Crítica

En torno a 'El amor brujo'

22.01.2016 | 01:18

Vaya por delante mi profunda admiración por Víctor Ullate que ha recreado la obra maestra de Falla con enorme talento y una sensibilidad artística poco común. El extraordinario espectáculo que ha puesto sobre las tablas colma tres de los cinco sentidos del espectador: la vista, con una coreografía de gran belleza, un precioso vestuario y unas proyecciones audiovisuales que enriquecen la contemplación de la obra; el oído, con la genial música de Falla, realzada por una versión orquestal excelente; y hasta el olfato, con la quema de incienso en un brasero. Hasta podríamos hablar de un cuarto sentido, el del gusto, si se nos permite el sentido traslaticio al referirnos a un refinado gusto artístico. Antes de entrar en otras consideraciones, vaya también por delante que Ullate se ha inspirado en la obra de Falla y Martínez Sierra, aunque se trata sobre todo de la primera versión, la de 1915. En este punto, quisiera recordar un hecho histórico para la ciudad. Dentro de un ciclo dedicado a Manuel de Falla, el 23 de abril de 1996 (cincuenta aniversario de su fallecimiento), tuvo lugar, en la sede de la Fundación Barrié de la Maza, de A Coruña, un concierto cuya segunda parte se completó con la versión primitiva de El amor brujo. En ella aparecen elementos decorativos que recoge Ullate: el mar, cuyo incesante movimiento, aunque lejano, se sugiere visualmente y se escucha; la luna, omnipresente en el cielo; la quema de incienso en el brasero; el fuego fatuo; las ominosas aves negras? En este último caso, las proyecciones son impresionantes y recuerdan tanto al gran Hitchcock de Los pájaros, como a las terribles criaturas aladas que portaban a los Nazgûl, en la trilogía de Tolkien El señor de los anillos. En mi opinión, lo menos acertado han sido las interpolaciones musicales: unas, ajenas, reiterativas y extensas, como las del grupo sueco; y otras, aunque del propio Falla, fuera de contexto; muy en especial, la Asturiana, de las Siete canciones populares españolas; la Nana y el Polo, de la misma obra resultan más adecuadas. Bailarines extraordinarios, individual y colectivamente, con la admirable pareja protagonista -Marlen Fuerte y Josué Ullate- en primerísimo nivel. El público retribuyó a todos los artistas -incluidos Víctor Ullate y Eduardo Lao, director y subdirector de la compañía- con un entusiasmo desbordado. Carmen Linares, mejor como recitadora que como cantaora; no se trata tanto de su estilo o de su voz quebrada como de las insólitas "variaciones" que introduce en la música de Falla.

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