Candidatura a Ciudad Creativa de la Unesco

La ciudad reivindica su poder musical

La Unesco elegirá el próximo 11 de diciembre las nuevas ciudades de la música, título al que opta A Coruña por primera vez. Los promotores, que descartan ganar en este 2015, trabajan para intentarlo en próximos años

06.12.2015 | 21:22
La Sinfónica, en un concierto estival en María Pita.

Se han puesto los cimientos, pero queda camino. A Coruña quiere entrar a formar parte de la red de Ciudades Creativas Mundiales, en la categoría de música. Es el primer año que aspira a este título que otorga la Unesco. Sus promotores descartan conseguirlo en el estreno. Ha faltado apoyo político, aseguran, en un contexto de traspaso de gobierno poco propicio. Una situación que será corregida, según confían desde la candidatura, que ha sido felicitada por técnicos de Naciones Unidas por la base sólida en la que se asienta: una tradición musical nacida en el siglo XVIII única en España, formaciones decanas, una orquesta sinfónica de reconocido prestigio y una vida educativa y musical en la que participan miles de personas

A Coruña quiere darse a conocer en el mundo como ciudad creativa de la música, un título que otorga la Unesco y que se falla el próximo 11 de diciembre. La candidatura coruñesa, casi sin esperanza de que este primer año de participación haya fumata blanca, confía en que hayan sentado las bases para que, al igual que le ocurrió a la Torre, los técnicos de la organización internacional acaben considerando la vida musical coruñesa como merecedora de tal nombramiento. Con este objetivo por delante y con la seguridad de recabar al fin el apoyo político necesario, se volverán a presentar en la próxima convocatoria.

"Me llevaría una sorpresa si fuese otra cosa", afirma Andrés Precedo Ledo, promotor de la candidatura desde la Asociación Metropolitana Coruña 3.0, "claro que sería importante que la Unesco nos reconociera, pero la música se ha convertido ya en un proyecto de ciudad y están luchando por ello muchísimas personas, que antes trabajaban cada una por su lado sin un cemento que uniese su actividad; si solo sirviese para eso, ya sería bastante".

La Unesco reparte, desde 2004, los títulos de Ciudades Creativas del Mundo, en siete ámbitos diferentes: diseño, cine, arte digital, literatura, gastronomía, literatura, música y artesanía y arte popular. El objetivo es estimular la cooperación internacional entre urbes que invierten en la creatividad como "motor del desarrollo urbano sostenible, de inclusión social y de influencia cultura". Un intercambio en el que, dentro de la categoría musical, quieren participar los promotores de la iniciativa. En España solo ostenta este título Sevilla, que tiene un reconocimiento ligado a su folclore desde 2006. También lo tienen, entre otras ciudades, Bolonia, Glasgow, Gante, Bogotá y Brazzaville.

A pesar de que la candidatura no ha tenido el mejor contexto a nivel local, por la transición en el Gobierno municipal, los técnicos de la Unesco han aplaudido la propuesta, que, si bien requiere de una mayor intervención institucional y política -según han comentado los miembros del comité evaluador a los promotores-, tiene los ingredientes necesarios para que finalmente pueda ser considerada ciudad de la música.

Los especialistas creen que la Unesco se fijará este año en ciudades de otros continentes más allá del europeo, al apostar por que este programa internacional ayude a cultivar su propia economía creativa. La Unesco cree que las ciudades son espacios creativos que tienen el rol de "semilleros" y que la cooperación con otras urbes puede lograr "un inmenso y positivo impacto global".

Hasta los últimos días de plazo, se habían presentado con A Coruña solo dos ciudades, Liverpool y Adelaida, recuerda Precedo Ledo. "Con Adelaida nos preocupábamos menos pero Liverpool...", dice, "pero a última hora aparecieron trece ciudades más, con grandes apoyos de gobiernos municipales y de sus países, con estructuras sólidas para poner en marcha la cooperación y que la mayoría son del este de Europa, de Asia y de América del Sur". Precedo asume que, teniendo la Unesco el fin que tiene y teniendo en cuenta que hasta ahora todas las ciudades creativas de la red musical son europeas a excepción de una, "parece razonable que se vayan a otros continentes". "Nosotros tenemos que seguir adelante y seguir sacando proyectos, concluye.

Con tal fin, se han constituido mesas de trabajo en torno a la música clásica, la música popular y el folclore, el periodismo musical, la educación y la formación musical, los músicos profesionales y los gestores y programadores. A la cabeza, además de Precedo Ledo, profesor honorario de la UDC, están el gerente del Consorcio para la Promoción de la Música, Andrés Lacasa; y el profesor de la UDC, Valentín Martínez Alejandro; además de Fernando Ulla, Rogelio Groba, José Luis Naya y Miguel López.

Los promotores de la iniciativa parten de que la OSG encabeza un proyecto musical de gran proyección internacional. La asociación quiere "recuperar la memoria musical de la ciudad, que todo el mundo conozca lo que la música le ha dado a A Coruña y defender el patrimonio musical acumulado".

¿Qué supondría unirse a la red de ciudades creativas? Contar con la marca de la Unesco en los eventos culturales y por tanto, aportar un añadido de gran valor a la marca ciudad. También internacionalizar la oferta, ya que pasaría a formar parte de una plataforma internacional. Finalmente, atraer inversión en proyectos relacionados con las industrias creativo-culturales.

¿Por qué la música?

Entre los siete ámbitos de la red de Ciudades Creativas que ofrece la Unesco, la música se impuso para diseñar la candidatura al ser "lo más excepcional de la ciudad en relación a su tamaño": por su larga tradición musical desde el siglo XVIII, adelantándose a casi todas las ciudades de la península, por la imponente presencia de la Orquesta Sinfónica de Galicia, y por los más de 250 grupos y 3.500 alumnos de conservatorios que cultivan la música en A Coruña.

Las raíces son innegables. Decía el historiador Enrique de Vedía que con la ópera llegó la civilización a A Coruña. Y es que, en realidad, el crecimiento de la ciudad, su primera explosión económica en el siglo XVIII con la actividad portuaria, llegó acompañada de partituras, representaciones líricas y el nacimiento de una pasión colectiva que hoy pivota en torno a la Sinfónica de Galicia pero que conserva formaciones y cita decanas repletas de vida.

El crítico musical Julio Andrade Malde describe en La Banda Municipal de La Coruña y La vida musical de la ciudad cómo los aficionados coruñeses han escuchado ópera en un teatro estable desde el siglo XVIII. Fueron los primeros españoles en conocer las sinfonías de Beethoven, aún en vida del autor, y asistieron al estreno de Don Giovanni de Mozart, en 1789, veinte años antes que en Londres.

Hace tres siglos, A Coruña superaba por primera vez los 10.000 habitantes, un amplio mercado que hizo que la vida musical se convirtiese en una de las señas de identidad de esta esquina del mundo. Nicolas Setaro, un empresario italiano, pidió permiso para producir teatro y ópera en 1767. Fue el primer y efímero escenario de la ciudad, que vio nacer su teatro Nuevo o Principal en 1841 (hoy teatro Rosalía de Castro). Es el Trienio Liberal el que da a la cultura musical de la ciudad su primera época dorada, ligada al apellido Adalid, una familia que creó la primera Sociedad Filarmónica, pionera en la península después de la de Lisboa, y que además fue construyendo una de las mejores colecciones de música impresa de la época. Un millar de ellas se conservan en la Real Academia Galega.

Y es que otro momento clave de esta historia coruñesa en pentagramas es la fundación de la primera y más importante tienda de música de Galicia, la del alcalde Canuto Berea, en 1854. En A Coruña la burguesía compartía la moda de coleccionar partituras cuando en otros lugares se estilaba el coleccionismo pictórico.

La importante colección Adalid fue iniciada por Francisco del Adalid y Ramírez Arellano, abuelo del pionero de la canción culta gallega de raíz popular, y fundador aquella sociedad inspirada en el modelo de la londinense Philharmonic Society (la actual, que recogió el relevo, supera los cien años de vida). La entidad se disolvió con la represión absolutista, procedentes sus miembros de una burguesía masona que también usaba la música como vínculo asociativo. Se estrenaban en la época las grandes creaciones del momento e incluso antes que en las ciudades importantes. Los primeros españoles que escucharon a Beethoven no fueron los madrileños, fueron los coruñeses medio siglo antes.

La ciudad también es cuna de una larga tradición de corales y de música de bandas. La coral El Eco, todavía en funcionamiento, es la formación en activo más antigua de España, con 107 años. La Banda Municipal va camino de la siete décadas de vida, desde que el 26 de julio de 1948 debutase, con entradas a dos pesetas en el gallinero y ocho pesetas para las clases más pudientes, según describe Andrade Malde en el libro dedicado a la formación, nacida bajo amparo del Ayuntamiento.

El estreno de la banda fue además un estreno popular, porque un día después del concierto bajo techo, tocaban para todos los vecinos en la plaza de María Pita, a las once de la noche. Así lo hace también todos los meses de agosto la Sinfónica de Galicia, cuyo nacimiento culminó los deseos de una ciudad que había escuchado ópera de forma ininterrumpida desde el siglo XVIII. Una ciudad que mantiene una importante cita anual con el género, promovida por la Asociación de Amigos de la Ópera, nacida en 1952, lo que la convierte también en la más veterana de España.

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