Los cabecillas del secuestro del maderero aseguran que se les ocurrió "sobre la marcha"

"Queríamos meterlo en el coche, darle unas hostias y que nos diese el dinero que le robó a mi padre, pero la cosa se complicó porque apareció el que no era", declaró un acusado

11.02.2016 | 14:39
Los cabecillas del secuestro del maderero aseguran que se les ocurrió "sobre la marcha"

La víctima fue a la cita con los supuestos clientes en lugar de su hermano, que era el objetivo

Los dos hermanos acusados de planear el secuestro de Abel Diéguez, el maderero de Cambre de 41 años que permaneció cinco días retenido en enero de 2014, se enzarzaron ayer durante el juicio. Tan solo coincidieron en que se equivocaron de víctima, ya que el objetivo era el hermano del empresario, y en que el rapto fue improvisado. "Fue todo en caliente, en vapor, en ningún momento se pensó en secuestrar, fue todo sobre la marcha. No sabíamos qué hacer con él", testificó uno de los presuntos cabecillas, Jesús Mejuto.

Los dos hermanos sostuvieron que su intención era atraer al maderero hacia un monte de Aranga, tal y como hicieron, y propinarle una paliza para conseguir que les devolviese el dinero de unos eucaliptos que aseguran que le debía a su padre, de 81 años. "Queríamos meterlo en el coche, darle unas hostias y que nos diese el dinero que le robó a mi padre. Luego se complicó porque apareció la persona que no era. Fue un tejemaneje. Gracias a Dios el señor Abel está vivo", declaró J. Mejuto, quien aseveró que todo había sido "un error" porque, en principio, querían "darle un susto". Además, acusó a su hermano de planear el cautiverio. "Fue una estupidez", sentenció.

Los dos procesados calificaron de "tontería y pacharrachada" el secuestro, pero variaron sus versiones sobre el papel que desempeñó cada uno de los ocho imputados, quienes se enfrentan a penas de entre 10 y 13 años de cárcel. Los sospechosos reclamaron a la familia del empresario, que fue liberado de un galpón de unos dos metros cuadrados por agentes de la Guardia Civil, 70.000 euros. Durante los días que estuvo retenido, se veía obligado "a orinar en una esquina en la que se había depositado serrín y a hacer sus heces en un cubo con agua", según informó la fiscal. Los dos hermanos -que fueron los únicos que testificaron ayer-, estuvieron acompañados en el banquillo de los acusados de la Audiencia Provincial por el hijo de uno de ellos y la mujer y los suegros del otro, así como por dos amigos de la familia.

J. Mejuto relató que su hermano vigiló los movimientos de J. Diéguez y que llamó a la sociedad maderera para concertar una cita con él bajo el pretexto de que quería venderle unos eucaliptos. "Cuando llamó para quedar en Montesalgueiro yo estaba un poco tomado porque estábamos matando cerdos y había bebido. También había tomado trankimazin", señaló, al tiempo que reconoció que, a pesar de que se personó el hermano del hombre con el que querían "ajustar cuentas", lo introdujo junto a su hermano en el maletero del coche. Además, acusó a uno de los otros imputados, Jesús Miguélez, de agredir al maderero con una pistola en la cabeza y de atarlo con bridas "como si fuese un becerro".

"Allí estábamos mi hermano, Miguélez, que era el que tenía la única arma de verdad, y yo. La de mi hermano era de fogueo. Ramón Mosquera -también imputado- es un pobre diablo. Tiene cáncer y es alcohólico. Estaba allí, pero no se bajó del coche. Mi hijo -también imputado- estaba a dos kilómetros", afirmó J. Mejuto ante el tribunal de la Audiencia Provincial. Las acusaciones sostienen que tras atarle a la víctima con bridas las manos y los pies, le taparon la boca con cinta aislante y le cubrieron los ojos con un gorro de lana para trasladarlo hasta una casa en ruinas situada en Palas de Rei (Lugo).

Los imputados decidieron cambiar la ubicación del secuestrado al cobertizo de una vivienda del lugar de Xar, en Lalín, propiedad de los suegros del hermano de J. Mejuto. El matrimonio de sexagenarios, al igual que su hija (Isabel), están acusados de participar en el rapto. "Todo el mundo estaba de acuerdo porque todo el mundo quería cobrar. El que diga que no estaba de acuerdo, miente", subrayó J. Mejuto refiriéndose al resto de los imputados, a excepción de su hijo. Así, sostuvo que él y su hermano eran "socios" y que acordaron repartirse a medias los 70.000 euros que pedían por la liberación del maderero, pero que su cuñada, a la que se refirió como "la lista de todo esto" pedía "su parte". Además, manifestó que los suegros de su hermano cobraron 1.000 euros al día por retener al "rehén".

El juicio por el secuestro se reanudará hoy por la mañana en la sección primera de la Audiencia Provincial con el interrogatorio del resto de acusados. El tribunal prevé que la vista termine el viernes.

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