenico Scarlatti. Nada menos. Destacaron, además, dos folías: anónimas, las primeras, y de Santiago de Murcia las segundas; estas últimas tenían la particularidad de ser gallegas y de hecho ya aparecen impregnadas de la dulce melancolía del modo menor que caracteriza mucha música de nuestra tierra. De la folía deriva la foliada, suerte de pot-pourri, que ha permanecido en el acervo poplar musical gallego. El público disfrutó con el concierto y valoró las explicaciones que dieron los artistas sobre ciertas peculiaridades del repertorio y de los instrumentos. Sin embargo, sería deseable que los intérpretes realizasen pausas más espaciadas y precisas entre las distintas obras ya que éstas no son conocidas y el oyente acaba desorientándose sin saber a qué pieza corresponde lo que está escuchando.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
 

esquelasfunerarias.es
Enlaces recomendados: Premios Cine