La ciudad que viví

Cincuenta años en la tuna coruñesa

En mis años de estudiante de Magisterio ingresé en la tuna del SEU junto a mi novio y el famoso 'Napoleón', con quien hoy en día continúo participando en las actividades de la Cuarentuna

24.01.2016 | 03:13

Nací en la calle de la Estrella, donde viví con mis padres, Clemente y María, hasta que me casé. Mi padre, que era de Ávila, vino a trabajar en la ciudad como encargado de Cafés El Trópico, donde conoció a mi madre, que era hermana de la propietaria de la pensión que había en la calle de la Estrella.

Mi primer colegio fue el de Cristo Rey, en el que estuve hasta empezar el bachiller, que terminé en el instituto Femenino. Mis amigas de la infancia fueron de mi calle, como Lucía, María y Lolita, así como las del instituto, como Mari Carmen, Estrella, Lolita e Isabel. La plaza de Santa Catalina fue un lugar de referencia para nuestros juegos en una época en la que tener unos simples patines era un lujo.

En la edad del pavo empezamos a ir a bailes como los del hotel Finisterre y el Circo de Artesanos, aunque teníamos que estar en casa a las ocho de la tarde porque si no nos castigaban sin salir la siguiente semana. En verano nos dejaban ir en pandilla a las playas de Riazor y Santa Cristina, a la que íbamos en el viejo tranvía Siboney o en la lancha que salía de la Dársena.

Quise estudiar Farmacia y además piano, pero mi padre no quiso dejarme salir de la ciudad, ya que tenía que ir a Santiago o Madrid, lo que estaba mal visto para una jovencita en aquellos años, por lo que decidí estudiar Magisterio en el centro mixto que había en la Ciudad Escolar, en el que las chicas estábamos en el primer piso y los chicos en el bajo para tenernos separados, y aun así nos controlaban bastante.

Guardo unos recuerdos felices de mis años de juventud y de estudios, ya que todos los estudiantes de Magisterio hacíamos todo tipo de trastadas. Como era muy presumida y me gustaba ir siempre bien arregladita, los compañeros cogieron un día una cabra de las muchas que había pastando entonces en los alrededores de la escuela y la metieron dentro para echármela encima, por lo que salí corriendo del susto que me llevé.

Otro día todas las compañeras decidimos gastar una broma a un profesor que era militar, para lo que le pusimos un uniforme de soldado a un esqueleto que había en clase, pero cuando lo vio se enfadó tanto que nos costó el suspenso de todo un trimestre a toda la clase. En Magisterio conocía además al que fue mi novio y después mi marido, José Luis Villar, ya fallecido, que también estudió allí y que como yo trabajó como maestro.

Al acabar la carrera aprobé las oposiciones y comencé a trabajar en la localidad de Gándara, en el municipio de Zas, donde estuve un año. Después me trasladaron a Quiroga, en Lugo, y más tarde marché a Segovia, donde estaba mi marido, a quien en aquellos años vi de Pascuas a viernes hasta que conseguimos reunirnos. Con el tiempo él logró que le destinaran a esta ciudad para trabajar en la Inspección Educativa, mientras que a mí me enviaron al colegio Raquel Camacho, en el Agra do Orzán, y posteriormente al Eusebio da Guarda, en el que me jubilé.

Al volver a la ciudad nos instalamos en casa de mis padres en la calle de la Estrella. Siempre les agradeceré que mientras estuvimos destinados fuera ellos cuidaron de nuestros hijos, Beatriz y José Luis, quien ahora nos dio una nieta llamada Xiana y que es mi ojito derecho.

En los años de estudiantes hacíamos guateques y bailes con los que reuníamos dinero para hacer la excursión de fin de curso, para lo que los organizábamos en los local del Sindicato Español Universitario en Juana de Vega. Allí fue donde conocí al famoso Juan Santos Gayoso, conocido como Napoleón, que era uno de los más ligones y que junto conmigo y mi novio fundó la tuna del sindicato, con la que llegamos a actuar en Portugal, lo que era un hecho excepcional en los años cincuenta.

Recuerdo que años más tarde fuimos a actuar a Marbella junto a la conocida cantante Estrellita Castro y todas las novias y mujeres de los tunos tuvimos que vigilar a nuestras parejas para que no recorrieran la ciudad para ver a las muchas turistas que lucían los primeros biquinis que llegaron a España.

Ahora, ya jubilada, acudo a las actividades del centro de mayores de Afundación y participo en las actuaciones de la Cuarentuna coruñesa que dirige Napoleón, de la que recibiré este año la banda de madrina de la formación.

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