Universidade da Coruña

Blanca Laffon: "Los científicos no investigamos por motivos económicos, sino porque nos apasiona"

"La fuga de cerebros es una realidad. Hay gente muy buena que, cuando adquiere conocimientos y puede aplicarlos, se tiene que ir por la precariedad laboral que hay"

08.01.2016 | 21:35
Blanca Laffon, Vanessa Valdiglesias y Eduardo Pásaro, científicos premiados por la Academia.

Blanca Laffon forma junto a Eduardo Pásaro, Vanessa Valdiglesias y Gözde Kiliç el equipo de investigación al que la Real Academia Galega de Ciencias ha premiado este curso. Comenzaron esta línea en 2011 y han estado los últimos dos años investigando si existen efectos nocivos en la aplicación de nanopartículas de óxido de hierro en pruebas médicas, como resonancias magnéticas o la liberación controlada de fármacos en el organismo. Sus conclusiones son positivas. Forman parte del Grupo de Investigación en Diagnóstico Conductual y Molecular Aplicado a la Salud de la Universidade da Coruña

La investigadora Blanca Laffon forma parte del grupo de la Universidade da Coruña premiado por la Real Academia Galega de Ciencias este año por un trabajo centrado en la toxicidad de nanopartículas de óxido de hierro. Tiene varias aplicaciones, entre ellas, la de la liberación dirigida de fármacos y la de facilitar el diagnóstico de enfermedades neurodegenerativas al mejorar la calidad de la imagen -por el contraste- de las resonancias magnéticas. Sus estudios dicen que no hay efectos nocivos en su utilización para estos fines.

-La Real Academia Galega de Ciencias ha premiado una investigación de su equipo sobre toxicidad de nanomateriales, ¿en qué se basa este estudio?

-Es un estudio in vitro, en este caso utilizamos neuronas humanas, testamos la toxicidad de las nanopartículas de óxido de hierro y lo hacemos mirando dos cosas diferentes: la toxicidad para las propias células y para el material genético.

-¿Y esta investigación qué aplicaciones tiene?

-Estas nanopartículas se utilizan para la destrucción específica de tumores por hipertermia; para la liberación dirigida de medicamentos con lo que se consigue que actúen solo allí donde se dirige el tratamiento sin afectar a los demás tejidos; y para incrementar el contraste de las imágenes de resonancia magnética, que se usa para el diagnóstico de algunas enfermedades.

-Tiene utilidad, sobre todo, para el cáncer, entiendo.

-En el caso de la destrucción dirigida de tumores sí, pero también para el diagnóstico de las enfermedades neurodegenerativas, como el Parkinson o el Alzheimer.

-¿Cómo se involucraron en este estudio?

-Empezamos en 2011, cuando nos implicamos en un proyecto europeo en el que participaban también otros países.

-¿Con personal también de otros lugares?

-Estamos tres investigadores de aquí -Eduardo Pásaro, Vanessa Valdiglesias y Blanca Laffon- y Gözde Kiliç, que es una investigadora turca, que vino aquí exclusivamente a hacer su tesis doctoral con nosotros y que al terminarla se ha ido porque ha encontrado un trabajo en Suecia. Es una investigadora que, a pesar de venir de otro país, se formó en España, con recursos españoles, y que ahora está aplicando sus conocimientos fuera de aquí.

-Su sector suele quejarse de la precariedad en los trabajos y de los problemas que tienen para conseguir desarrollar sus investigaciones con dignidad.

-Sí, es que no es solo que falten recursos económicos, que también, sino que es un momento precario para la gente. El caso de esta investigadora es uno solo, pero hay más. Se vino a España a producir y se ha tenido que ir porque no había oportunidades para ella. Y otra de las investigadoras del grupo premiado, Vanessa Valdiglesias, que además el pasado año fue distinguida por la Sociedad Europea de Genómica y Mutagénesis Ambiental con el premio al mejor investigador joven europeo, está en una situación muy inestable a pesar de su brillante currículum, e igual tiene que acabar también por irse fuera. La fuga de cerebros, como le llaman algunos, es una realidad. Hay gente muy buena que cuando adquiere conocimientos y puede aplicarlos se tiene que marchar por la precariedad laboral que hay en el sector de la investigación.

-Este premio, que tiene una dotación económica de 6.000 euros, ¿les servirá para poder continuar con su labor científica?

-Es un estímulo muy importante, no solo para seguir con este proyecto sino también para que se abran otras líneas de investigación. Los científicos no estamos en este mundo por motivos económicos -aunque nos ganemos la vida así- sino porque nos apasiona lo que hacemos. Y recibir un premio de esta entidad supone también mantener la ilusión, recordarnos por qué seguimos investigando y tirar del carro hacia adelante, aunque las condiciones sean adversas.

-Y es un proyecto con firma femenina, ya que tres de los cuatro investigadores son mujeres, ¿es común esto en la ciencia?

-No sabría decirlo en general, pero sí que es cierto que, en mi laboratorio, desde hace unos años, somos mayoría de mujeres. No sé si pasa lo mismo en otros centros.

-La nanotecnología y esta investigación por la que recibieron el premio, ¿se está utilizando ya o su aplicación tardará todavía unos años?

-No, ya se está utilizando, hay varias empresas con permiso para ello. Gran parte de las aplicaciones que hay comercializadas hoy en día para las nanopartículas que analizamos se utilizan para aumentar el contraste en el diagnóstico por imagen, pero tenemos que estar seguros de que no tienen otras connotaciones nocivas y, si las tienen, poder actuar. En este caso, comprobamos que no hay toxicidad en su aplicación.

-Hay otro protagonista en esta investigación que es la sílice, que se usa también para limpiar las casas de piedra.

-Tiene muchas aplicaciones, porque la sílice no deja de ser dióxido de silicio. En este caso, se usa para evitar que las nanopartículas se agreguen, que se atraigan y se unan para formar agregados, ya que perderían su condición de nano y también para aumentar la biocompatibilidad de las nanopartículas.

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